La diplomacia cultural está íntimamente ligada a la política exterior de los Estados. De hecho, cualquier tipo de diplomacia representa un instrumento formal para la interacción con actores del sistema internacional y para el logro de los objetivos externos. La diplomacia cultural se enfoca en la promoción internacional de las riquezas culturales que las naciones poseen. Su fin principal es dar a conocer -a un público amplio- los valores artísticos, el patrimonio histórico, los atractivos arqueológicos, las costumbres idiosincráticas, así como la música local, la literatura, la pintura, y otras expresiones artísticas. Los países realizan esta actividad principalmente para atraer turistas y para mejorar su imagen en el exterior. En el ámbito de las relaciones internacionales, una imagen positiva genera mayores capacidades de negociación para la política exterior, también sirve para atraer inversiones externas y promover el comercio de los productos nacionales.
La frontera norte de México es una región en donde la diplomacia cultural adquiere una creciente importancia. Es ahí donde conviven dos culturas diferentes, no obstante es una zona en la que se genera una amalgamación de cultura binacional. Es decir, la frontera puede generar una tercera cultura, la cual se alimenta de la idiosincrasia mexicana y estadounidense al mismo tiempo. Por esa razón, los gobiernos de ambos lados han establecido importantes estrategias para fortalecer y promover la cultura en ambas partes de la frontera. Por ejemplo, los consulados mexicanos en las ciudades fronterizas organizan actividades vinculadas a las diferentes expresiones artísticas nacionales, como exhibiciones de pintores, arte prehispánico, celebración de costumbres, muestras culinarias, eventos musicales, entre otras. Asimismo, los consulados estadounidenses tratan de promover sus valores nacionales que les dan identidad.
México es una potencia cultural. El país cuenta con riquezas artísticas, arquitectónicas, históricas, arqueológicas, y un largo etcétera. Por ejemplo, el país es conocido a escala internacional por su danza folclórica, sus costumbres (como la celebración de los muertos), sus murales, sus museos, su cine, sus ruinas arqueológicas, su arquitectura colonial, su alfarería en plata, sus textiles indígenas, entre otras muchas manifestaciones. México posee también diversos “pueblos mágicos” que ofrecen un atractivo turístico y cultural para extranjeros y nacionales. Además, desde 2015, la cocina tradicional mexicana forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad otorgado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Todos estos elementos son base de su diplomacia cultural, la cual se convierte en un elemento fundamental de la política exterior.
La defensa y promoción de los valores nacionales en la frontera entre México y Estados Unidos, así como las prácticas culturales en la región, han propiciado una especie de sincretismo cultural. Es decir, en esa región existe una tercera opción que se nutre de ambas visiones idiosincráticas. En este sentido, la población fronteriza tiene costumbres que muchas veces no se practican en el centro. En este contexto, los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal en el caso de México) junto con la sociedad deben reconocer esta realidad y aplicar políticas públicas para impulsar y salvaguardar esta tercera opción. Pero, al mismo tiempo, deben seguir promoviendo los valores culturales mexicanos en la zona. En primer lugar, esto se debe de hacer para mantener y defender las tradiciones mexicanas en la frontera y, de esta manera, no se pierdan. Pero también el gobierno y la sociedad tienen que hacerlo para promover la cultura y el arte mexicano frente a los extranjeros que visitan la franja fronteriza. De esta manera, el país estará en condiciones de mejorar su imagen ante el mundo, atraer turistas y generar divisas para la zona. La frontera norte de nuestro país es mucho más que migración, tráfico de armas, drogas e inseguridad. La riqueza cultural debe ser un activo para reposicionar la región y al país en su conjunto.
Rafael Velázquez Flores
Perfil: El autor es profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Es doctor en Estudios Internacionales por la Universidad de Miami. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT y es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Es presidente del Centro de Enseñanza y Análisis sobre la Política Exterior de México (CESPEM).