El pasado mes de junio asistí a uno de los desayunos organizados por ERIAC Capital Humano (asociación que integra a los principales ejecutivos de Capital Humano). El tema sobre el que trató el evento fue la diversidad e inclusión. Cada expositor representaba o apoyaba a distintos colectivos que suelen sufrir discriminación, como son las personas con discapacidad, el colectivo LGBTI+, las mujeres o las personas de la tercera edad. Al finalizar el evento, un concepto venía a mi mente, dignidad humana.
En los últimos años, oigo cada vez más hablar de la centralidad de las personas en las organizaciones y de la importancia del humanismo en ellas. Escribía hace dos años en un capítulo de libro[1], publicado junto a una colega de otra institución, cómo un eje central de una empresa humana es el respeto a la dignidad de todas las personas. Es en ese texto publicado en el que me estoy apoyando para compartirles esta reflexión acerca de la dignidad humana en las empresas, una dignidad entendida como una característica inherente a todo ser humano por la cual es objeto de respeto y derechos, que le permitan realizarse como persona. Y una dignidad que se construye desde los valores y comportamientos de las personas que conformamos cualquier organización.
El desarrollar un trabajo se relaciona con la dignidad de dos maneras. Por un lado, tiene que ver con la cultura que se construye para que todas las personas reciban un trato digno dentro de la organización, una cultura que se apoya en valores como la justicia, la confianza, el reconocimiento del valor de cada persona, la ética y la integridad. Valores que se deben plasmar en las decisiones y políticas organizacionales.
Por otro lado, el trabajo se relaciona con la dignidad de las personas en cuanto les permite satisfacer sus necesidades de modo que puedan vivir dignamente. Y qué entiendo por una vida digna: una vida lo menos condicionada posible por sus entornos y que les otorgue a las personas la capacidad de ser autónomas, ya que, a mayor autonomía, mayor independencia de aquellos elementos que puedan atentar a la dignidad.
Nadie discute la necesidad de las empresas para el desarrollo de las personas y de la sociedad. A través de ellas generamos bienestar y desarrollo, un bienestar social y un desarrollo también individual de realización de la persona. Lo que tenemos que abordar es qué cultura estamos creando en nuestras organizaciones y revisar si la cultura que tenemos impulsa la dignidad de todas las personas que forman parte de nuestra empresa. Y desde una perspectiva humanista de la gestión empresarial, es parte de la responsabilidad de la empresa cuidar la dignidad y bienestar de las personas que ahí trabajan, como una manera de fomentar el cuidado de las instituciones sociales y de la sociedad misma.
Hace mucho escuchaba una charla en la que el expositor afirmaba que la finalidad de una Organización No Gubernamental o una Organización de la Sociedad Civil debería ser desaparecer, porque el día que desapareciera querría decir que la causa por la que estaba luchando ya se habría conseguido y la lucha no sería necesaria.
Creo que los departamentos y equipos relacionados con la lucha a favor de la diversidad e inclusión también desaparecerán el día en que todos interioricemos, desde nuestras posiciones, el valor real de las personas y el aprecio por la dignidad humana, entendida como esa condición inherente que nos hace dignos de respeto a todo ser humano.
El autor es catedrático de la Escuela de Negocios de la UDEM, es Doctor en Ciencias Humanas por la Universidad de Deusto en San Sebastián, España y cuenta con certificaciones como coach ejecutivo y de valores.