Seguramente como yo, muchos escucharon por primera vez la expresión carpe diem gracias a la película “La Sociedad de los Poetas Muertos”. Sin duda, esta película fue una de las más destacadas que protagonizó Robin Williams y, en lo personal, una de mis favoritas.
Inspirada en un poema de Walt Whitman, la película trata de un profesor que busca motivar a un grupo de estudiantes a hacer de sus vidas algo extraordinario, usando para ello la frase carpe diem. Carpe diem significa “aprovecha el día”, no malgastes tu tiempo y busca disfrutar al máximo la oportunidad que te ofrece la vida de vivirla y ser feliz.
Las primeras líneas del poema de Whitman reflejan de manera clara el mensaje: “Aprovecha el día. No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber alimentado tus sueños”.
Pero, ¿cómo se puede aprovechar el día en un mundo rodeado de actividades que nos distraen y que con frecuencia provocan un desperdicio de nuestro tiempo?
Hace apenas unos años aprendí la relevancia del concepto de “Agencia”. En el pasado, las únicas agencias que conocía eran las de autos y las de viajes. En administración, un “agente” es la persona encargada de llevar a cabo ciertas operaciones a nombre de otro. El agente tiene la autoridad para tomar decisiones buscando lograr los objetivos de quien le otorga el encargo.
En el plano psicológico, se dice que una persona ejerce la agencia cuando actúa con intencionalidad, cuando se auto regula y se es proactivo, en lugar de dejar que otros sean los encargados de llevar el control de su vida. Y este tema no es trivial. Muchos de nosotros vamos por la vida tratando de complacer a los demás. En su libro The Top Five Regrets of the Dying, Bronnie Ware señala que el lamento más común de la gente que estaba a punto de morir era el de no haber vivido una vida acorde con lo que querían y en lugar de lo que querían los demás.
Tomar el rumbo de nuestras vidas es más fácil decirlo que hacerlo. La presión del qué dirán nuestros amigos, nuestra familia o simplemente, los que nos conocen, es siempre un incentivo para olvidarnos de nuestro bienestar y tratar de quedar bien con los demás. Para ejercer la agencia en nuestras vidas requerimos madurar y dejar atrás un poco el estar al pendiente del juicio de los demás.
Una de las recomendaciones más comunes para ser felices se refiere a la actitud. Ya Viktor Frankl nos recomendaba desde hace tiempo que ante cualquier circunstancia de la vida, siempre tendremos el derecho a adoptar la actitud que más nos convenga. Si las cosas no van bien, con un poco de actitud podremos ver el lado bueno de las mismas y seguir luchando por salir adelante. Frankl hablaba con conocimiento de causa: para sobrevivir a un campo de concentración Nazi, ciertamente se requería una actitud inquebrantable.
Entonces, ¿Cómo aprovechar el día y ser felices ante las circunstancias que nos rodean? Muchos de nosotros tenemos que enfrentar rutinas que no son del todo agradables, compañeros de trabajo que son un martirio, familiares complicados, situaciones de inseguridad, corrupción y abusos de autoridad, etc. Y si, una buena actitud es de gran ayuda, pero eso no evita que parte de nuestro día a día nos tengamos que enfrentar a situaciones desagradables.
Una de las películas que más me han gustado es la de El Gladiador. En uno de los diálogos, Maximus le pregunta a Cicerus, su sirviente: “¿Tus labores se te hacen pesadas?” A lo que Cicerus le responde: “A veces hago lo que tengo que hacer; el resto del tiempo, hago lo que me gusta hacer”.
La vida no es perfecta, ciertamente. Tiene momentos agradables y otros no tan agradables. Pero en general, las oportunidades de hacer lo que nos gusta están ahí, solo es cuestión de aprovecharlas. Con frecuencia pasamos buena parte de nuestra vida haciendo actividades rutinarias, que no necesariamente nos brindan felicidad, pero que tampoco son obligaciones que tenemos que cumplir. Ejemplos de ello son la TV y los aparatos electrónicos: pasamos una buena parte del tiempo en ellos sin estar realmente disfrutando de la vida.
Hagamos uso de nuestra capacidad de agencia. Tomemos las decisiones que nos brindan una mayor oportunidad de ser felices. Después de hacer lo que “tenemos que hacer”, busquemos las opciones para hacer lo que “nos gusta hacer”.
Aun en los casos extremos en los que nuestra libertad se ve coartada, siempre tendremos espacios para disfrutar de la vida.
Aprovechemos el día, el mes, el año. Vivamos intensamente. Seamos felices.
Carpe diem.
El autor es consultor y conferencista en los temas de felicidad, bienestar y calidad de vida
Su correo electrónico es: pepechuy13@gmail.com