Monterrey

José de Jesús García: Disfrutar el camino

“Prefiero más que llegar, pensar que ya voy llegando.” Alberto Cortez

Hace mucho tiempo, acompañé a mi hermano Ernesto a una cantina y fui testigo de un sermón acalorado que mi hermano le daba a un amigo suyo. Provenientes todos nosotros de una cuna humilde, el regaño de mi hermano iba en el sentido de que su amigo había tomado la decisión de casarse, justo apenas después de graduarse de ingeniero, sin esperar a retribuir a sus padres algo o mucho del sacrificio que habían hecho por él.

Lo que más se me quedó grabado de aquella ocasión fue que mi hermano le dijo que si ya había tomado la decisión, que se aferrara a ella y que no se arrepintiera. Agregó: “Al final de cuentas, la idea es que en el lecho de muerte uno pueda hacer la reflexión de sus días vividos y se quede tranquilo al reconocer que vivió de acuerdo a sus decisiones y convicciones”. En ese entonces, lo que se me grabó fue que el objetivo de la vida era terminar nuestros días con la satisfacción de una vida bien vivida y de acuerdo a sus decisiones.

Encontrar el sentido de la vida y el objetivo principal de nuestra existencia ha sido un deporte que he practicado por mucho tiempo y que quizá en momentos se haya convertido en una obsesión para mí. En el pasado me centraba tanto en este tema que de pronto se me olvidaba vivir el día a día y disfrutar lo que me pasaba, lo que tenía o lo que hacía.

El estudio de la felicidad me ha ofrecido mucha luz en este tema. Con el tiempo, he descubierto que el camino es tal vez tan o más importante que la meta misma. Sin duda a todos nos gusta alcanzar una meta y disfrutar del éxito. Sin embargo, dado que no hay garantía en que podamos lograr todo lo que nos proponemos o lo que iniciamos, es muy importante que el camino sea agradable y lo podamos disfrutar.

Yo solía ser un amante de los viajes por carretera. Por más largos que fueran los trayectos, por lo general esos viajes eran muy disfrutables. Con el cambio en las condiciones de seguridad en nuestro país, estos viajes dejaron de ser tan agradables. Los viajes se convirtieron de pronto en ocasiones de angustia relativa en los cuales alcanzar el destino era lo único que deseaba. Afortunadamente, las condiciones de seguridad han mejorado sustancialmente y esa angustia tiene cada vez menos razón de ser; pero el cerebro es un socio muy complicado en nuestras vidas y tiene la mala costumbre de crear asociaciones que resultan luego difíciles de eliminar.

Sin embargo, de unos viajes para acá, mi enfoque ha sido distinto. Una vez que he tomado la decisión de viajar, trato de disfrutar del viaje de una manera que nunca antes lo había hecho. Antes, el disfrute venía de la reflexión, de la soledad en el manejo, de la tranquilidad en la mente. Ahora, ese disfrute es buscado e inducido: busco apreciar la naturaleza de una manera más intencionada, al tiempo que trato de descubrir las características de las comunidades que vamos pasando. Como diría mi amiga Laura Isanta, trato de practicar la apreciatividad.

Disfrutar el camino se dice fácil, pero en la práctica se vuelve complicado. Pensemos en aquellos que quieren ser grandes deportistas. El camino está lleno de sacrificios y de limitaciones. Levantarse temprano, ir al gimnasio, comer saludable, dormir a sus horas, etc., son actividades que solo muy pocos pueden hacer y/o están dispuestos a hacer.

Pero en realidad, la decisión está en nosotros. Ya lo decía Viktor Frankl: El derecho a escoger la actitud que más nos plazca es la última de nuestras libertades y no puede ser arrancada de nuestras vidas. En la bonanza o en la precariedad, siempre tendremos la libertad de ser positivos o negativos hacia el exterior y hacia nuestro interior. Creo que todos conocemos a personas que enfrentan situaciones muy difíciles de salud o de algún otro aspecto de la vida y la manera como las afrontan es por demás admirable. Depende de nosotros hacer del camino hacia el éxito o hacia la sanación, un trayecto disfrutable o una jornada muy sufrida.

Hace unos días, mi santa madre cumplió 95 años y todos sus hijos la acompañamos a una Misa y luego a comer. En otras ocasiones me ha tocado dirigir un mensaje alusivo a la celebración, pero esta vez no fue así. Aun sin expresar el mensaje en público, en mi mente se dibujaron algunas ideas de reconocimiento a mi madre. La veo muy tranquila y eso cumple aquel ideal que expresaba mi hermano: estar tranquilo cuando se acerquen tus últimos años de vida. Pero también he sido testigo de lo mucho que ha disfrutado su jornada. Los mensajes de felicitación que recibió así lo indican. Un comentario muy común fue: tu mamá siempre sonriente y siempre tan amable.

Fijarnos metas y disfrutar el trayecto hacia su cumplimiento nos brinda una felicidad enorme. No es que la meta no sea importante, pero si no se logra, el camino habrá valido la pena.

Y tú, ¿Estás disfrutando el camino hacia el logro de tus propósitos de año nuevo?

Espero que si.

El autor es consultor y conferencista en los temas de felicidad, bienestar y calidad de vida.

Contacto: pepechuy13@gmail.com

COLUMNAS ANTERIORES

Estima Realty Experts crecimiento de hasta 6% del mercado inmobiliario en 2026
Nace Realty Experts en México y deja atrás su marca previa Realty World

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.