Estas fechas siempre son momento propicio para reflexionar y hacer un balance respecto de los avances o retrocesos durante los 12 mese que culminan.
El inicio del año que está por terminar fue escenario de un efímero optimismo debido a la llamada “vuelta a la normalidad” después de casi dos años de un encierro prolongado a causa del COVID-19.
La idea de una nueva normalidad que traería la reactivación de los negocios, el regreso a las actividades presenciales, la eliminación paulatina de restricciones sanitarias como el uso del tapaboca, el gel antibacterial y distancia social, así como el regreso a las actividades deportivas, sociales y recreativas nos llenaron de entusiasmo, sin embargo, este no duró mucho y el mes de febrero fuimos testigos del arranque de la primera guerra del mundo post pandémico.
El conflicto entre Rusia y Ucrania, que en sus inicios anunciaba ser una guerra de corta duración, hoy suma más de 10 meses con pocos indicios de llegar a su fin, incluso la amenaza de hacerse extensiva a otros participantes y recurrir a armas nucleares se ha puesto sobre la mesa.
Si ya la pandemia había alterado drásticamente al sistema internacional, los efectos de la guerra parecen ser todavía más devastadores. La crisis económica mundial, la caída sistemática de las bolsas de valores en el mundo, una inflación galopante en prácticamente todos los países, las restricciones en muchos procesos productivos propiciada por las afectaciones en las cadenas de suministro de insumos básicos, a lo que se suma la crisis de los energéticos nos da cuenta de un año altamente complicado.
Países, particularmente europeos han visto aumentar el precio de sus productos básicos en más de cuatro veces desde el arranque de la guerra, así como el precio del gas y de la gasolina cuyas repercusiones se sienten en el bolsillo de todos los habitantes.
Ante este escenario de crisis generalizada la democracia también ha sido golpeada. En este mundo post pandémico y de guerra los regímenes autoritarios y populistas proliferan en muchos continentes y América Latina no ha sido la excepción.
La democracia está en jaque cuando gobiernos como el de Venezuela, Nicaragua, El Salvador, y México, entre otros, no respetan el estado de derecho, sistemáticamente violentan la Constitución, atacan las instituciones democráticas, favorecen a las fuerzas armadas, manipulan la división de poderes y los tribunales, al tiempo que llevan a cabo campañas contra la libertad de prensa y atentan sistemáticamente contra los periodistas nos hacen ver que los valores democráticos y liberales están siendo fuertemente golpeados.
En este escenario mundial, nuestro país no escapa de atentar contra la democracia como se observa en las iniciativas para reformar, por no de decir desaparecer el INE. Además, la política exterior de la 4T, violentando los principios consagrados en la Constitución, ha preferido alinearse con países como Nicaragua y Venezuela además de defender a Pedro Castillo en Perú y su intentona de autogolpe de estado.
La economía de nuestro país también es un tema de preocupación ya que por más mañaneras triunfalistas en las que se menciona que todo va “viento en popa”, los datos del Banco de México así como de la Secretaría de Hacienda y de Economía nos dan cuenta que el endeudamiento interno se ha duplicado en lo que va del sexenio. En lo que va de la actual administración la solicitud de deuda interna incrementó 127% muy alejada del 19.3% de la administración de Peña Nieto y del 56.2% con Felipe Calderón para el mismo periodo. A esto se suma una disminución de la recaudación tributaria en términos reales lo que complica las finanzas públicas.
Los pronósticos para una crisis económica de fin de sexenio son cada vez más preocupantes. Si bien aún faltan dos años de esta administración la tendencia para el 2023 prevé un endeudamiento histórico. Al mismo tiempo los datos de la deuda externa de nuestro país que presenta el Banco Mundial muestran un aumento continuo contrario a lo “prometido” al inicio del actual sexenio.
Crisis económica, endeudamiento interno y externo, inflación, crisis democrática y de las instituciones, persecución a la libertad de prensa son sólo alguno de los procesos que marcan el cierre de este año además el optimismo por una vuelta a la normalidad se ve frenado ya que la nueva ola del Covid-19 nos ha obligado volver al uso del tapabocas y otras medidas sanitarias…No obstante y sin falsos optimismos, conscientes de la difícil situación que atraviesa el mundo, hoy es un buen momento para desearnos un mejor año 2023.
La autora es Doctora en Relaciones Internacionales, especialista en Asuntos Globales y Política Internacional. Profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey.