Monterrey

José de Jesús García: Aristóteles

Aristóteles sostiene que todo lo que existe está orientado hacia un fin que le es propio

Una de mis declaraciones favoritas que uso en mis charlas de felicidad es atribuida a Aristóteles: “La felicidad es el fin último del hombre”. Esta declaración es contenida en su libro Ética a Nicómaco, en el cual aborda el tema de la felicidad y su consecuencia que es la vida buena.

Esta frase me ha generado algunas discusiones, en su mayoría interesantes. Algunas personas no aceptan a la felicidad como el objetivo principal de sus vidas y hablan de otros fines como la fortuna, el servicio o inclusive el éxito. Mi defensa de esta declaración es y será muy simple: lo que hacemos tiene como fin último la felicidad, aunque el término nos parezca egoísta o aunque le llamemos de otra manera. Es muy difícil para mí pensar que alguien tomará decisiones que no le lleven a la felicidad, en el corto o en el largo plazo.

Aristóteles sostiene que todo lo que existe está orientado hacia un fin que le es propio. Por ejemplo, un carro tiene la función de transportarnos y en la manera que nos pueda transportar bien, tendremos un buen uso de ese carro. Si queremos que el carro nos sirva para ir de pesca en el mar, entonces estaremos dándole un mal uso a ese carro.

Si el fin último de nuestras vidas es ser feliz, entonces debemos de orientar nuestras acciones para lograr ser felices. Si nos desviamos de ese propósito, estaremos dando un mal uso a nuestras vidas. Por otro lado, si lo que buscamos es ser excelentes profesionistas, destacados deportistas o millonarios, entonces nuestras acciones deben orientarse en consecuencia.

Pensemos que nuestro objetivo en la vida coincide con la máxima aristotélica y que nuestro fin último es la felicidad. La siguiente pregunta es qué es la felicidad. Mi sentir es que todos tenemos una definición propia de lo que es la felicidad e incluso podemos tener más de una.

La definición de la felicidad como fin último de nuestras vidas no es un asunto trivial. Si una empresa no tiene claro cuál es su misión, visión o propósito será muy difícil encaminar sus acciones hacia el éxito. Tampoco podrá evaluar si los resultados parciales están contribuyendo para el logro de los objetivos. De igual manera, si en lo personal no tenemos clara una definición de lo que es nuestra felicidad, no sabremos si nuestras acciones están aportando avances para lograr una vida de calidad.

En lo personal, la definición que más me agrada es aquella que establece que la felicidad consiste en estar satisfecho con la vida. Tratando de ser más específico, sostengo que la felicidad es estar satisfecho con lo que se tiene, con lo que se hace y con lo que se es. Podemos tener lo que deseamos, pero si nuestro trabajo no es interesante, el tiempo que pasamos laborando puede ser una merma muy grande de nuestra felicidad.

Si nuestro objetivo en la vida es ser felices, ¿Qué podemos hacer para lograrlo? Un consenso que existe entre los estudiosos de la felicidad es que en gran medida la felicidad es una decisión propia. Podemos tener mucho o poco, podemos trabajar en una empresa agradable o aburrida, podemos ser lo que aspiramos o no, pero si nosotros tomamos la decisión, podemos decir y sentir que somos felices.

Otra premisa que es vital es que la felicidad es un proceso más que una meta. Lograr metas representa una inyección de dopamina que hace que nos sintamos felices. Pero si nuestras metas son complicadas o requieren de un plazo largo para su cumplimiento, la dopamina estará ausente y la felicidad tardará mucho en llegar. Si encontramos la manera de disfrutar la vida mientras avanzamos hacia nuestras metas, entonces habremos encontrado la verdadera felicidad.

Si bien mucha de la felicidad viene del interior, los estímulos externos son importantes también. Y si consideramos que la felicidad es un cúmulo de emociones positivas, también hay que considerar otros aspectos que nos generan estas emociones. Es aquí en donde la felicidad y el bienestar integral se fusionan: para ser felices, necesitamos gozar de bienestar. Y como lo hemos expresado en columnas anteriores, para una felicidad duradera, necesitamos del bienestar físico, del material y del emocional.

El mismo Aristóteles señala que antes de buscar una vida llena de virtudes, busquemos satisfacer las necesidades básicas de todo ser humano. En su propuesta nos indica que una felicidad completa se da cuando buscamos nuestro bienestar y al mismo tiempo, buscamos las felicidad de los demás. En ese sentido, la virtud juega un papel muy relevante en la felicidad aristotélica: alcanzaremos la felicidad cuando practiquemos la virtud y nos alejaremos de ella cuando practiquemos el vicio.

La virtud no llegará de manera automática, tenemos que trabajar en ella. La repetición de acciones positivas y la disciplina de no caer en vicios, hará que nuestros hábitos se conviertan en virtudes. Y si bien nunca lograremos el grado de perfección, si podemos aspirar a una vida feliz, en la que podremos disfrutar de nuestro día a día y en la que podremos ayudar a los demás a ser felices también.

Al final, hemos sido provistos de recursos poderosos para disfrutar de nuestra vida. Depende de nosotros que hagamos un buen uso de esos recursos y seamos felices.

El autor es consultor y conferencista en los temas de felicidad, bienestar y calidad de vida

Su correo electrónico es: pepechuy13@gmail.com

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