Los muertos de Juárez y el deterioro del planeta por el cambio climático demuestran la ineficacia de los gobiernos, la falta de participación y colaboración ciudadana, la prevalencia de los intereses particulares sobre los comunitarios y la ausencia de solidaridad con las generaciones por venir.
Los 39 muertos en una estación de detención del Insituto Nacional de Migración (INM), se suman a los cientos de migrantes asfixiados en cajas de tráileres, a los ahogados al cruzar el río Bravo y a los que se quedan en las vías del tren.
Se suman a los heridos, violadas, denigrados y discriminados mexicanos, venzolanos, guatemaltecos, hondureños, salvadoreños, cubanos, entre muchos más que migran de sus paises en busca de una vida mejor.
Las constantes tragedias de los migrantes reflejan una fallida e inhumana política migratoria, que contraria al discurso oficialista, parece servir a los intereses de los Estados Unidos de Norteamérica (EUN) y atenta contra los derechos humanos.
El Protocolo de Protección al Migrante (PPM), conocido como el programa “Quédate en México”, fue puesto en marcha en 2019, por los presidentes Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador.
Se acordó por “razones humanitarias”, permitiendo a los migrantes una estadía en México durante la vigencia del trámite migratorio legal; de facto, nos convirtió en un tercer país seguro, guardián de la frontera sur estadounidense.
En febrero de 2021, el presidente Joe Biden, flexibilizó la política migratoria permitiendo la entrada a su País de solicitantes de asilo y en junio de ese año puso fin oficialmente a “Quédate en México”, calificándolo de peligroso e inhumano.
Sin embargo, en diciembre de ese mismo año, una órden judicial obligó al gobierno estadounidense a reiniciar el programa con supuestas mejoras. Esta decisión fue aceptada por el Gobierno Mexicano señalando que se ofrecerían “mayores recursos para albergues, la protección para grupos vulnerables, la consideración de las condiciones locales de seguridad y de capacidad de los albergues y de atención del Instituto Nacional de Migración”.
Los muertos de Juárez reflejan la ausencia de una política integral, humanista, económica y social que mejore las condiciones de vida en los lugares de origen; las expectativas de desarrollo sostenible equitativo; y que garantice el respeto a los derechos humanos de los migrantes.
Más allá de la tragedia que mundialmente exhibe a México, averguenzan la frivolidad de los servidores públicos federales directamente responsables de gobernación, relaciones exteriores y migración.
Se explica su proceder porque ante la carrera presidencial hay prioridades, pero no se justifica; si solo hay chivos expiatorios por estas muertes, se comprobará una vez más la impunidad y la ausencia del Estado de derecho que por décadas han imperado en nuestro País.
En lo que pareciera un tema diferente, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en la presentación del último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), señaló:
“La humanidad está sobre hielo delgado, y ese hielo se está derritiendo rápidamente”.
En el informe se destaca que los humanos somos los únicos responsables del calentamiento global y que la tasa de aumento de la temperatura en los últimos 50 años, y las concentraciones de dióxido de carbono, son las más altas de la historia. En los últimos 300 años, desde el comienzo de la revolución industrial, la temperatura media global ha aumentado en 1.2 grados.
De esta manera, el informe del IPCC de 2023, propone un Pacto de Solidaridad Climática, en el que urge a realizar reducciones “profundas y rápidas” de las emisiones.
Así, los grandes emisores de gases efecto invernadero deberán hacer esfuerzos adicionales para reducir las emisiones y movilizar recursos financieros y técnicos para apoyar a las economías emergentes en un esfuerzo para mantener viva la meta de 1.5 grados aprobada en el Acuerdo de París de 2015; ésto implica reducir la contaminación por carbono y el uso de combustibles fósiles en casi dos tercios para 2035.
Guterres también apuntó: " Nuestro mundo necesita acción climática en todos los frentes: todo, en todas partes, todo a la vez”.
¿Qué tienen en común las crisis de migrantes y cambio climático? Además de las muertes provocadas y la violación a los derechos humanos fundamentales, apuntamos estas cinco:
1. La ineficiencia e incapacidad de los gobiernos para definir estrategias, políticas públicas y realizar acciones que impacten en los flujos migratorios; promuevan el desarrollo regional equilibrado y sostenible; mejoren las expectativas de vida de la población vulnerable; y reduzcan la emisión de gases de efecto invernadero;
2. Los intereses económicos de las grandes corporaciones y de agrupaciones que anteponen el beneficio indiviudal al colectivo;
3. La corrupción, incapacidad y apatía que impiden avanzar en la realización de acuerdos y aplicación de la Ley;
4. La falta de capacidad para considerar como propios los problemas de otros que aparentemente no afectan nuestro bienestar individual en el presente;
5. La imposibilidad de organizarnos como sociedad para cooperar, participar y exigir el cumplimiento de nuestros derechos y la rendición de cuentas a los gobernantes elegidos democráticamente.
Ante la crisis migratoria mundial, el cambio climático, la amenza del crimen organizado, la pobreza y la desigualdad social, es imprescindible cambiar la forma de actuar y de pensar; de un enfoque egocéntrico y materialista a uno holístico y de interés colectivo; del culto a la inmediatez a la consideración del futuro de las nuevas generaciones.
De revalorar el “efecto mariposa” y considerar que los problemas del mundo son problemas de todos.
El autor es economista, demógrafo y politólogo. Profesor de la Universidad Autónoma de Nuevo León.