Cuando miramos en retrospectiva los aprendizajes que nos dejó la pandemia creo que el área gerencial fue donde conseguimos las mayores áreas de oportunidad, pues aun y cuando teníamos claro que se debían desarrollar nuevas competencias que se adecuaran a los altos niveles de incertidumbre que el entorno nos daba diariamente, pasamos por alto algunos de los aspectos que, aunque no eran nuevos, no llegamos a visualizar el impacto que tendrían y lo útil que serían en el manejo de los equipos de trabajo. Me quiero referir a la adaptabilidad y a las competencias emocionales.
Ambas competencias eran bien conocidas en el mundo gerencial, la primera como elemento básico del cambio organizacional y la segunda como parte de las capacitaciones de inteligencia emocional que nos proporcionaban más herramientas para mejorar el clima organizacional y lograr mayor cohesión e integración en los equipos de trabajo.
Sin embargo, no estábamos preparados para lo que la pandemia nos exigió como trabajadores, en primer lugar, aprender a trabajar en entornos virtuales con herramientas de seguimiento y control y de evaluación presencial, y aunque el uso de plataforma y manejo de algunas herramientas nos permitió continuar trabajando y hasta acoplarnos de la mejor forma posible, esto exigió un gran esfuerzo de capacitación y disposición que no todo el mundo logro transitar con éxito, siendo en gran parte la comunicación de los equipos y la participación los indicadores más afectados.
En segundo lugar, la ruptura de tiempo y espacio fue uno de los costos más elevados a los cuales nuestros colaboradores se vieron expuestos, el tener que trabajar desde casa con todos los integrantes de la familia al mismo tiempo, les dificulto delimitar el espacio de la vida personal con el trabajo, lo que se tradujo en altos niveles de estrés y un alto costo emocional que traía implícito.
En este contexto cuando nos toco regresar, descubrimos que lo que conocíamos como normalidad ya no seria nunca lo mismo, que volvíamos con colaboradores con expectativas diferentes y que exigía un estilo de liderazgo que se acoplara ahora más que nunca a las individualidades de nuestros equipos de trabajo. Un liderazgo que se involucrara mas personalmente con la gente, que desarrollara una escucha activa y una comunicación asertiva que permitiera que los espacios de trabajo sean más participativos y menos burocráticos, pero sobre todas las cosas menos conflictivos y mas transparentes y para ello tuvimos que retomar un concepto que conocíamos, pero al cual no le habíamos dado la importancia que le correspondía y es la empatía.
La empatía más allá de ser una competencia emocional es clave en este momento donde se esta rediseñando el modelo gerencial que todos necesitamos para el éxito, la base de todo esta en centrar el modelo en el trabajador entendiendo que las relaciones interpersonales y la comunicación son los elementos principales para que logremos el desarrollo máximo de las competencias como la adaptabilidad y la flexibilidad fundamentales para lograr el cambio.
Debemos creer en la participación masiva de los colaboradores, no solo en la toma de decisiones sino en la transformación de las organizaciones, tenemos que hacerlos coparticipes del proceso en todo momento, fomentar la participación con responsabilidad y para que esto se requiere de estructuras organizacionales más horizontales y menos burocráticos en donde se desarrollen verdaderos equipos de trabajos multidisciplinarios de alto desempeño. Pero todo exige un cambio en el modelo gerencial que haga replantearnos no solo los objetivos estratégicos e incluso las culturas organizacionales, sino las estrategias con las cuales manejamos nuestro talento humano.
En este momento donde la dinámica es tan cambiante, más que la capacitación y el uso de herramientas de gestión, es la capacidad de acercarnos a nuestros equipos de trabajo y la comunicación lo que nos permitirá afrontar con éxito los tiempos que se avecinan con éxito. Es el momento de abrir espacios de discusión en donde los colaboradores se sientan cómodos y seguros al participar, fomentar actividades para la integración de los equipos, incorporar a las familias dentro de las actividades recreativas para aumentar el sentido de pertenencia, aprender a comunicarnos sobre la base del respeto y la tolerancia y entender que el éxito de la cultura organizacional se basa en el nivel de involucramiento de los colaboradores y todo ello se consigue a través del desarrollo de la empatía en nuestro estilo gerencial.
Mariana Alejandra Cordova Contreras
La autora tiene 25 años en la docencia universitaria y más de 15 años en el área de consultoría empresarial, es doctora en Gerencia, tiene un MBA y cuenta con estudios en Gerencia Pública y “Neuromanagement”.