Monterrey

Luz Araceli González: El ejecutivo mexicano - entre la retórica y la realidad

Los vínculos entre México y China son amplios y profundos en materia comercial, económica, cultural, de salud, tecnológica y muchos rubros más

En días pasados el ejecutivo mexicano, en sus habituales mañaneras, volvió a hacer un llamado para detener el avance de China y su creciente predominio particularmente en el comercio mundial. Ciertamente no es la primera vez que Andrés Manuel López señala la “amenaza” que representa el gigante asiático. Recordemos que en la cumbre de los llamados “tres amigos” en noviembre pasado frente a Joe Biden y Justin Trudeau insistió en la necesidad de contener el avance chino.

Particular atención adquieren estas declaraciones pues pareciera que el inquilino de Palacio Nacional ignora que China es el primer socio comercial de México en la región Asia-pacífico, es nuestro segundo socio a nivel mundial y el mercado chino representa el tercer destino de las exportaciones mexicanas, sólo antecedido por los mercados de Estados Unidos y Canadá, además la presencia de China supera la de Estados Unidos en comercio con toda América Latina.

También parece desconocer que hacia fines del mes de mayo se reanudó la ruta aérea de carga entre México y China, la cual busca impulsar el comercio, fortalecer las cadenas de valor al tiempo que, en palabras del propio Embajador mexicano en China, Jesús Seade, esta reanudación de la conexión aérea propiciará una mayor expansión del comercio agrícola, electrónico, e impulsará los contactos en otros rublos ya que la ruta Zhengzhou-Ciudad de México conectará no sólo a nuestro país sino a América Latina y el Caribe con la gran potencia asiática.

Andrés Manuel López también parece haber olvidado que hace poco más de un año, en el mes de febrero, en plena crisis del coronavirus en la que las vacunas escaseaban y su distribución no podía garantizarse, la Secretaría de Relaciones Exteriores gestionó con el gobierno de Beijing el arribo del primer cargamento de doscientas mil dosis de vacunas, al que le siguieron muchos más. El arribo de éstas fue enmarcado por todo un despliegue “ceremonial” en el que la subsecretaria de Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos, Martha Delgado, destacaba que nuestro país era el único que contaba con la posibilidad de recibir dos vacunas chinas elaboradas por SinoVac Life Sciences Co. LTD y CanSino Biologics. Con la información que hoy en día publica la página de transparencia de la SRE respecto a la vacunación, en el país más de 45 millones de personas han recibido vacunas chinas.

Lo anterior muestra que los vínculos entre México y China son amplios y profundos en materia comercial, económica, cultural, de salud, tecnológica y muchos rubros más como el turismo. Incluso el Senado de la República organizó el Forum 2022 México-China.

Resulta preocupante que el responsable de dirigir la política exterior de nuestro país, es decir el presidente de la República de acuerdo a la Constitución política (artículo 89), presente tanta disonancia con miembros de su gabinete como el secretario de relaciones exteriores y su equipo además de otros poderes como el Senado de la República e incluso esta disonancia se extiende hacia el propio embajador en China, quien además fue su hombre de confianza al representarlo en las negociaciones del nuevo acuerdo comercial T-Mec entre México, Estados Unidos y Canadá en su condición aún de presidente electo.

La retórica de AMLO para construir una América unida e integrada al estilo de la Unión Europea que haga frente al avance chino, el cual en las propias palabras del presidente mexicano “se proyecta a controlar más del 70% del comercio mundial en los próximos 30 años”, no es sino eso, un discurso profundamente ideologizado, distanciado de la realidad, carente de fundamento y con datos erróneos. Un proyecto de unidad latinoamericana tiene escasas posibilidades de materializarse, al menos así se ha demostrado después de cerca de doscientos años del ideal bolivariano. Le corresponde al ejecutivo mexicano dirigir con claridad de miras la política exterior y potencializar la relación con China cuyo perfilamiento como hegemonía global se hace cada vez más evidente, de lo contrario estaremos perdiendo importantes oportunidades en la nueva geopolítica mundial.

La autora es Doctora en Relaciones Internacionales, especialista en Asuntos Globales y Política Internacional. Profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey.

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