Durante los últimos meses el peso mexicano se ha ido consolidando, llegando por debajo de los 18 por dólar e inclusive los analistas plantean que podría estar muy cerca de los 17 por dólar de aquí a finales de año. Esta situación ha generado muchas discusiones y pronósticos sobre el futuro de la moneda y su rol dentro de la economía nacional y global.
Además de su apreciación frente a las monedas fuertes del mundo, el peso está en la primera posición entre las monedas de los países emergentes con una apreciación de 10.2 % desde el inicio del 2023 y está incluido en la canasta de las 10 principales divisas más importantes del planeta en el índice de Bloomberg.
El fortalecimiento de la moneda mexicana se debe a varios factores. El primer punto es el diferencial entre las tasas de interés entre México y Estados Unidos, lo que favorece a la divisa nacional. Por otra parte, la cuestión de la deuda interna estadounidense es fundamental para entender la debilidad del dólar.
En efecto, el crecimiento exponencial de la deuda norteamericana, cercana a los 31 trillones de dólares debe ser mitigada por un nuevo techo de endeudamiento del gobierno estadounidense, pero los legisladores no han logrado encontrar un consenso lo que podría llevar a la Casa Blanca a declararse en estado de incumplimiento de pago de deuda. También la volatibilidad del sistema bancario del vecino del norte no permite esta estabilidad tan necesaria para enfrentar los cambios en el sistema internacional y en particular a nivel financiero.
Otro elemento importante que se suma para la solidez de la moneda mexicana es la austeridad económica de la 4T en la medida que el gobierno no está inyectando dinero en el circuito económico nacional, lo que implica menos presión en la tasa de cambio del peso.
Esta situación del peso tiene sus ventajas, pero muchos más inconvenientes tanto en el corto como en el mediano y largo plazo.
El aspecto positivo de un superpeso reside en primer lugar en el abaratamiento de los productos de importación que obviamente favorece a un gran porcentaje de la población nacional. También para el turismo mexicano que viaja al exterior del país es una oportunidad en la medida que tanto el transporte aéreo como la estancia en el extranjero son más baratos en la moneda nacional por este tipo de cambio que nos favorece.
Sin embargo, si a corto plazo parece existir más ventajas que inconvenientes, a mediano y largo plazo, la bomba puede estallar.
En primer lugar, la inflación en México es una de las más altas de los últimos 25 años, lo que encarece los productos particularmente los destinados a la exportación, generando una pérdida de competitividad en los mercados internacionales.
Así, las exportaciones se encarecen con una moneda fuerte y una inflación alta lo que repercute en el posicionamiento nacional en los mercados internacionales. Esta situación ya se refleja en la producción de maíz y de trigo en el noroeste del país, en donde los productores ya no pueden competir con las masivas importaciones de grano y la caída del precio de éstos en los mercados internacionales.
Un peso muy fuerte también impacta en los bolsillos de los mexicanos residentes en el extranjero quienes tienen que enviar más dólares para mantener la misma cantidad de pesos que reciben sus familiares en México lo que a su vez impacta gravemente en sus condiciones de vida.
Finalmente, si bien el gobierno se ha limitado a solamente tres grandes proyectos en infraestructura nacional, siguiendo su política de austeridad, sus programas sociales, cuya finalidad es obtener más votos en las próximas elecciones, han conllevado a elevar las tasas de interés de los bonos gubernamentales (los CETES, por ejemplo) a niveles nunca vistos lo que genera una mayor deuda interna pública.
A corto plazo no se resienten los efectos negativos de un peso fuerte, muy por el contrario, la euforia de los seguidores de la 4T alzan campanas al vuelo, sin embargo, el golpe llegará a la hora de pagar la deuda pública interna que se ha incrementado drásticamente.
El autor es Doctor en Ciencia Política, especialista en política internacional y asuntos regionales. Profesor investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.