Monterrey

Jorge Manjarrez: Disminución de pobreza y bienestar social

En el mundo se estima que actualmente 1,100 millones de personas, 18% de la población mundial, viven en situación de pobreza multidimensional en 110 países.

Los resultados de la disminución en la pobreza en México, de acuerdo con los datos dados a conocer por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), motivan la reflexión.

Para todos es una buena noticia que 8.9 millones de mexicanos salieran de situación de pobreza y que 1.7 millones dejaran de encontrarse en pobreza extrema, entre 2020 y 2022. Con ello, el número de pobres en nuestro País asciende a 46.8 millones y en situación de pobreza extrema a 9.1 millones, esto representa el 37 % y 7.5% de la población respectivamente.

Existe una clara diferenciación regional; los estados con mayor proporción de pobreza se encuentran en el sur y centro del País: Chiapas (67.4%), Guerrero (60.4%), Oaxaca (58.4%), Puebla (54%) y Tlaxcala (52.5%).

En el mundo se estima que actualmente 1,100 millones de personas, 18% de la población mundial, viven en situación de pobreza multidimensional en 110 países, y también hay ejemplos de disminución.

De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), China, India, Honduras, Bolivia, Camboya, República Dominicana y Nicaragua, se encuentran entre los 25 países con mayor reducción de pobreza. China e India se han enfocado a la generación de empleos, desarrollo sostenible, capacitación y programas sociales. Será interesante conocer a fondo las estrategias implementadas en los casos de éxito.

En nuestro País, se estima que la disminución en la pobreza fue producto de un incremento de 11.0% en el ingreso familiar, tal como se reveló en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). Este incremento se debió basicamente al sustancial aumento real en el salario mínimo, el apoyo económico de programas sociales y las remesas. Estas últimas, según algunos especialistas, podrían estar sub declaradas en la encuesta lo que implicaría que el ingreso familiar es mayor al señalado.

En contrapartida, el CONEVAL también dio a conocer que la población vulnerable por carencias sociales se incrementó 26.0% al pasar de 30 millones a 37.9. Entre éstas destacan carencias por acceso a la seguridad social que afecta a 64.7 millones de mexicanos; las carencias por acceso a los servicios de salud que impacta a 50.4 millones y; el rezago educativo que afecta a 25.1 millones.

Esto significa que el 50% de la población no tiene medios para enfrentar la vejez, desempleo, maternidad o accidentes de trabajo, al ser la seguridad social la mayor carencia que se sufre en México.

La otra carencia importante, la falta de servicios de salud, implica que 50 millones de mexicanos no tienen acceso a ellos debido a la abrupta desaparición del Seguro Popular. Esto se refleja en un aumento de la mortalidad materna, la caída en la cobertura de vacunación infantil y el difícil acceso a los servicios de especialidad. Por ello la ENIGH presenta datos de que las personas con menos recursos están gastando entre el 30% y el 50% de sus ingresos en atender cuestiones médicas. Buena parte del incremento en el salario real se dirige a ello.

Preocupante también lo es la carencia relacionada con el rezago educativo que impacta al 20.0% de la población; 25.1 millones de mexicanos no integrados al sistema educativo y que, por lo tanto, sus posibilidades de desarrollo económico y social son limitadas.

Tenemos menos pobres pero más personas con carencias sociales. ¿Progresamos?, o se aplica la paradoja: “estabamos mejor cuando estabamos peor”. Pareciera que se disminuyó la pobreza mediante transferencias monetarias a costa de afectar los servicios de salud, la educación y la seguridad social; aumentó el ingreso familiar pero disminuyó el bienestar general.

Lo importante de disminuir la pobreza es mejorar el nivel de vida, la dignidad, la autoestima y la capacidad para ser autosuficiente con igualdad de oportunidades.

En este sentido, la ONU señala: “La pobreza va más allá de la falta de ingresos y recursos para garantizar un medio de vida sostenible. Es un problema de derechos humanos”. Entre estos derechos, de acuerdo con la CNDH, se encuentran el derecho a: la igualdad, la salud, la educación, la seguridad social, el trabajo, entre otros.

El aumento de las tres carencias, seguridad social, salud y educación, afecta directamente la productividad y el bienestar de las personas lo que a su vez merma su capacidad para mejorar su condición económica y social e incrementar su autoestima.

En otras palabras, se encuentran atrapados en una situación que genera una vulnerabilidad crónica y la imposibilidad para salir adelante; los condena a ser eternos dependientes de los programas sociales. No se están generando oportunidades equitativas para los pobres para salir de una vez y por todas de la pobreza e integrarse plenamente a la sociedad como personas productivas y ejercer su derecho al trabajo, la igualdad y a su integridad personal.

Además, la permanencia de estos programas sociales está en riesgo constante. Por un lado, el aspecto político que provoca que cada sexenio se reinventen las políticas públicas contra la pobreza.

Por el otro, la carga fiscal que representan es insostenible en el mediano plazo. En 2023 el incremento real para los programas sociales fue alrededor de 19.0%, ascendiendo a más de 865 mil millones de pesos. Si a esto le agregamos la carga fiscal de PEMEX y la CFE, ¿Cuánto tiempo podría aguantar esa dinámica?

En el ámbito académico y en el político, hay una amplia discusión sobre la eficacia y eficiencia de los programas sociales para asegurar que quienes salgan de situación de pobreza tengan la capacidad para continuar por sí mismos en una situación de vida digna.

En México tenemos mucha tarea por delante. Primero, despolitizar, sobre todo, despartidizar, los programas sociales y terminar con la explotación electoral de la pobreza.

Además, es necesario regionalizar y focalizar los apoyos sociales de acuerdo con la vulnerabilidad; ampliar la cobertura y calidad de los servicios de salud y de educación e impartir programas formativos para incrementar la productividad, el aprendizaje de oficios y la reconversión técnica y profesional; apoyar con créditos, capacitación y orientación a micro negocios; e involucrar activamente a la sociedad civil, las empresas, las universidades y los gobiernos locales.

Algunas de estas medidas se utilizan en otros países y ya se han implementado en México; habría que aprender de los errores y de las buenas prácticas.

Así como dicen que la economía es tan importante como para dejarla solo a los economistas, la elaboración de políticas públicas contra la pobreza es tan importante que no se puede dejar a los políticos.

El autor es economista, demógrafo y politólogo. Profesor de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

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