¡Auxilio! ¡Socorro! ¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo! ¡Ayuda, por favor! - Gritaba Pedro, el pastor que cuidaba sus ovejas en el cuento infantil de Esopo, éste narra la historia de un pastor que le decía mentiras a los aldeanos haciéndoles creer que venía el lobo y no venía, por lo que llegó el momento en que los aldeanos dejaron de creerle a Pedro.
Estamos comenzando el segundo trimestre del año 2022, ¡ya se fue otro trimestre! No sé a ustedes, pero a mí este primer trimestre se me hizo que se pasó muy rápido, así como se han ido estos últimos dos años que hemos vivido en pandemia. Antes de que existiera el Covid-19, puedo asegurar que la mayoría de nosotros no tenía contemplado que llegaría el día que nos encerrarían y cambiaría nuestro modo de vivir. Así es como se nos pasa la vida, vamos por ella pensando que tenemos todo controlado y de repente llega el día en que, sin darnos cuenta, sucede algo inesperado y nos agarra desprevenidos. Esto le sucede la mayoría de las personas por seguir postergando las decisiones de sus finanzas personales. Hoy en día, a través de diferentes medios, se nos recuerda y se nos dice seguido que tenemos que estar preparados para alguna eventualidad, hacemos caso omiso y nos comportamos como los habitantes de la aldea de Pedro; ya no creemos que vaya a llegar ese momento que puede cambiarnos la vida, o simplemente pensamos que a nosotros no nos va a pasar nada malo. Hasta creemos que pensar en eso es solo atraerlo y lo malo que pasa en la vida solo le pasa a los demás. Nuestro cerebro humano tiende a sobredimensionar lo negativo, es por esto por lo que, muchas veces preferimos bloquear ese pensamiento en lugar de prepararnos para cualquier situación que se presente.
Los asesores financieros nos dedicamos a administrar, hacer crecer y proteger el patrimonio de nuestros clientes. Administrar su patrimonio y estar generando utilidades mes a mes no es tan fácil, siempre habrá un problema externo que afectará en las inversiones de los clientes, es casi imposible predecir los mercados. Los ciclos económicos continuarán y tomarán diferentes formas, y aunque se hubiera contado con toda la información, siempre habrá algo que no se tomó en cuenta. Actualmente es más sencillo invertir en activos financieros sin la necesidad de una asesoría financiera de un especialista. Durante la pandemia aparecieron muchas empresas que, a través de la tecnología, permiten al cliente invertir su dinero desde su celular o tableta y esto lo puede hacer con tan solo 1 peso como inversión mínima. Que sea tan sencillo invertir, ha generado un auge en querer participar de las ganancias que se pueden obtener a través de los mercados bursátiles. Estas empresas fintech han llamado la atención principalmente de los jóvenes, quienes son los que más utilizan la tecnología y, en general, tienen una característica muy marcada; se quieren hacer millonarios lo más rápido posible, y para lograrlo, buscan activos con muy altos rendimientos, por lo que la mayoría de las operaciones que realizan son de muy alto riesgo. Esto puede ocasionar que pierdan una gran parte de su patrimonio que, con tanto esfuerzo, les ha costado obtener.
Vivimos en una sociedad que quiere todo a corto plazo y no piensa en el futuro, una sociedad en la que se quiere tener éxito hoy, disfrutar hoy y ya mañana se preocupa de su “yo” del futuro. El profesor A. Eshraghi realizó un estudio por medio de resonancias magnéticas, en donde se dio cuenta que las pérdidas de dinero generaban una mayor cantidad de emociones negativas en el cerebro, comparando con las emociones que generaban las ganancias asociadas al placer. Y esto tiene mucho sentido, a nadie le gusta perder su dinero que con tanto esfuerzo ha generado.
Las familias mexicanas deberán de prepararse para un entorno de mayores tasas de interés en conjunto con una mayor inflación y menor actividad económica, ya que hoy en día existen muchos riesgos e incertidumbres, en donde por lo general, el tomador de decisiones primero reacciona y luego analiza la acción tomada. Se sigue sin poner atención a la base de las finanzas personales, por dejar de realizar un presupuesto con el que se pueda analizar en qué se está gastando y en qué se puede mejorar para así estar preparados ante cualquier acontecimiento que pueda cambiar la vida. Para estar preparados, se debe de contar con un ahorro específico para emergencias, éste debe de ser por lo menos para que alcance para tres meses de los gastos fijos, un seguro de gastos médicos que ayudará en el caso de una enfermedad y un seguro de vida e invalidez que le brindará ayuda monetaria a la familia en caso de que el titular ya no pueda seguir contribuyendo con su sueldo; pero en la mayoría de los casos esta preparación no existe.
La crisis económica que el Covid-19 ha ocasionado, ha puesto a muchos a reflexionar y analizar en dónde están parados, financieramente hablando, y para otros ha sido un adelanto de cómo puede llegar a ser el retiro sin estar preparados financieramente para ello; porque seamos sinceros, todos queremos llegar a nuestro retiro con la ansiada libertad financiera sin tener que depender de nadie más para entonces disfrutar de la vida después de tanto trabajo, pero muy pocos trabajan para obtenerla.
El común que tiene la mayoría de los que cuentan con grandes fortunas, es la capacidad que tienen de plantearse metas altas y trazarse objetivos a corto plazo para poder cumplir las metas poco a poco. Es necesario cambiar la idea de querer hacerse ricos de un día para otro, porque el que busca hacer inversiones para hacerse rico de la noche a la mañana, lo más probable es que si venga el lobo y se pierda esa inversión a la mañana siguiente. Lo más importante para hacer grandes patrimonios es ser muy disciplinados al momento de invertir el dinero y ser muy paciente para obtener los retornos esperados. Warren Buffet decía “hay que pensar en las inversiones como si tuviéramos oportunidad de invertir solamente 20 veces”, haciendo alusión a que no se debe de estar comprando y vendiendo activos financieros, sino que estos se deben de comprar y mantener por muchos años.
El autor es consultor patrimonial, además colabora como profesor de finanzas cuantitativas para los negocios en la UDEM. Cuenta con un MBA por el IPADE y tiene experiencia en consejos de empresas familiares.