El impacto de la sequía que afecta a Nuevo León no se refleja todavía en el abastecimiento de agua a los hogares; muy pronto lo hará.
Sin embargo, lo que sí se observa es el temor generalizado por la inminente falta de agua, que ya forma parte del catálogo de calamidades que azotan a los nuevoleoneses: pandemia del Covid-19; ajustes de cuentas del crimen organizado; congestionamiento vial; transporte público deficiente; e incremento en los precios de alimentos, bienes y servicios.
A estos factores se suman otros que interactúan entre sí provocando angustia y estrés en la sociedad : la guerra Rusia-Ucrania; los flujos migratorios; el crecimiento de la pobreza y la desigualdad; la polarización política y social; y el deterioro en el medio ambiente.
Parece un panorama apocalíptico; en cierto sentido lo es.
En relación con el medio ambiente, el informe del pasado 28 de febrero del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), de la ONU, señala: “La evidencia científica es inequívoca: el cambio climático constituye una amenaza para el bienestar de la humanidad y la salud del planeta. Si se sigue retrasando la puesta en marcha de una acción concertada a nivel mundial, se agotará el breve plazo del que disponemos para asegurar un futuro digno”.
Este llamado es escuchado por muchos, entendido por algunos y atendido por muy pocos; en casi todos, genera preocupación. Al respecto, en 2015, el filósofo ambiental Glenn Albrecht acuñó el termino solastalgia: “una forma de angustia causada por el deterioro ambiental que se experimenta al reconocer que el lugar en el que se vive, y que uno ama, está bajo ataque.”
Deterioro ambiental que se relaciona con catástrofes ecológicas como: sequías; incendios forestales; inundaciones; devastación de bosques y selvas; extinción de especies; exterminio de glaciares y; calentamiento global, que provocan aflicción y angustia al ser humano.
Por su parte, la Asociación Estadounidense de Psicología definió, por primera vez en 2017, la ansiedad ecológica como “un miedo crónico a la fatalidad ambiental”,
causado por la preocupación del impacto de los desastres ecológicos en el futuro de la vida propia y de los seres queridos.
Estos trastornos, afectan la salud mental a nivel comunitario, y el equilibrio emocional, acrecentando las adicciones y elevando los índices de violencia urbana y familiar.
El sentimiento de impotencia de frenar la destructividad del habitat del ser humano por el propio ser humano, seguirá aumentando ante la ausencia de acciones efectivas y de una política pública sostenible, integral e incluyente.
En este contexto, es prioritario atender el llamado del IPCC: “…es urgente adoptar medidas inmediatas y más ambiciosas para hacer frente a los riesgos climáticos. Ya no es posible continuar con medias tintas.”
Medidas, acciones y políticas públicas de mitigación y adaptación al cambio climático que formen parte de un programa de desarrollo sostenible en el que participen gobierno, empresas y sociedad, y considere aspectos como: consumo sostenible de los recursos naturales; movilidad eficiente y sostenible; cultura ecológica; vivienda y construcción sostenible; suministro adecuado de agua; y uso de energías renovables, entre otros.
En tanto lo factores de estrés señalados sigan presentes en la sociedad, es imprescindible apoyar y orientar a la población con padecimientos como la solastalgia y la ansiedad ecológica que se suman a otros desórdenes emocionales, y al descontento ciudadano, deteriorando el tejido social y familiar y acrecentando la tensión política.
El autor es Economista, demógrafo y politólogo. Profesor de la Universidad Autónoma de Nuevo León.