¿Qué puede ser peor que períodos prolongados de inflación? Sin duda, sería peor períodos prolongados de estanflación. Como bien sabemos, la inflación es el resultado de observar un incremento generalizado en el nivel de precios. En México usamos el índice nacional de precios al consumidor (INPC) para dar seguimiento a la inflación, y dado que los precios pueden responder a condiciones circunstanciales y cíclicas usamos preferentemente dos indicadores que distinguen entre fluctuaciones temporales y cambios sostenidos en los precios.
Por un lado, tenemos la inflación subyacente que se ubicó en el mes de abril en 7.22 por ciento que captura el crecimiento en los precios que, de manera sostenida han respondido a los efectos de mercado y del contexto de la economía global; es decir, el incremento en los precios no es circunstancial. Por otro lado está la inflación no subyacente que se ubicó en el mes de abril en 9.07 por ciento que refleja problemas temporales como el incremento en el precio de los energéticos, la escasez de granos y de fertilizantes para la producción agrícola. Como podemos observar la inflación no subyacente es más alta porque refleja presiones temporales y cíclicas en los precios.
La guerra entre Ucrania y Rusia seguirá presionando los precios de los productos energéticos y de muchos productos agrícolas, adicionalmente, sigue existiendo un problema en la cadena mundial de suministro, lo que también ha encarecido la transportación de muchos productos y ha limitado la existencia de otros. Por lo que creo que seguiremos viendo niveles altos en la inflación no subyacente en nuestro país, y por lo tanto en la inflación subyacente también.
Actualmente la inflación no solo es preocupante porque limita el poder adquisitivo de las familias, sino que cuando la juntamos con periodos de lento crecimiento, o más precisamente con una recesión económica, tenemos lo que conocemos como estanflación, esto es, estancamiento económico con inflación. El INEGI hace algunas semanas dio a conocer la estimación oportuna de crecimiento del PIB de México en el primer trimestre del año, que fue de 1.60 por ciento, y hace unos días, el INEGI también dio a conocer el indicador mensual de la actividad industrial en el país para el mes de marzo que presentó un crecimiento anual del 2.4 por ciento. En el mes de febrero la tasa de crecimiento también fue del 2.4 por ciento, misma que mostró una desaceleración dado que en enero la variación anual había sido del 4.3 por ciento. De continuar con tasas de crecimiento industrial menores al 3 por ciento anual, estaríamos confirmando que el crecimiento para la economía de México para todo el 2022 sería menor incluso al 2 por ciento, esto es porque el sector terciario, que representa más del 60 por ciento de la actividad económica en el país, ha tenido tasas de crecimiento menores al 1 por ciento. Por lo que será difícil que la economía crezca más del 2 por ciento sin el empuje del sector servicios.
Así es que el panorama no es muy alentador, si la inflación se mantiene alta y la actividad económica se mantiene limitada. Sinceramente no estoy muy seguro sobre el impacto que puedan tener las medidas anunciadas por el presidente, en conjunto con el sector privado para mantener los precios estables en el país; aunque sin duda, cualquier estrategia para mantener los precios será bien vista. Pero el problema – o los problemas – de raíz no están cien por ciento a nuestro alcance, porque dependen del contexto internacional, como es la guerra entre Ucrania y Rusia y el desequilibrio de la cadena mundial de suministro. De acuerdo con la encuesta de Banxico a especialistas en economía del sector privado, la expectativa de inflación para el cierre del 2022 es del 6.67 por ciento, aún muy alta; y la tasa de crecimiento del PIB para todo el año en curso es del 1.73 por ciento, claramente muy baja.
Como respuesta a este escenario, Banxico anunció hace unos días, nuevamente un incremento en su tasa de interés objetivo al 7 por ciento; el Banco Central está siguiendo de manera ortodoxa una política monetaria restrictiva para contener la inflación; sin embargo, una política monetaria restrictiva es una espada de dos filos, por un lado reduce la cantidad de dinero en circulación lo que puede ayudar a reducir la inflación; pero por el otro lado, mayores tasas de interés también encarecen el costo del dinero para la inversión, lo que puede reducir potencialmente el crecimiento económico nuevamente. Sin duda, el segundo y el tercer trimestre de este año serán claves para contener la inflación, con la expectativa que no se limite aún más el crecimiento económico en nuestro país tanto para este 2022 como para el 2023.
