El lenguaje crea tu realidad limitando o ampliando tus fronteras. El lenguaje es acción; hablar es actuar, y poco nos detenemos a reflexionar sobre el poder que tienen nuestras palabras, tanto para quien las dice, como para quien las escucha.
Volvernos observadores de nuestras palabras es importante por lo siguiente:
Primero, cada palabra tiene una frecuencia energética, esta puede ser de baja vibración, neutra, o de alta vibración. Por ejemplo, al iniciar el año, muchos tenemos entre nuestros propósitos el ejercicio, y, antes de hacerlo, no es lo mismo decir: TENGO que hacer ejercicio (baja vibración), VOY hacer ejercicio (neutro), o voy a DISFRUTAR haciendo ejercicio (alta); con el simple hecho de leer estas oraciones podemos sentir cómo la vibración cambia.
El Dr. David R Hawkins, nos plantea en su libro, “El poder frente a la fuerza”, una lista de palabras con pautas poderosas (positivas), y una lista de palabras con pautas débiles (negativas). Es importante estar conscientes de esto, porque llevamos programada nuestra forma de usar el lenguaje, y reprogramarla será de gran beneficio en nuestro transitar por este plano físico.
Segundo, tenemos los cuatro actos del lenguaje con los que manifestamos nuestra realidad. Usarlos adecuadamente mejora nuestra vida y la de aquellos que nos rodean:
Pedir: muy pocos saben pedir, pedimos poco, mal, sin claridad, a las personas incorrectas y con preguntas indirectas. El resultado es recibir lo que no nos funciona. Pedir es un arte, las relaciones florecen cuando somos asertivos con las peticiones. Muchos de nosotros no pedimos porque tenemos miedo a un NO; en mis clases de posgrado, cuando pregunto a los estudiantes cómo interpretan los NO a sus peticiones, sus respuestas son: NO me quiere, NO le importo, NO soy suficiente, y si es así, mejor dejamos de pedir. Pero lo que debemos tener en mente es que el NO, no significa nada; el NO se dirige hacia la petición, no hacia ti como persona.
Prometer: es el acto de comprometerse uno mismo a hacer, crear o proveer. Cuando cumplimos con nuestra palabra aprendemos a confiar en nosotros mismos. Es importante que definamos qué vamos a manifestar, cuándo, cómo y dónde. Cuando no cumplimos con un propósito, nos quedamos con una sensación de malestar que quizá nos lleva a sentir culpa o sufrimiento.
Declarar: nosotros creamos nuestra realidad a través de las declaraciones. La relación que tenemos con los demás, con el mundo, y con nosotros mismos, es gracias a nuestras declaraciones. Las declaraciones crean nuevas posibilidades para que algo nuevo surja; creamos la realidad exterior e interior por medio de nuestras declaraciones. Una declaración define quiénes somos. Es por esto que es importante hacernos conscientes de lo que declaramos, inconscientemente, por ejemplo, si tiro un vaso de agua y me digo: “que bruta soy”, estoy creando una realidad muy poco funcional de mí misma. Por el contrario, si declaro “soy una consentida de Dios”, estoy creando una vida con plena confianza de que todo es perfecto para mí. Por eso el dicho, “tanto si dices que puedes, como si dices que no puedes… tienes razón”.
Aseverar: lo único que se puede aseverar son los hechos, que se pueden respaldar con evidencias a través de los sentidos. Lo que sucede con las aseveraciones es que las usamos para afirmar nuestros juicios. Aseverar es una trampa, pues proponemos algo partiendo de la base de que poseemos una verdad absoluta. Hacer esto debilita nuestro lenguaje.
Y, tercero, BENDECIR, bendice a todos y a todo; se ha comprobado que el hacerlo no solo eleva la frecuencia energética de quien lo hace, sino también de quien lo recibe, y todo lo que está a su alrededor; el Dr. Wayne Dyer, explica esto a fondo, por lo que recomiendo la conferencia que puedes encontrar en Youtube.
Byron Katie dice: “la verdad es más dulce de lo que decimos”; mi deseo para todos es que podamos vivir siempre esa dulzura.
La autora es profesora del programa de Desarrollo Organizacional en la UDEM y consultora en bienestar organizacional. Cuenta con un doctorado en Cambio Organizacional por la Universidad de Pepperdine.