Monterrey

Francisco J. Orozco: ¿Cuántas emisoras más?

Las empresas pueden captar recurso fresco en un mercado abierto al público para financiar sus proyectos o su crecimiento

Amiga y amigo lector, iniciemos de lleno con una pregunta: ¿por qué a las empresas les interesa estar en la Bolsa de Valores? A manera de mantra, cualquier Profesor, Director o libro de finanzas les dirá que es una forma en que las empresas pueden captar recurso fresco en un mercado abierto al público para financiar sus proyectos o su crecimiento. ¿Quienes invierten qué esperan a cambio? En la gran mayoría de los casos, este público inversionista no espera ser parte del Consejo de Administración de la empresa ni tomar el café con los propietarios originales. Lo que se quiere es que, al poner su dinero en estas empresas que están en el Mercado, les ayude obtener rendimiento sobre invertido. Para la empresa pareciera que las ventajas son muchas: institucionalización, obviamente el fortalecimiento de la estructura financiera y la transparencia. En México, pareciera que las empresas ven mucho más las desventajas que las bondades: el hecho de cotizar significa tener a un grupo de inversionistas probablemente fuera de la cúpula familiar y fundadora, el trabajo de que conlleva tener transparencia en la información financiera, áreas de relación con inversionistas, honorarios de despachos de auditoría, entre otras. Esto ocasiona que muchas compañías, sobre todo con un carácter muy familiar, deciden no entrar a este mundo.

Si nos vamos a los datos en la Bolsa Mexicana de Valores, solo un poco más de 140 tiene acciones en la Bolsa. Es más, en las últimas semanas hemos escuchado que más compañías se “deslistarán” del Mercado de Capitales. En los próximos renglones comentaremos algunos de los motivos, pero lo más importante es que en México la emisión de deuda es lo que más predomina al ser un proceso más sencillo porque básicamente es “pedir prestado” al mercado y así la compañía evita ceder participación a nuevos inversionistas. A las compañías no les interesa emitir acciones como fuente de financiamiento, las empresas prefieren tener concentrado el control (recordemos que más del 90 por ciento de las empresas que emiten acciones son de carácter familiar). Otra cosa es, si nos fijamos en la situación por la que estamos pasando en la economía nacional e internacional, es mucho más estable hablar de una tasa de interés en el mercado de deuda, en el que existe una cierta certeza que lo sucederá o está comprometido, a ver la volatilidad que pueda tener en el mercado las acciones de una compañía. La empresa no quiere comprometer su valor de empresa y el inversionista obviamente no quiere perder el valor de su dinero. Tanto compañías como inversionistas se van a lo seguro, dejando a un lado las estrategias a largo plazo.

Con lo anterior, ¿podemos hablar de una pobre cultura bursátil tanto de empresas como de inversionistas? Otro dato para reflexionar es que menos del 3% de la población mexicana invierte en la bolsa por desconocimiento o porque no le es atractiva. Sobre esto último es impactante conocer que el Sistema Internacional de Cotizaciones (el SIC) ha superado al propio mercado nacional. El SIC representa el 53 por ciento de todo lo operado en la Bolsa Mexicana de Valores porque no es para menos. En el SIC podemos encontrar ETFs, acciones de empresas extranjeras y otro tipo de instrumentos.

Si el hecho de que no haya existido en los últimos años una OPI/IPO en las dos Bolsas que tenemos ya es algo de lo cual tendríamos que hablar, la salida de emisoras saca a relucir la necesidad de replantearnos la verdadera necesidad de este mercado en el país. Algunos datos interesantes que encontré por parte del investigador Salvador Arturo Galicia sobre la perdurabilidad de las empresas en la Bolsa Mexicana son el que el 52% de las emisoras no pasan de los 5 años, el 30 por ciento sobrevive entre 6 y 10 años, el 13 por ciento entre 11 y 20 años y solo el 5.5 por ciento de las empresas ha podido perdurar por más de 21 años.

Lo pongo sobre la mesa, ¿tenemos un mercado subvaluado?, ¿cómo podemos motivar a las empresas a que adquieran esta cultura por este tipo de financiamiento?, ¿tendríamos que apretar las tuercas del mercado de deuda o aflojar las del mercado de capitales? Con gusto los leo.

El autor es el Director del Departamento de Contabilidad y Finanzas, Región Norte, de la Escuela de Negocios. Su correo electrónico es: jorozcob@tec.mx

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