Monterrey

José Rodríguez: El primer paso, reflexión hacia la sostenibilidad

La escasez del agua y la contaminación atmosférica son solo dos ejemplos de lo que hemos vivido a nivel local en el área metropolitana de Monterrey.

Siempre me impresiona la capacidad humana para resolver problemas, pero me asombra aún más la capacidad para crearlos y evitar que un rayo de luz nos ilumine y nos permita identificarlos con la seriedad que se merecen.

Lo anterior lo comparto como preludio del contexto medio ambiental en el que estamos sumergiéndonos cada vez más a nivel global y que lastimosamente se refleja también a nivel local.

Cuando nos remitimos a soluciones de libro, que abogan por la sustentabilidad o, por la ahora tan de moda economía circular, sin reflexionar de manera profunda sobre la conexión primaria de nuestra humanidad con nuestro ecosistema ambiental, nos perdemos dándole siempre mayor fuerza al pilar económico, que sigue basándose en la generación descarada de sociedades de consumo.

Y lo anterior lo comparto a colación de los pomposos anuncios de primerísimos lugares en macro inversiones y desarrollo de shelters productivos sin, de forma paralela, reforzar el famosísimo tejido social y sensibilidad ambiental que deberían también de enaltecerse si realmente buscamos un desarrollo equilibrado de los tres pilares que nos presentó de manera armoniosa la Dra. Bruntland desde 1987. Definición que hemos quebrantado, pues no hemos podido generar el espacio actual sin afectar la futura satisfacción de necesidades de las generaciones venideras.

Nunca es popular la invitación a la reflexión, inclusive, muchas veces es tildada de conservacionista a ultranza u oscurantista en el más extremo de las adjetivaciones, sin embargo, el desarrollo humano por si mismo siempre ha requerido el volcarse sobre si mismo, reflexionar, para buscar la salida a los numerosos laberintos en que voluntariamente o sin darnos cuenta nos hemos metido.

La escasez del agua y la contaminación atmosférica son solo dos ejemplos de lo que hemos vivido a nivel local en el área metropolitana de Monterrey y vivimos a diario sin aún tener luz sobre las acciones adecuadas a emprender.

Si ahondamos más, podemos identificar muchas más situaciones que constriñen la sustentabilidad del desarrollo, como lo es el manejo de residuos, el consumo energético y de materiales, el ordenamiento territorial que atentan contra las bases y tendencias más actuales y modernas para encaminar a mejor puerto el futuro.

“Uno como quiera”, suelen decir las madres abnegadas cuando se trata de defender a sus hijos, y observándolo desde esa arista, no hay mayor reto que el de la inmediata acción que debe seguir a la más sentida y sesuda reflexión sobre qué pasará con las generaciones futuras.

La intención de la reflexión que nos sirva para contextualizar nuestro marco de acción no debe ser entonces solamente la de generar el stand para observar el valle de lagrimas por el que transitamos, sino la de generar el primer paso para trasladarnos rápidamente por el camino de las acciones para encaminar la búsqueda de luz. Solo así, el primer paso se llena de sentido. El primer paso siempre es el que mayor esfuerzo toma y el que mayor miedo provoca emprender.

No hay vuelta a atrás, no hay más generaciones a las que pasar el problema. Cada uno de nosotros que lee y que vive esta realidad tiene la obligación de hacer frente con cambios contundentes desde cada uno de los espacios por los que nos desenvolvemos, desde cada una de las trincheras donde nos toca enfrentar esta emergencia.

Las posibilidades son infinitas, desde aquellas más sencillas, que abonan a una disminución personal en el consumo que hacemos día a día, siendo éste en gran medida provocado de forma intencional por moda, obsolescencia diseñada o generación de necesidad basadas en estrategias de mercadotecnia; pasando de manera estricta por concienzudo cumplimiento legal de las actividades que realizamos en nuestros centros de desarrollo, desde aquellos más urbanos hasta aquellos de mayor amplitud en los requerimientos observables por ley como los son aquellos solicitados a nuestros centros de trabajo, desde la explotación de los recursos a la manufactura especializada de los productos y consumibles, y finalmente, hasta el diseño de servicios que no carguen con el peso de productos destinados al confinamiento.

La conclusión del camino no está determinada aún, al menos así es deseable, pues de otra forma no tendría sentido alguno cada uno de los pasos que estamos obligados a ejecutar. Las posibilidades de cambio de rumbo aún están latentes. Aún existe futuro si estamos dispuestos a transformarnos como personas, consumidores, trabajadores y, finalmente, como tomadores de decisiones.

El autor es Asesor del Comité de Seguridad, Salud y Medio Ambiente.

Contacto: comites@indexnuevoleon.org.mx


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