Monterrey

José de Jesús García: Es el Líder, Estúpido

“Divide y vencerás. Agrupa y venceremos”

Este miércoles 30 de noviembre se cerró un nuevo ciclo de ilusión-decepción que nos brinda el fútbol mexicano cada 4 años. Es un ciclo entretenido, sin duda. Iniciamos con mucha ilusión luchando por la calificación, salvando obstáculos ante los “poderosos” equipos de la CONCACAF y sufriendo en el intento. Entrenadores van y vienen, los jugadores son inflados (y nos gusta), nos llenan de partidos realizados en los EEUU (los dólares son importantes) y finalmente, calificamos y nos declaramos listos para llegar al quinto partido en el mundial.

No importa si la selección viene jugando mal o si la lista de los seleccionados es justa o injusta. Tan pronto como suena el silbato, nos pegamos a la TV con la esperanza de que esta vez sí lograremos pasar al quinto partido. Interesante. Otras selecciones piensan en ser protagonistas y luchar por el campeonato. Nosotros pensamos, nos obsesionamos con el quinto partido.

Los análisis expertos no se han hecho esperar. En su mayoría, apuntan a la mala estrategia del Tata Martino, a las pobres actuaciones en los primeros dos partidos y en especial al partido frente Argentina. Y nuestro enojo va también para los jugadores y para los directivos, pero hay una mayoría que señala al entrenador como responsable del fracaso. He leído que hasta comentaristas deportivos considerados serios se han dirigido a Martino con insultos velados, en forma de acrónimos.

Señalar culpables es un deporte que a todos nos fascina. Lo vemos en las empresas, en las familias y, por supuesto, en los gobiernos. Me ha tocado ver cómo se despide a personas que ocupan mandos intermedios, culpándolos de los malos resultados en la empresa, pero sin tocar nunca al jefe. A los padres de familia nos gusta culpar a las escuelas o a las amistades de los malos comportamientos de nuestros hijos. Y en los gobiernos, ni qué decir. La culpa siempre la tienen los gobiernos pasados o los enemigos de nuestro proyecto, sean neoliberales, conservadores, imperialistas o lo que ustedes gusten.

Profundicemos en el caso de las empresas. Sabemos que el éxito de las empresas se deriva de una buena administración de los recursos. Se requiere una buena planeación, procesos adecuados, ejecución eficiente y un sistema de evaluación de resultados, entre otras cosas. Luego tenemos la organización que incluye a los mandos directivos y al personal de apoyo en las diversas áreas de la empresa.

¿Quién es el responsable de que se den buenos resultados en las empresas? Algunos apuntarán al líder, el líder apuntará a los colaboradores y, cuando en una empresa existe un consejo directivo, también podremos asignar una buena parte de la responsabilidad a los consejeros.

En lo particular, defiendo la idea de que el líder es el principal responsable de los resultados. Además de marcar el rumbo, un líder tiene la gran responsabilidad de conjuntar un grupo de colaboradores que entiendan ese rumbo y ayuden a construir los caminos para llegar a las metas trazadas. Una vez conjuntado el equipo, la tarea es mantenerlo motivado y comprometido para que se avance de manera eficiente. Culpar a los colaboradores de los malos resultados es evadir la responsabilidad.

Los nuevos tiempos nos indican que el compromiso y la pasión de los colaboradores es vital para el éxito de las empresas. Por desgracia, estas cualidades en los equipos de trabajo son escasas y en mucho tiene que ver la actuación del líder. Una verdad muy incómoda es aquella que establece que las personas no renuncian a su trabajo; renuncian a sus jefes. Y para agravar el tema, lo cierto es que los líderes reciben muy poca capacitación en sus tareas.

Si bien puede resultar claro que los líderes son los principales responsables de los resultados de una organización, la identificación de los líderes es un tema crucial. Existe el liderazgo formal, el que aparece en el organigrama y el informal, que es el que efectivamente tiene influencia sobre el resto del equipo. También existe el liderazgo real y el nominal. Esta situación se presenta con frecuencia en las empresas familiares, en las cuales el patriarca cede la dirección de la empresa a sus descendientes pero sigue jugando un rol dominante en las decisiones importantes de la empresa.

Hablando nuevamente del fútbol, ¿En realidad el entrenador tuvo la culpa del fracaso reciente de la selección mexicana? Tuvo los recursos, a los mejores mexicanos a su disposición, los partidos que pidió. Se criticó mucho su estrategia contra Argentina y su tibieza ante Polonia. También se le criticó que no llevara a los mejores a la convocatoria. Pero en realidad, ¿qué tanta libertad tuvo para tomar las decisiones importantes? No lo sé y no sé si algún día lo sabremos con precisión.

Salvo esos casos en los que el liderazgo no es de quien parece, la tarea de las organizaciones es la de confiar la responsabilidad en sus líderes y la de prepararlos para que puedan ser el elemento clave en el éxito de la empresa. El líder es el que hace que haya un grupo con cohesión y compromiso y él es el responsable de contagiar la pasión por el cumplimiento de las metas. Y no se trata de dividir para vencer; se trata de conjuntar para triunfar todos.

Ciertamente los líderes no son la respuesta a todos nuestros males, pero sin duda, son elementos claves para el buen funcionamiento de las organizaciones.

Y eso aplica al funcionamiento de toda sociedad y de todo país, sin duda.

El autor es consultor y conferencista en los temas de felicidad, bienestar y calidad de vida.

Contacto: pepechuy13@gmail.com

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