Monterrey

Pablo de la Peña: ¿Tenemos una visión de país para el 2040?

En los últimos meses hemos escuchado o leído mucho el término nearshoring y sus ventajas para México. La idea central del nearshoring es acercar la producción al mercado de consumo. En nuestro caso podríamos decir que es fortalecer la cadena de valor de los productos que México exporta hacia los Estados Unidos, así como de otros productos que antes no exportábamos. Esto último implica que compañías extranjeras cierren plantas en otras partes del mundo para traerlas a nuestro país. La principal razón de este movimiento es reducir costos de producción y transporte, y con esto asegurar el abastecimiento inmediato de los productos requeridos en el mercado de consumo.

De alguna manera podríamos pensar que, esto del nearshoring, es una nueva versión acelerada por las plataformas productivas existentes de lo que fue en su momento el Tratado de Libre Comercio de América del Norte a principios de los años 1990s. Revisando las páginas del INEGI, podemos observar que en 1993, año previo a la entrada del TLCAN, México exportó $1.49 billones de pesos, esto representó el 14.7 por ciento del PIB, que registró $10.17 billones de pesos (pesos constantes del 2013). Pare finales del año 2000, y a 6 años de TLCAN, el PIB había crecido a $12.93 billones de pesos, esto es un 27 por ciento desde 1993, y las exportaciones habían crecido a $3.10 billones de pesos, es decir un 108 por ciento en términos reales. Para el año 2000, las exportaciones mexicanas representaban el 24 por ciento del PIB. Claramente el TLCAN aceleró las exportaciones mexicanas, fortaleciendo la planta productiva y, a pesar de la crisis financiera de 1995, México pudo retomar su ritmo de crecimiento.

Con información del INEGI sobre las cifras oportunas del PIB de México para el 2022, podemos estimar que las exportaciones representarán cerca de 41 por ciento del PIB, esto es $7.46 sobre un PIB de $18.35 billones de pesos constantes del 2013. El PIB en México ahora es 1.80 veces más grande que en 1993, pero las exportaciones se multiplicaron por 5 en términos reales. Yo no tengo duda de que esto fue resultado de una estrategia deliberada y derivada del TLCAN, y de que en la década de los años 1990s el país y sus regiones definieron una visión de largo plazo, basado en el fortalecimiento de nuestra capacidad exportadora, fortaleciendo nuestra planta productiva.

A pesar de esos números positivos para la economía de nuestro país, sabemos que no todos los sectores económicos se beneficiaron de la misma manera, sabemos que muchas empresas mexicanas sufrieron, cerraron y tuvimos que entrar en un proceso de reconversión industrial y laboral. Pero más allá de esto, creo que en los últimos años hemos avanzado solamente de manera inercial con las estrategias que se implementaron hace 30 años.

En el sexenio de Peña Nieto se trató de implementar una estrategia para reconvertir y apuntalar nuestro sector energético, quizá con el mismo ímpetu que vimos en la década de los años 1990s para el sector manufacturero; pero esta idea se detuvo a inicios de la administración de López Obrador.

Ahora que estamos todavía iniciando la tercera década de este siglo XXI, yo me pregunto ¿Cuál es la visión de país que tenemos para el 2040? En el Plan Nacional de Desarrollo de López Obrador para el 2019-2024, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 12 de julio del 2019, se enlista una serie de propósitos para lograr el crecimiento de la economía mexicana. Algunas de las cosas que medianamente se han cumplido son: el mantener finanzas sanas, y no tener más incrementos impositivos (no ha habido impuestos nuevos, pero si ajustes). Pero en donde claramente el PND no se ha cumplido es en: (1) el respeto a los contratos existentes y aliento a la inversión privada; la inversión privada está detenida por falta de confianza, y (2) en impulsar la reactivación económica, el mercado interno y el empleo; la reactivación económica del último año ha sido resultado de la reactivación de la economía mundial, no por estrategias propias; y, por otro lado la informalidad sigue siendo extremadamente alta a nivel nacional.

Creo que en todos los sexenios hay propósitos que se logran y otros no, pero no podemos estar pensando solamente en periodos de seis años, tenemos que repetir lo que hicimos hace 30 años cuando visualizamos un país competitivo internacionalmente, aliado estratégico y comercialmente de América del Norte y ser un punto de referencia en la productividad laboral. Si no definimos una visión o aspiración para el 2040, seguiremos caminando hacia donde la inercia y el contexto internacional nos dicten, en vez de avanzar hacia donde nos conviene estratégicamente en una economía mundial, que es cada vez más sofisticada, no solo tecnológicamente, sino política y socialmente también.

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