Tengo ganas de escribir una novela de suspenso, un thriller político inspirado en la necedad del gobierno mexicano por intervenir en la crisis política que vive Perú y rescatar al presidente Castillo para darle asilo político.
Consideraría seguramente el desempeño del canciller Ebrard, desde el inicio de este gobierno la política exterior ha establecido condiciones sin precedentes a Estados Unidos. Pasar del muro prometido en la frontera a la exportación de tomate a California. Tomaría más de un capítulo desarrollarlas condiciones de dependencia alimentaria y las implicaciones económicas en ambos lados, por poner algo.
El marketing en las series sobre el narco mexicano y la invisibilidad en la que subsiste el tráfico de armas de norte a sur. Asunto que el canciller sacaría a la luz del debate público. Este sería el capítulo del elefante en medio de la sala y se me antoja narrarlo con parsimonia: la permisibilidad delictivas, el desconocimiento oficial descarado, el destino manifiesto que justifica todo lo que resulte conveniente hasta que sea imposible ocultarlo.
Por un lado ingresos ocultos para la hacienda pública que otorgan margen de maniobra y por el otro, los tentáculos que se cultivan entre las élites de los gobiernos latinoamericanos, su relación con los brotes de inestabilidad social y la oportuna casualidad en los que ocurren.
En el nudo de la madeja la agenda trastocada de la Alianza del Pacífico que hubiera sido en México, si no es que el parlamento peruano le negó el permiso de viaje al ejecutivo a pesar de que le correspondía la presidencia de esta asociación de estrategia geopolítica. Fueron y vinieron, acordaron visitas los gobernantes de México, Chile y Colombia para luego tener que cambiar la fecha y la sede: Perú.
Esta tendría que ser una alianza estratégica que abre las puertas a los países miembro a las relaciones comerciales con Asia y, claro, una inminente pérdida de influencia de las agencias norteamericana. Así, pura la literatura de ficción.
Cuando todo parecía fluir, el golpe de estado en Perú encabezado por su presidente. Sería interesante explicar cómo el fue un autogolpe de estado, un balazo en el propio pie del ejecutivo peruano al pretender clausurar un congreso que lo estaba ‘vacando’. Interesante verbo político para decir que lo estaban destituyendo, removiendo del puesto por incapacidades diversas. Al dejar vacante el puesto, la vicepresidenta Dina Boluarte toma el control y de inmediato se apresa a Pedro Castillo, las fuerzas peruanas rodean el consulado mexicano.
El presidente López Obrador y el canciller Ebrard hacen declaraciones en favor este e incluso envían aviones de las fuerzas armadas mexicanas para rescatar a Castillo. Y como de contragolpe norteamericano porque México incumple ciertas condiciones sobre energía del Tratado de Libre Comercio de América del Norte que se apacigua con posiblemente las oportunidades de inversión en el desierto de Sonora para la generación de energías limpias en donde Canadá y EUA tienen mano y ventajas.
Y por supuesto, la novela empezaría un 12 de diciembre en el Bicentenario de las relaciones diplomáticos México- Estados Unidos y con la firma de la Declaración de Amistad entre las dos naciones.
Pdta: ya se recopilan datos para el siguiente thriller sobre la reforma electoral en México, ‘Una loca historia de la prisa’.
