Monterrey

José de Jesús García: Sencillo y feliz

La vida de hoy es intensa y complicada.

No recuerdo conocer a alguien que en particular lleve una vida sencilla y no sea feliz. Y con una vida sencilla me refiero a ese estilo de vida que practican las personas que no buscan complicaciones, que disfrutan lo que tienen y que pareciera que todo les fluye naturalmente.

No es fácil ser sencillo. La tendencia natural del ser humano actual es la de buscar lo complejo, lo que está lejos de nuestro alcance. Las invitaciones a complicarnos la vida son numerosas. ¿Por qué conformarnos? Tenemos que ir siempre por lo que no tenemos, cueste lo que cueste. Entre profesionales es común escuchar la sentencia: Tienes que salir de tu zona de confort. Entre mujeres, me encanta la frase: “Primero muerta que sencilla”.

Hace algunos días, en este mismo espacio, apareció el artículo: “¡Viva la zona de confort!” escrito por Rogelio Segovia. Rogelio cuestiona si el vivir en la zona de confort es malo o criticable y pareciera que hemos evolucionado para pensar que tenemos que estar en constante movimiento ascendente y que no debemos detenernos a disfrutar lo que tenemos. No podemos tener una vida sencilla y feliz.

Recuerdo cierta vez que el Dr. César Lozano me invitó a su programa de radio a platicar acerca de El Libro Mundial de la Felicidad, que recientemente había aparecido y en el cual había una contribución mía. Una de sus primeras preguntas fue: “Doctor, usted dice que hay que estar satisfechos con lo que uno tiene. ¿No es eso una invitación a ser conformista?” No dudé mucho en contestarle y le sugerí que podemos estar satisfechos y disfrutar lo que tenemos, mientras buscamos lo que no tenemos. Le pareció razonable.

La vida de hoy es así: intensa y complicada. Hay que estar en constante movimiento, buscando más y mejor. Si no lo hacemos seremos juzgados y nos catalogarán de conformistas. La idea es tener un mejor auto, una mejor casa, unas mejores vacaciones. Trabajar más para gastar más. Gastar más para tener más. Tener más para ganar la competencia. ¿Y el disfrute? Eso no importa, lo que importa es superar a nuestro vecino.

Siempre me ha llamado la atención la obsesión por el progreso, por el desarrollo. A nivel país, la discusión tradicional se ha centrado en la manera de cómo hacer crecer el PIB per cápita. A nivel empresa, la preocupación frecuente es cómo hacer crecer las ventas, cómo tener mayor participación de mercado, cómo generar mayores utilidades. A nivel personal, nos preocupamos por ser mejores profesionalmente, por ganar más dinero, por tener más bienes.

Sin duda, existen justificaciones para esta obsesión por el progreso material. En el caso de los países, si no hay crecimiento económico, no habrá recursos para sacar a la gente de la pobreza, o para hacer crecer la infraestructura. A nivel empresa, buscamos más utilidades para generar un colchón para los tiempos difíciles y para mejorar las condiciones de los grupos de interés. Y a nivel personal, buscamos más recursos para ofrecer una mejor calidad de vida para nuestra familia.

La verdad, el progreso no es malo y buscarlo, tampoco. El problema se ubica en la definición del mismo. Tomemos como ejemplo el progreso de los países. Tradicionalmente, el progreso de un país se definía por su desempeño en el Producto Interno Bruto. Si crecía el PIB, entonces el país estaba progresando. Afortunadamente, un movimiento que ha tomado fuerza en este Siglo XXI es el llamado “Más Allá del PIB”. Esta corriente sugiere que, si bien el progreso material es importante, hay otras variables que inciden en el progreso de las sociedades y que influyen en el bienestar y la felicidad de los ciudadanos.

Con frecuencia, el progreso material trae aparejado un deterioro en otros aspectos, ya sea a nivel país, empresa o personal. El crecimiento económico ha traído ventajas pero también ha deteriorado el medio ambiente. El crecimiento en las empresas puede traer aparejado una mayor exigencia de los trabajadores y un deterioro en la salud mental de los mismos. Nuestro progreso material a nivel personal puede causarnos problemas de salud y/o problemas con la familia.

Uno de los problemas de la búsqueda del progreso a mansalva es el descuido de las condiciones positivas que existen en el punto de partida. Es frecuente escuchar a padres de familia decir que quieren para sus hijos lo que ellos no tuvieron. El problema es que no se detienen a pensar que deben de garantizar lo que ellos sí tuvieron y que de alguna manera les permitió llegar hasta donde están.

Es muy importante definir el objetivo en nuestras vidas. Quizá por buscar el progreso y tener más, se nos olvida disfrutar de lo que tenemos, de lo que somos y de lo que hacemos. Se nos olvida ser felices.

Decía Groucho Marx que la felicidad consiste en las cosas pequeñas: Una pequeña mansión; un pequeño yate; una pequeña fortuna.

Tal vez no tengamos esas cosas pequeñas que sugiere Groucho, pero si podemos ser felices con una vida sencilla.

No se trata de renunciar al progreso a costa de nuestra felicidad.

Se trata de ser felices para poder progresar.

El autor es consultor y conferencista en los temas de felicidad, bienestar y calidad de vida.

Correo: pepechuy13@gmail.com

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