LA PROPIA POLÍTICA
Por donde se vea, una república federal, democrática y representativa es sinónimo del poder distribuido de manera equitativa entre varias autoridades. Como el rompecabeza en donde cada pieza tiene su forma particular y resulta indispensable para conformar el todo, el mapa del poder en el sistema de gobierno.
Además de reconocer la voluntad del pueblo como eje central del gobierno –la democracia ateniense–, se toma en cuenta el equilibrio de voluntades y funciones –asunto de la república romana–. La gran aportación a la democracia contemporánea es el federalismo que se instaura en Estados Unidos de América en donde, además del pueblo y de las funciones, las particularidades de cada territorio tienen una voz en la toma de decisiones.
De esta larga historia se llega al concepto de democracia(s) contemporánea(s) en la Ciencia Política actual. La democracia representativa hoy en día es una compleja matriz de poder que idealmente busca crear piezas equilibradas para el rompecabezas del poder. La voluntad del pueblo se manifiesta en el voto, una especie de carta poder para que sus representantes gestionen, negocien y tomen las decisiones de Estado que mejor le convengan al colectivo desde la perspectiva de cada persona votante.
Ese poder se otorga a quienes dirigen al país, el Poder Ejecutivo, y a quienes hacen las leyes para beneficio de las y los votantes. Detrás hay un acuerdo intocable que respeta absolutamente lo que tiene que hacer cada uno, y un compromiso para no violarlo.
Además, existe un tercer poder que atiende los conflicto, el Poder Judicial. Este no proviene de la voluntad popular porque el nivel de conocimiento técnico-jurídico, vaya, filosófico, no pretende beneficiar a una comunidad ni a un territorio, sino a mantener las reglas del acuerdo intocable. Si alguien quiere manipular al sistema, en teoría estos tres poderes contrarrestan las malas intenciones.
Cuando resultó que en Latinoamérica los poderes Ejecutivo y Legislativo entraron en contubernio, las piezas del rompecabezas del poder se desproporcionan y dejaron huecos. Para consolidar las democracias latinoamericanas, entre otras estrategias, aparecen los organismos autónomos cuyo fin es gobernar asuntos sustantivos al país, por ejemplo, las elecciones, los recursos públicos, los derechos humanos, entre otros.
Indistintamente de quién llegue al poder y de las mancuernas entre poderes, estas instituciones mantienen su autonomía a fin de que no se desmorone la democracia y se mantenga el cuadro completo del rompecabeza político.
Si el Poder Legislativo quiere autorizar al Ejecutivo que intervenga en elecciones, en los fondos nacionales, en los recursos públicos o en Derechos Humanos, habrá un organismo autónomo que le ponga un alto. Los órganos autónomos no controlan a los poderes de la nación, les ponen límites a los asuntos sustantivos para que todas las piezas del rompecabeza estén proporcionadas y encajen.
Por esto que la consulta que hizo la Suprema Corte de Justicia de la Nación a la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Nación, es un acto de democracia supremo. El Poder Judicial reconoce la autonomía y preponderancia de los derechos políticos de quienes legislan; mejor aún, determina la inconstitucionalidad de la legislación que pretende negarles el derecho a ejercer su cargo.
Complicado. Sí. Tan complicado como vivir hoy en un mundo globalizado en donde los Derechos Humanos es una lucha en el rompecabeza del poder.
