Hace días tuve una enriquecedora plática con el cardiólogo de la familia acerca de lo marcado que me dejó el infarto cerebral que sufrió mi padre hace un par de años, el cual lo llevo a perder la movilidad en la mitad de su cuerpo. Reflexionando, el doctor me dijo que lo que había sufrido era un evento catastrófico, hasta ese momento a pesar de todo lo vivido en etapa de mi vida nunca había sido consciente de ello.
En la cita recapitulamos que siempre se le dio a mí padre el tratamiento cardiológico adecuado, el seguimiento y los estudios necesarios, de igual forma al detectársele una arritmia que al final fue lo que detonó el infarto, se procedió con lo que marcaba el protocolo de suministrar medicamentos con los cuales las probabilidades de ocurrencia del evento se lograban disminuir a 20%, por cierto, bastante razonable. Desafortunadamente mi padre cayó en ese porcentaje.
Dicho evento, más allá de la definición catastrófica médica, significó un cambio súbito de la noche a la mañana para mi padre, al irse a la cama como una persona independiente a un par de horas después depender completamente de alguien más. El efecto de ello en él y en la dinámica familiar tuvo un enorme impacto negativo en todos los sentidos (salud, emocional, mental, etc.), dos años llenos de adversidades, retos, incertidumbre y enorme demanda física y mental a todos los involucrados.
¿A qué viene esto?, que la vida siempre esta llena de incertidumbre y riesgos. Riesgos que se pueden materializar en enormes pérdidas de salud y recursos en una familia. Riesgos que con una probabilidad muy baja de ocurrencia tienen un impacto enorme. Nassim Taleb los describe como “cisnes negros”, eventos sorpresivos con un impacto enorme y pocas veces o nunca su ocurrencia es considerada. Para los amantes de la estadística se les conoce como eventos cola (tail risk).
¿Qué podemos hacer para evitar su ocurrencia? Sí algo aprendí de esta experiencia fue el reconocer que no podemos hacer nada para evitarlos, pero si podemos hacer todo para disminuir la probabilidad de que ocurran, así como disminuir considerablemente los efectos negativos que puedan tener en nuestra vida.
En mi caso reconozco que, dada la elevada carga genética, comparto los mismos riesgos y síntomas cardiológicos que mi padre, la única diferencia, de acuerdo con el doctor, es que estoy empezando a tratarme más de 20 años que mi padre, tanto con medicina, la cual me señala avanza rápidamente, cambios en los hábitos alimenticios, y luchado internamente por comenzar con el ejercicio.
¿Cómo puede un “cisne negro” afectarnos?, una enfermedad grave o un accidente que requiere hospitalización consume una enorme cantidad de recursos que pueden llevar a la ruina a una familia. Un accidente automovilístico, donde hay daños a personas (muertes o heridos) y materiales, de igual forma demandan responder por ellos representando cuantiosos recursos. Un siniestro es nuestro hogar, que, para la gran mayoría es el único patrimonio con que se cuenta, puede desaparecer en instantes por un incendio.
Desafortunadamente, la cultura de prevención y uso de seguros no forma parte en nosotros los mexicanos. Muchas veces lo consideramos un gasto innecesario, cuando se debe de ver como una inversión ante la presencia de eventos desafortunados. Considere siempre un seguro de gastos médicos mayores para usted y su familia, si empieza desde muy joven el costo de la póliza será bastante asequible. De acuerdo con la AMIS (Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros) en el 2021, sólo un 9.8 % de la población tenía seguro de gastos médicos).
De igual forma proteja el principal bien que posee, que es su casa (1.74% del total de hogares cuenta con póliza de seguros de incendio). Se sorprenderá de lo económico que es este seguro. Asegure su auto, no sólo por los daños que pueda sufrir este y sus tripulantes, sino por los daños que puede causar a terceros en su persona y sus bienes. (Sólo el 34.44% del parque automotor está asegurado).
Acérquese a un corredor de seguros para que le explique el plan que mejor se adecúe a sus necesidades y los recursos que usted pueda destinar para ello.
Recuerde, no hacer nada no es opción. Reconozca que la presencia de riesgos en nuestra vida es inevitable, evalúe el impacto que pueden tener, actúe tomando las medidas pertinentes para mitigar el impacto y la ocurrencia de estos. Haga lo que le corresponda y ¡disfrute la vida!
Fuente de datos: AMIS datos 2021 e INEGI