Hoy México vive un momento de gran dolor y reflexión por lo ocurrido en el estadio de fútbol en Querétaro ¿Podríamos aprender algo mas allá de las reglas de seguridad, las barras y la ausencia de las autoridades?
El fútbol es un motor capaz de movilizar a más gente que en cualquier concierto, capaz de generar más ilusión y esperanza que un partido político y de reunir la fe de la gente que ya no sabe en qué creer. Hoy el aficionado le exige mas a un equipo de fútbol que a un gobernante.
Este deporte forma parte del mundo actual que representa la sociedad de masas que todo lo envuelve. Está presente en cualquier parte del mundo y tras él hay intereses ocultos. Unos pocos lo utilizan como instrumento de poder para hacer dinero, controlar y manipular, mientras los aficionados son mudos testigos de este espectáculo.
Si los emperadores romanos hablaban de pan y circo, aquí ocurre algo parecido. El objetivo es que la gente esté pendiente del partido, no que tenga tiempo para reflexionar sobre los acontecimientos de actualidad. Se oculta o tergiversa la realidad con ayuda de los medios de comunicación dejando al ciudadano ante una realidad construida desde el poder de unos cuantos.
El fútbol se comporta como un circuito que retroalimenta su interés constantemente. Se generan noticias antes, durante y después de los encuentros. Nunca se produce un vacío. Haya o no juegos, los mensajes fluyen de manera constante para mantener captada la atención de los aficionados. Algo tan pequeño como el esguince de un jugador puede convertirse en tema de apertura de los periódicos deportivos y las conversaciones de las redes sociales por días. El balón gira y gira sin parar y el resultado es una especie de realidad aumentada.
Este fenómeno social ha rebasado la libertad del ser humano tomando por sorpresa al inconsciente colectivo para captar la atención y reacción de las personas. Las incontables discusiones y burlas en las redes sociales y en los grupos del Whatsapp calientan la competencia como si cada escribano fuera a ganar el partido y con esto una mejor vida. Se crean expectativas y deseos que distraen de una realidad en la que se esconden nuestras frustraciones a las cuales no se desea enfrentar.
El reto que tenemos es el descubrir hasta dónde ha llegado y como es que podemos avanzar al lado del fútbol sin convertirnos en el fútbol. Hemos integrado a este deporte como una salida de desconexión a nuestra realidad. Se ha convertido en un espacio de liberación de euforia y sentimientos depresivos que se acumulan durante la semana para sacarlos el día en donde los colores del equipo y sus dioses del campo nos liberaran. Sucede que solo se olvidan por 90 minutos y aunque exista algo de alegría con unas horas más por que gano el equipo del aficionado, al siguiente día cada aficionado regresa a su realidad; aquella a la que muchos temen enfrentar.