Alguna vez, en tu etapa de estudiante, te tocó tomar una materia con el profesor más respetado. Sí, aquel con doctorado, estancias académicas en universidades de prestigio, artículos y libros publicados, con cientos de diplomas en su oficina. Pero que, al llegar, no interactúa con los estudiantes, habla en voz baja y de manera monótona, no responde a las preguntas. Sales y lo primero que piensas es: no entendí nada.
O bien, te ha tocado prepararte para una reunión en tu trabajo. Haces una gran presentación, tienes fotos, videos y la información necesaria para sorprender a tus jefes. Se llega el día y las cosas no salen como te las imaginabas: a la hora de exponer, por los nervios, se te olvidó la información y la reunión resulta un fracaso.
Dos escenarios, una misma reflexión: hablar no es lo mismo que comunicar.
Muchas veces cometemos el error de pensar que la comunicación no es para todos. Asumimos que, eso de “hablar bien”, es para las personas que quieren trabajar en la televisión y la radio, o por supuesto, para las personas que se quieren dedicar a la política y más recientemente a las redes sociales.
Nos preparamos para tener una gran formación académica, pero no logramos comunicarlo de manera clara.
¿Por qué? Porque pensamos que no somos buenos hablando en público o escribiendo un mensaje. Yo te preguntaría, ¿cuántas veces has pasado horas con una hoja en blanco sin poder escribir un correo, una carta o un mensaje? ¿cuántas veces has perdido la oportunidad de dar una gran exposición por el miedo a hablar ante desconocidos?
No nacemos sabiendo caminar, tocar una guitarra o conducir un carro. La mejor, y probablemente única receta para ser un mejor comunicador, es practicar, practicar y practicar.
Y lo es porque la comunicación es fundamental en la formación de liderazgos de todo tipo: políticos, empresariales, sociales o académicos.
Pareciera que, muchas veces, no tenemos claro para qué comunicamos. La gran mayoría de las veces lo hacemos para que nos escuchen, pero, deberíamos de hacerlo para que nos recuerden, para convencer, para ganar seguidores o para generar confianza.
¿Qué hace diferente a los mensajes de Martin Luther King, John F. Kennedy o Steve Jobs de otros? Que tenían claro que querían persuadir a sus oyentes. Conocían a su público, entendían sus problemas, pero también sus aspiraciones y hablaban de ideas de las que estaban profundamente convencidos.
No es mejor comunicador quien más sabe. Es mejor comunicador quien es creíble, quien logra construir imágenes y generar emociones en sus seguidores, pero sobre todo, quien tiene un impacto en su vida.
No se trata de hablar con palabras rebuscadas para parecer más importante o inteligente que los demás, algo que siempre le menciono a los políticos, se trata de poner en palabras los sueños de una comunidad y lo mejor, de poder hacerlos realidad.
El autor es Maestro en Comunicación Política y Gobernanza Estratégica por The George Washington University. Profesor universitario en el Tecnológico de Monterrey y socio de Poligrama.