De manera recurrente, cada determinado tiempo, los inversionistas nos dejamos llevar por nuestras ansias de no perdernos los astronómicos retornos que generan las empresas o los sectores de moda o disruptivos en los mercados financieros.
Esta fiebre especulativa y sueños de dinero rápido y fácil no se han limitado a las bolsas de valores. Tan sólo hace casi 2 décadas, a raíz de la enorme disponibilidad de dinero por parte de la Reserva Federal, el sector inmobiliario de Estados Unidos representó un imán de dinero y tan sólo en un periodo de 5 años el precio promedio de vivienda en esa nación medido por el Índice S&P Case Schiller subió 100%, esto sin contar los precios en California, Arizona, Florida y Nevada donde el incremento llegó a ser mayor.
Los resultados después de lo insostenible de esta burbuja, fue la gran crisis financiera de 2008-2009 que casi desapareció el sistema bancario en USA llevando al mundo a la gran recesión. El ajuste del precio de la vivienda reflejada en ese índice fue de 40%, en el caso de los mercados más calientes el desplome fue superior. El índice tardó 13 años en volver a recuperar su máximo de 2005, quedando los precios en la lona en el periodo de 2009 a 2013.
Un lustro, previo a estallido de esta burbuja, exactamente en marzo de 2000, comenzaba el fin de la exuberancia irracional de las dot com. La locura por el nacimiento de una tecnología tan disruptiva en su momento que fue el internet, sirvió como gasolina para la hoguera de las pasiones extremas (Euforia) que llevamos todo inversionista.
De 1995 al 2000, el rendimiento del índice de acciones tecnológicas Nasdaq fue de casi 600%. Muchas personas en USA abandonaron su empleo para dedicarse al trading o compra venta de acciones en este sector. Los canales de deportes en los bares fueron sustituidos por canales financieros que gritaban minuto a minuto las enormes variaciones alcistas en la bolsa. De los 5,000 puntos que alcanzó en 2000, en tan sólo un periodo de 2 años se desplomo 70% y al punto más bajo 80%.
Tuvieron que haber grandes cambios en los modelos de negocios, Apple con el I Phone en 2007 y Microsoft con los servicios de nube en 2014, así como el surgimiento de nuevos campeones tecnológicos como Google, Facebook, Amazon y Netflix, para que después de 15 años el NASDAQ recuperara el máximo previo. Cabe mencionar que la cruda duro más de 11 años.
Remontándonos cuatro siglos atrás, la promesa de riqueza rápida se apropió del imaginario de los holandeses. Esa ocasión, los protagonistas de la fiebre especulativa fueron los tulipanes. Fue tanto el furor causado por esta rara especie que un ejemplar de tulipanes llego a tener un precio equivalente al de una casa en Amsterdam.
Una vez terminada este episodio de arrebato eufórico, el precio de este bien perecedero se desplomó, llevando a la ruina a muchos de sus habitantes sin importar la clase social a la cual pertenecían.
A raíz de la pandemia de 2020 y a la transformación digital de nuestra vida diaria que este evento detonó, surgió en interés en sectores que revolucionarían el mundo. Blockchain, vehículos eléctricos, telemedicina, robótica, fintechs, video streaming, comercio electrónico, servicios de alojamiento de datos y todas aquellas industrias que hicieron más llevadero el encierro, captaron nuestro imaginario nuevamente.
Cosas tan etéreas como las cripto divisas, NFT (Non Fungible Tokens) y terrenos virtuales en el metaverso así como como los meme stocks (Game Stop, AMC y Hertz) detonaron una euforia desmedida en los mercados con una enorme participación de inversionistas amateurs o primerizos turbo cargados con los trillones de USD de estímulos monetarios y fiscales en USA y las naciones desarrolladas.
El pinchazo a esta última burbuja financiera ocurrió a finales de 2021. A partir de esa fecha el índice tecnológico Nasdaq ha cedido alrededor de 30 por ciento, el SP500 alrededor de 20 por ciento.
Lo interesante es que el comportamiento del 2000 se vuelve a repetir. Primero se ajustan las start ups y empresas revolucionarias (Etsy, Shopify, Block, Zoom, Teladoc) más de un 70 por ciento, ver caso del Ark Fund de Cathie Woods. Es muy probable que estemos entrando en la segunda fase, en la que los precios de las acciones de las grandes empresas con valoraciones, que sin bien no alcanzaron el status de mega burbujas, pero sin muy altas en estándares históricos, empezaran a caer más pronunciadamente.
Sin duda, el desenlace final del pinchazo de la última burbuja traerá consigo enormes oportunidades de compra para aquellos inversionistas que no cayeron en los excesos y que cuentan con una elevada tolerancia riesgo. De igual forma para los jóvenes, los cuales cuentan con un horizonte de inversión superior a los 30 o 40 años, será la época dorada para construir su patrimonio invirtiendo en los mercados financieros, claro de manera diversificada, racional y educada.
El autor es profesor del Departamento de Contabilidad y Finanzas del Tecnológico de Monterrey. Su correo es juliopuon@tec.mx