Monterrey

Laura E. Garza: Todo depende del cristal con que se mira… los anteojos del ego

Seguramente la mayoría hemos oído este dicho, pero ¿cuántas veces lo hemos analizado de verdad?

Las personas necesitamos brújulas y mapas para movernos por el mundo; desarrollamos ideas, creencias poderosas y específicas acerca de lo que es el mundo, sobre cómo funciona, y - la manera en la que debemos pensar y comportarnos ante ciertas situaciones.

Cada persona tiene una manera personal y única de interpretar la realidad que nos rodea. Esta interpretación está compuesta por las experiencias de vida, que se convierten en un filtro (cristal), a través del cual observa lo que le rodea. Estos filtros nos ayudan a construir nuestra “realidad”, que no es objetiva.

Nuestros filtros se forman cuando somos pequeños, antes de los 9 años, cuando no tenemos la capacidad para reflexionar sobre nuestras experiencias y, durante nuestra vida, funcionan como esas anteojeras de cuero que se colocan a cada lado de los ojos de los caballos, para que solo vean hacia el frente y no se desvíen del camino; cierra las perspectivas, limita lo posible, restringe nuestro horizonte.

Con lo anterior se forma nuestro sistema de creencias, y pensamientos, que construyen rutas neuronales que se programan en nuestro cerebro y, con ellas, la forma en la que interpretamos la vida.

Caroline Myss, en su libro “Anatomía del espíritu”, nos presenta un principio muy interesante: la biografía se convierte en biología. Todos los pensamientos que ha tenido una persona han viajado por su organismo biológico, y han activado una reacción fisiológica. Un miedo, por ejemplo, activa todos los sistemas corporales; el estómago se tensa, el ritmo cardíaco se acelera y, quizás, el cuerpo comience a sudar. Un pensamiento amoroso puede relajar todo el cuerpo. Cada pensamiento, consciente e inconsciente, genera una reacción biológica que luego se almacena en la memoria celular. Es así como nuestra biología se teje en nuestro sistema biológico cada día.

Es importante reflexionar sobre lo anterior por dos aspectos, Primero, no todos vemos las cosas de igual manera, y lo que para unos es obvio, para otros no lo es; lo que para algunos es malo, feo, incorrecto, para otros no lo es. Esperar a que todos vean las cosas de igual forma, es una ilusión que nos causará sufrimiento en mayor o menor grado. Y, segundo, si todos mis pensamientos y creencias influyen en mi biología, cómo puedo hacer para que estos jueguen a mi favor.

Trabajar en nuestra espiritualidad es fundamental ya que, a lo largo del tiempo, nos han dicho que la vida es algo más de lo que creemos y pensamos; contar con herramientas para la transformación espiritual que puedan ayudarnos a ir más allá de nuestra programación, a través de los laberintos de la realidad egoíca que describimos como objetiva, y como “verdad”, -hará de esta (nuestra) vida una experiencia más placentera y satisfactoria.

Cada uno de nosotros es un único producto del Ser. Cuando experimentamos el Ser, dentro de nosotros, estamos experimentando la esencia de lo que somos. El trabajo espiritual es volver a conectar con las profundidades espirituales de nuestro Ser, nuestra naturaleza esencial.

Presencia e indagación, por lo tanto, son piedras angulares. La indagación, únicamente mental, no producirá visiones interiores que iluminen y revelen el funcionamiento interno de nuestras almas, por lo que este viaje vivencial debe ser profundo, al estar presente en nuestra experiencia, de instante en instante, mediante una actitud de exploración y curiosidad, sin dar por sentado nada.

Necesitamos confrontarnos con nosotros mismos para reconectar con nuestra naturaleza esencial. Una manera de contemplar el desarrollo espiritual consiste en hacer consciente lo inconsciente.

Nuestro objetivo, mientras permanecemos en la tierra, es trascender nuestras ilusiones de la “realidad”, y descubrir el poder innato de nuestro espíritu. Somos responsables de lo que creamos y, por lo tanto, hemos de aprender a pensar y actuar con amor, sabiduría, y vivir sirviendo a los demás, y a la vida en general.

Este camino es individual y único; buscar y encontrar herramientas que nos apoyen en este, es de gran ayuda para continuar con nuestro crecimiento y despertar de nuestra conciencia. Al final, como dice otro gran dicho… el que busca encuentra

¡Bendiciones para todos en nuestros viajes!

La autora es es profesora del programa de Desarrollo Organizacional en la UDEM, y consultora en bienestar organizacional.

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