Este año, México y Estados Unidos cumplen 200 años de haber formalizado su relación de manera oficial. En este largo periodo, la interacción se ha caracterizado por situaciones conflictivas, pero también de cooperación. El episodio bilateral más turbulento fue la guerra entre 1846 y 1848, en la cual México perdió prácticamente más de la mitad de su territorio. En épocas posteriores, el vínculo reflejó periodos de tensión en asuntos territoriales, fronterizos, comerciales, migratorios y de seguridad. Sin embargo, al mismo tiempo, existió voluntad de ambos gobiernos para colaborar en la solución de los problemas comunes. Por ejemplo, en la etapa de la Reforma y durante el régimen porfirista, los dos países llegaron a importantes acuerdos, principalmente en el área económica. Ambos buscaban impulsar el crecimiento económico. Durante la Revolución, la colaboración se suspendió momentáneamente y se presentaron episodios altamente conflictivos, como la invasión de Woodrow Wilson a Veracruz en 1914 y el ingreso a territorio nacional de tropas estadounidenses en 1916 para buscar a Pancho Villa, quien incursionó en Columbus, Nuevo México.
Durante la Segunda Guerra Mundial y las primeras etapas de la Guerra Fría, ambos países colaboraron frente a las amenazas que representaban, primero el nazi fascismo, y luego el comunismo de la Unión Soviética. A pesar de que en los años setenta y principios de los ochenta del siglo XX hubo algunos roces bilaterales en los temas migratorios, comerciales y de narcotráfico, en la práctica ambos gobiernos encontraban canales de cooperación para resolver las diferencias. Sin embargo, a finales de los ochenta y hasta el final del siglo XX, la relación entró en una etapa de amplia colaboración. La cereza del pastel fue la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1992. A partir de entonces, el entendimiento bilateral ha sido constante en asuntos financieros y comerciales. Pero es necesario reconocer que todavía en temas migratorios y de narcotráfico persistían algunas discrepancias. A principios del siglo XXI, hubo amplio entendimiento entre las administraciones panistas y los presidentes Bush y Obama, aunque existieron roces luego de la política de Estados Unidos en torno al terrorismo internacional. Por ejemplo, el gobierno de Vicente Fox no mostró un apoyo incondicional a Estados Unidos en esa materia.
La relación empezó a tomar un tono conflictivo cuando apareció en el escenario político el expresidente Donald Trump a partir de 2016 cuando todavía era precandidato y una vez que ganó la presidencia. En su campaña y una vez que tomó el poder, Trump exigió la renegociación del TLCAN y propuso la construcción de un muro fronterizo para evitar el paso de migrantes irregulares y narcóticos. En este contexto, el nuevo tratado (T-MEC) fue firmado en 2018, pero se abrió a nuevas negociaciones durante la administración de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Finalmente, el nuevo acuerdo entró en vigor el 1 de julio de 2020.
A dos años de la entrada en vigor de ese acuerdo y en el marco de los 200 años de inicio de la relación, el vínculo diplomático sigue presentando un patrón de cooperación y conflicto. Los dos asuntos más recientes fueron, primero, la detención del capo Rafael Caro Quintero. Existe claridad en que existió cooperación entre ambos gobiernos para lograr el objetivo, aunque la administración de AMLO lo niegue.
El segundo tema es la demanda que han presentado Estados Unidos y Canadá por dar preferencia a las empresas paraestatales en materia de energía y discriminar a las extranjeras, una estipulación contemplada en el T-MEC. Si la administración de AMLO persiste en esa posición, es probable que la economía mexicana tenga afectaciones. Por ello, es necesario que México adopte un enfoque más pragmático para promover el interés nacional y respetar lo pactado previamente. Es claro que negar la participación de agencias de Estados Unidos en la detención del capo y mantener una retórica nacionalista en el sector energético son estrategias principalmente para consumo interno; es decir, para satisfacer a los sectores que apoyan al obradorismo de cara a las elecciones del 2024.
La relación bilateral se resiente de manera intensa en la zona fronteriza; es decir, entre los 4 estados del sur de Estados Unidos y los 6 del norte de México. Es ahí donde los asuntos migratorios, de seguridad, medio ambiente, energéticos y comerciales se palpan de forma directa. Cualquier decisión de ambos gobiernos federales afecta de manera inmediata a la política, la economía y la sociedad de esa región en la que conviven millones de ciudadanos. A esta altura, es necesario que ambos países reconozcan los temas conflictivos y busquen esquemas de cooperación para solucionarlos. El futuro cercano de ambas sociedades depende de ello.
Rafael Velázquez Flores
Perfil: El autor es profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Es doctor en Estudios Internacionales por la Universidad de Miami. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT y es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Es presidente del Centro de Enseñanza y Análisis sobre la Política Exterior de México (CESPEM).