Monterrey

Luz Araceli González: La era de la posverdad y los riesgos para las sociedades actuales

Hoy cada vez menos se escucha la palabra propaganda, pero en los cimientos de la posverdad ésta se encuentra presente de una manera ampliamente sofisticada.

Durante varias décadas, incluso podríamos decir los últimos dos siglos, la meta del conocimiento era lograr la objetividad y aunque podemos reconocer que ésta ha sido más un mito, no ha dejado de ser una pretensión en distintos ámbitos del quehacer humano.

La prensa en todas sus formas enarbolaba como características de su veracidad el mostrar los acontecimientos de la manera “más objetiva posible”. Hoy esa anhelada objetividad cada vez está más distante. Vivimos en una era en la que la posverdad domina todos los ámbitos. En ella se privilegia la mentira y las emociones por encima de los datos medianamente corroborados.

En la era de la posverdad se distorsiona de manera deliberada la realidad a partir de construcciones discursiva profundamente ideologizadas que manipulan las creencias, las emociones y los sentimientos con fines claramente establecidos por una ideología, grupo político, o cualquier otra forma de asociación.

En el mundo de la posverdad se recurre a las noticias falsas (fake news), a la manipulación desproporcionada de datos, a las falacias de autoridad y al uso de algunos símbolos para conectar a los individuos a través de un convencimiento manipulado. La posverdad genera un discurso cuyas afirmaciones y argumentos por más falaces que sean se convierten en “verdaderos” para amplios sectores de la población.

Hoy cada vez menos se escucha la palabra propaganda, pero en los cimientos de la posverdad ésta se encuentra presente de una manera ampliamente sofisticada. Recordemos cómo a principios del siglo XX periodistas como Walther Lippmann y otros políticos y publicistas orquestaron algunas de las primeras campañas propagandísticas, en aquel entonces anti alemanas, para convencer a la población norteamericana de ir a la guerra contra ese país.

Hoy parece políticamente incorrecto citar a Joseph Goebbels quien es reconocido como uno de los más grandes artífices de la propaganda nazi que movilizó a millones de personas hacia la causa del partido en el poder en aquel entonces. Justamente se le adjudica a Joseph Goebbels la frase que dice: “una mentira mil veces dicha se convierte en verdad”.

Hoy en la era de la posverdad esta idea es más que vigente y para ello basta ver la forma en que los medios de comunicación occidentales “informan” a sus públicos respecto al devenir de la guerra ruso-ucraniana. Estos medios ocultan información importante de severas crisis humanitarias que ocurren en Yemen y en otros puntos del planeta haciendo parecer que no está pasando nada en tanto que en Ucrania gracias a estas fake news se exacerban por una parte las “acciones heroicas” de los ucranianos y por otra se destacan las “terribles masacres” perpetradas por los rusos. Todos estas son claras expresiones de una posverdad que dista mucho de lo que acontece en la realidad.

Lo ocurrido el fin de semana pasado respecto al tan sonado “intento de golpe de estado contra Putin” perpetrado por el cuerpo de mercenarios Wagner y su líder Prigozhin es otro claro ejemplo de este mundo de la posverdad en la que los medios occidentales insisten sistemáticamente en demeritar la capacidad rusa, la salud mental de su líder Vladimir Putin, sus capacidades en el campo de batalla, y exaltar sus debilidades. El llamado asunto Wagner llegó a su fin en menos de 24 horas no obstante los medios europeos y occidentales lo han maximizado al punto en que en algunas editoriales, incluso en México, se llegó a señalar que estábamos en el inicio del fin de la era de Putin. La posverdad occidental construye un discurso anti ruso en el que los “buenos” deben luchar contra los “malos”. Occidente apoyando a Ucrania no ha podido vencer a Moscú… ¿acaso la posverdad logrará debilitar al Kremlin?

Este fenómeno de la posverdad ocurre en muchos ámbitos de la política internacional así como en la política al interior de un gran número de países y México no es la excepción, al contrario el gobierno actual de la llamada 4T es un excelente representante de esta era ya que los datos ofrecidos por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, incluso instancias nacionales como el Banco de México o la Secretaría de Economía son sistemáticamente descalificados en ese ritual diario llamado “La mañanera”.

El presidente Andrés Manuel López Obrador cada día construye un México de prosperidad, de crecimiento económico, de estabilidad política, de seguridad y de lucha contra el crimen y la delincuencia. Ese es un México de la posverdad, de la realidad paralela que se niega a reconocer los datos de crímenes cometidos cada día, de ataques a los medios de comunicación que no están alineados al discurso oficial, que se resiste a aceptar la crítica, que niega la falta de estado de derecho.

En los más de cuatro años que lleva este sexenio se denuesta la verdad, el dato duro, se gobierna vía la mentira y nos alejamos sistemáticamente de la objetividad.

En esta era de la posverdad apremia que la sociedad civil levante la voz ya que la historia nos muestra cómo la manipulación, la tergiversación de la realidad, al lado de los discursos dogmáticos son la antesala que erosiona la democracia y conduce sistemáticamente a la consolidación de gobiernos autoritarios y totalitarios. Ese es un gran riesgo.

La autora es Doctora en Relaciones Internacionales, especialista en Asuntos Globales y Política Internacional. Profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey.

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