Monterrey

Rafael Velázquez: ¿Principios o pragmatismo?

La política exterior de López Obrador.

Desde el inicio de su administración, López Obrador prometió recuperar los principios tradicionales de la política exterior de México. Sin embargo, en algunas ocasiones, su gobierno ha recurrido al pragmatismo para enfrentar los retos derivados de coyunturas tanto internas como externas. Por ejemplo, en mayo de 2019, el entonces presidente Donald Trump amenazó a México con elevar los aranceles a los productos mexicanos si López Obrador no hacía algo para detener a las caravanas de migrantes centroamericanos que estaban cruzando el territorio nacional para buscar asilo en Estados Unidos.

Luego de intensas negociaciones, el gobierno anunció que enviaría la guardia nacional a la frontera sur para detener a los migrantes. Es claro que en esta decisión prevaleció el interés económico sobre el tema de los principios. Incluso, en campaña, López Obrador había prometido respetar los derechos humanos de los migrantes que cruzaban el territorio nacional.

Otra decisión pragmática fue la aceptación de varias cláusulas en el nuevo tratado de libre comercio con América del Norte (T-MEC). Por ejemplo, México aceptó la presencia de supervisores estadounidenses en las fábricas mexicanas para verificar que se cumplan las normas laborales acordadas. También la administración de AMLO accedió a un porcentaje más alto en las reglas de origen y a una evaluación de los avances del T-MEC cada cierto tiempo, lo que podría implicar su terminación si algún país estuviera insatisfecho. México también accedió a no firmar tratados comerciales con “un país de economía que no es de mercado”. Esta medida era una alusión directa a China. Todas estas concesiones reflejan una dosis de pragmatismo en la política exterior de México.

A López Obrador le urgía concluir el T-MEC para fomentar el crecimiento económico y generar confianza en los mercados internacionales. Incluso el presidente mexicano viajó a Washington en julio del 2020 para visitar a Donald Trump y encabezar la ceremonia de entrada en vigor del nuevo acuerdo comercial. Esa cortesía representó la primera gira internacional de AMLO y mostró una dosis de pragmatismo.

Efectivamente, López Obrador ha tratado de proyectar los principios constitucionales en su política exterior. Sin embargo, su aplicación ha sido inconsistente y jerárquica. Por ejemplo, en noviembre de 2020, el presidente mexicano tomó la decisión de no reconocer el triunfo de Biden hasta que las instancias legales ratificaran su victoria electoral. Su principal argumento fue que no quería entrometerse en los asuntos internos de Estados Unidos y apegarse al principio de No Intervención.

No obstante, López Obrador reconoció y felicitó a Lula da Silva cuando todavía no era presidente electo, puesto que había que esperarse a la segunda vuelta. El reconocimiento al nuevo presidente brasileño, sin antes concluir el proceso electoral, muestra la inconsistencia en la aplicación de los principios.

Por otro lado, el mandatario mexicano ha jerarquizado el principio de la No Intervención sobre el de la promoción de los Derechos Humanos. Por ejemplo, México ha votado abstención o ha guardado silencio en los casos de violaciones a los derechos humanos en Cuba, Nicaragua y Venezuela, con el argumento de que está aplicando el principio de la No Intervención.

Sin embargo, el gobierno está poniendo en un segundo término el importante principio de la promoción de los Derechos Humanos. Por lo tanto, la aplicación jerarquizada e inconsistente es también un uso pragmático de los principios. El gobierno recurre a ellos cuando le conviene y los desestima cuando no.

Existe en el imaginario colectivo en México que una política exterior pragmática es negativa o inmoral. Sin embargo, este tipo de acciones son de naturaleza práctica porque buscan resolver problemas o tratan de promover el interés nacional.

Pero un pragmatismo excesivo puede llevar al fracaso. Igualmente, no es posible llegar muy lejos con una política exterior basada exclusivamente en valores normativos. Por esa razón, es necesario aplicar una política exterior que combine el pragmatismo con el principismo. De esta forma, la posibilidad de éxito será mayor.

El autor es profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Es doctor en Estudios Internacionales por la Universidad de Miami. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT y es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Es presidente del Centro de Enseñanza y Análisis sobre la Política Exterior de México (CESPEM).

COLUMNAS ANTERIORES

Estima Realty Experts crecimiento de hasta 6% del mercado inmobiliario en 2026
Nace Realty Experts en México y deja atrás su marca previa Realty World

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.