Hace algunos días se presentó la encuesta Así Vamos 2021, realizada por la organización Cómo Vamos NL y el CIE de la Facultad de Economía de la UANL. Esta encuesta es una herramienta que mide la percepción de los neoleoneses en temas de economía, educación, salud, seguridad y gobierno, entre otros. Junto con otros estudios, esta encuesta busca ofrecer una perspectiva del ecosistema político, económico y social del estado y también pretende impulsar conversaciones y fortalecer la toma de decisiones.
Conocer las percepciones ciudadanas de la realidad de un estado, de un municipio o de un país representa una gran oportunidad para tomar decisiones de política pública que efectivamente mejoren la calidad de vida de los ciudadanos. Una de las grandes problemáticas en la administración pública es que muchas decisiones son tomadas desde el escritorio de un burócrata que poco sabe acerca de los problemas que enfrenta la población día a día.
Este ejercicio, aun y cuando parece muy lógico e indispensable en toda administración pública, no es en realidad una práctica común o que se realice desde hace mucho tiempo. El concepto que sustenta el ejercicio de medición de indicadores sociales tiene sus orígenes formales apenas a finales del siglo pasado. En los años 70s se impulsó de manera decidida la medición de indicadores que fueran más allá de los aspectos económicos. Ya en los años 90s aparece el Índice de Desarrollo Humano coordinado por el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y se inicia una medición del desarrollo que contempla, además del ingreso per cápita de un país, aspectos de salud y de educación.
Con el nuevo milenio aparece el movimiento “Beyond GDP”, que buscaba desarrollar un concepto más integral de la medición de la calidad de vida y el bienestar de los ciudadanos. Así, en el año de 2009 aparece el Reporte de la “Comisión Stiglitz” en el cual se reconoce la necesidad de cambiar el enfoque de la medición oficial, de los aspectos económicos hacia el bienestar de la población.
Con el tiempo hemos aprendido que, para que esta práctica sea efectiva, se requiere de una serie de etapas. Primeramente, se debe de establecer el ideal que buscamos, incluyendo los diversos componentes que integran este ideal. Así, se puede buscar una mejora en la calidad de vida y para ello es preciso definir los indicadores que influyen en la calidad de vida de los ciudadanos. Un ejemplo de ello es el Better Life Index de la OECD, que considera 11 dimensiones y 24 indicadores que se usan para evaluar el bienestar en los países. Posteriormente, es preciso medir y monitorear periódicamente estos indicadores para saber si se está avanzando hacia la meta señalada. Si el avance es adecuado, se puede seguir por el camino trazado; pero si no hay avances, es preciso modificar las estrategias.
Esta práctica nos ofrece una gran oportunidad para aplicarla en varios aspectos de nuestra vida, pero a veces no sabemos cómo hacerlo. Tomemos a las empresas como ejemplo. Hace tiempo, Bill Gates expresaba que gracias a la lectura de un libro había descubierto que, para avanzar hacia el éxito, tenía uno que establecer una meta y definir las métricas para saber si se estaba avanzando hacia ella. En sus palabras: “Uno puede lograr un avance increíble con solo establecer una meta clara y encontrar una manera de medir lo hecho de manera tal que permita impulsar el avance hacia esa meta.” Y concluye: “Esto puede sonar bastante básico, pero me resulta sorprendente la frecuencia con que no se hace y lo difícil que es hacerlo bien”
Si vamos más allá, el establecimiento de metas, la definición de indicadores y su monitoreo pueden también aplicarse en el plano personal. Pensemos en nuestras resoluciones de año nuevo. Supongamos que decidimos que este año trabajaríamos más en nuestro bienestar personal. El objetivo sería mejorarlo y para ello se tendría que trabajar en sus dimensiones que son el bienestar material, el físico y el emocional.
Para no entrar en muchos detalles, tomemos solo la dimensión del bienestar físico y pongamos como ejemplo algunos indicadores: peso corporal, comida saludable, horas de sueño y condición física. Si mejoramos estos indicadores, estaremos mejorando nuestro bienestar físico. El peso es fácil de monitorear. Si queremos bajar de peso, la báscula nos indicará si vamos por buen camino o no. Lo mismo aplica para las horas de sueño ya que es sencillo saber cuántas horas tenemos de sueño al día. En algunos casos no es tan fácil definir y monitorear un indicador. En el caso de comida saludable, por ejemplo, el indicador puede ser los días en que respetamos la dieta que hemos adoptado. En el caso de la condición física, podemos monitorear los días que vamos al gimnasio y cumplimos con las rutinas establecidas.
Todos aspiramos en general a una mejor vida, ya sea en nuestras comunidades, en nuestras empresas o en lo personal. Establecer metas reales y alcanzables, junto con los indicadores adecuados para monitorear los avances son herramientas básicas que todos podemos utilizar.
Al final, medimos lo que atesoramos. Lo que no se mide, es muy difícil que se mejore.
El autor es consultor y conferencista en los temas de felicidad, bienestar y calidad de vida
Su correo electrónico es: pepechuy13@gmail.com