Después de un año complicado donde se pudo ver parcialmente la recuperación de la economía mexicana es momento de preguntarse ¿qué nos depara en materia económica el 2022?. Para dar respuesta a esta interrogante se pueden analizar los siguientes indicadores:
PIB. El PIB en el 2021 terminará, según la OCDE, con una tasa de crecimiento estimada en 6.9%, luego que en 2020 cayó 8.2% en términos anuales. Para 2022 se estima la economía crecerá 3.3%, y 2.5% en 2023. Esto muestra que, aunque se logrará cerrar el 2021 con una tasa positiva, será insuficiente para compensar los dos años (2019 y 2020) en que la economía mexicana decreció. ¿Por qué es posible creer que estos resultados puedan lograrse?. Primeramente, las exportaciones mexicanas se ven favorecidas debido a la paulatina recuperación de los Estados Unidos de América, así como al aumento en el consumo, el mayor porcentaje de población vacunada, y el crecimiento en inversiones favorecidas por los proyectos de infraestructura previstos.
Sin embargo, la fuerza con la que la cuarta ola del Covid19 pueda pegar en México y Estados Unidos afectará negativamente estas estimaciones. Si bien se sabe que la variante Omicron es menos grave que las anteriores, también es cierto que no se ha logrado vacunar al 100% de la población objetivo y esto llevará a cierres parciales (reducciones) de la actividad económica.
Inflación. La inflación ha sido un dolor de cabeza para la economía mexicana. Claramente terminaremos 2021 con una tasa (7.2%) más allá del doble de la meta oficial de acuerdo con la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado que recolecta Banxico, aunque es posible esperar que la inflación del 2022 (4.12%) será mucho menor que la del 2021, ésta se ubicará aun por encima de la meta (3%). Es decir, aunque se prevé que la tasa inflacionaria pueda reducirse aún seguirá manifestándose como un problema para la economía mexicana, debido a la existencia de dos aspectos esenciales, el componente inercial de la inflación (actualmente a la alza) y que los productores han tenido que asimilar, a costa de sus márgenes, el aumento de sus costos de producción, y, eventualmente, reflejarán estos aumentos en mayores precios al consumidor.
Desempleo. Aunque el desempleo de alguna forma ha visto una recuperación parcial, el FMI y el Banco Mundial estiman que el desempleo cierre en 4.1% en 2021 y en 2022 sea de 3.7%. Sin embargo, la realidad de este indicador no debe verse desde la fría óptica del número, sino de la calidad de los empleos recuperados y el sueldo con el que se reactivaron. El que las cifras de desempleo muestren una mejoría es algo natural en México en donde no existe un seguro de desempleo y el trabajador que queda en estas circunstancias se ve obligado a prácticamente tomar la primera opción que le surja. Aunado a esta información lo relevante está en el análisis del mercado de la informalidad, y para muestra basta decir que a octubre de 2021 la informalidad alcanzaba al 56% de los trabajadores.
Los indicadores anteriores, aunado a un eventual aumento de los ingresos tributarios en razón de la reforma fiscal aprobada por el H. Congreso de la Unión, ayudan a visualizar escenarios positivos para la recuperación económica en el 2022, sin embargo, debemos estar atentos a algunos factores que ponen esta situación en alerta, como lo son el turismo, el consumo y la inversión que se encuentran en niveles inferiores a los que tenía antes de la pandemia, lo que obliga a reforzar su crecimiento. Adicionalmente, el grupo Bancomer Research menciona que no se debe perder de vista el riesgo inherente que representa la reforma eléctrica que podría provocar una regresión en el sector eléctrico, lo que conllevaría una disminución en la inversión y un aumento en el riesgo país.
El gobierno de México continúa teniendo un gran reto para este 2022, un año de obstáculos, tanto en materia económica como financiera, ya que no solo se trata de estabilizar la inflación y disminuir el desempleo, sino también de conseguir una plena recuperación económica. Sin embargo, ante grandes retos deben proponerse y aplicarse grandes soluciones como incrementar los ingresos tributarios (cabe mencionar que México ocupa el último lugar en este rubro en términos de la proporción del PIB entre los países de la OCDE). Además, se debe fortalecer la confianza hacia los inversionistas, así como reforzar y acelerar el proceso de vacunación para la población menor de 15 años, y el de la tercera dosis para el resto de la población.
En resumen, se puede ser optimista, pero con cautela, el panorama aún no ofrece signos claros de una mejoría real y evidente con la que podamos estar en condiciones similares a 2018. La economía mexicana podría mejorar en este año, aunque esto no significará haber salido de la crisis sanitaria ocasionada por el covid-19, ya que todos los indicadores muestran que la recuperación será marginal e insuficiente para contrarrestar al 100% los efectos de esta pandemia.
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El autor es Director del Programa Académico de la Licenciatura en Economía en la Universidad de Monterrey y Presidente de la Asociación Nacional de Instituciones de Docencia e Investigación Económica, AC.