Las recientes elecciones en Honduras son un ejemplo más de la llamada teoría del péndulo en la que constantemente oscilamos en proyectos políticos de derecha cuyos pobres resultados abren la oportunidad a promesas incumplidas de grupos de izquierda, y así nos vamos de extremo a extremo. De gobiernos de derecha a gobiernos de izquierda con efímeros momentos de centro. Unos y otros se turnan en el poder quedando siempre en medio el pueblo, quien con su voto lleva a estos grupos al poder, no obstante gobiernos van y gobiernos vienen sin resolver las profundas carencias y necesidades de poblaciones crecientemente empobrecidas.
El triunfo a la presidencia de Xiomara Castro del partido de izquierda Libertad y refundación, con más del 50% de los votos es un claro reflejo del hartazgo de los hondureños ante los pobres resultados de gobiernos anteriores. En voz de la propia Xiomara se promete “revertir 12 años de lágrimas y de dolor en alegría” ya que ella se compromete a refundar el país, a luchar sin sosiego contra la corrupción y hace un llamado a todos los sectores para sumarse a esta transformación. También promete derogar las reformas a muchas de las leyes del mandato anterior y a luchar contra grandes problemas como la pandemia, la migración, la crisis económica y los desastres naturales, flagelos que sufre el pueblo hondureño.
Resulta paradójico el continuo discurso que hace para poner fin a la corrupción haciendo un llamado a la reconciliación, la paz y la justicia. Sin embargo, el pueblo parece olvidar que su ahora triunfante candidata es esposa de Manuel Celaya, quien fue también presidente de Honduras del 2006 al 2009 y quien durante su mandato y hasta el día de hoy ha sido profundamente cuestionado por el manejo irregular de las finanzas públicas. Instancias internacionales como la Agencia Sueca Internacional de Cooperación y Desarrollo señaló en un informe en 2007 que el gobierno había dilapidado toda una serie de recursos en operaciones diversas, publicidad, asuntos personales del propio presidente Zelaya y viajes al extranjero al punto que el propio gobierno de Estados Unidos advirtió a sus empresarios abstenerse de invertir en el país.
El esposo de la hoy triunfante en las elecciones hondureñas fue acusado por el Ministerio Público de delitos contra la forma de gobierno, traición a la patria, usurpación de funciones en perjuicio de la administración pública y el Estado de Honduras y se libró una orden de captura para ser sometido a juicio político… Para el año 2010 todos estos delitos le fueron retirados por una amnistía aprobada por el Congreso Nacional como gesto para superar la crisis política en la que estaba sumergido el Estado hondureño, no obstante, están lista de delitos de que se le acusó queda como referencia para la poca credibilidad que hoy tiene la lucha contra corrupción y la defensa de la democracia que promete Xiomara Castro.
Vaivenes entre partidos de izquierda y derecha son la constante, recordemos la primera oleada en Latinoamérica que llevó al poder, al arranque de este siglo XXI a candidatos como Hugo Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, Kirchner en Argentina, Mujica en Uruguay, Bachelet en Chile por sólo citar algunos. El inicio del siglo XXI significó para América latina un momento de confianza a estas orientaciones políticas de izquierda muchas de ellas en extremo populistas, no obstante, los magros resultados de estas gestiones llevaron al poder a grupos de derecha como Pineira en Chile, Bolsonaro en Brasil, Macri en Argentina. A fechas recientes el péndulo nuevamente viró hacia las izquierdas y hoy Alberto Fernández en Argentina, Bukele en el Salvador, Castillo en Perú y el propio presidente Andrés Manuel López Obrador en México a quiénes se suma Xiomara Castro son reflejo de esto.
Los profundos retos en el continente como corrupción, pobreza, desempleo, falta de Estado de derecho, y otros tantos lastres no se resolverán oscilando entre izquierdas y derechas si no se ataca de fondo cuestiones estructurales. Promesas de justicia, equidad, paz, se repiten en todo el espectro político.
A nivel local ocurre lo mismo baste voltear a nuestro país y ver los gobiernos en entidades como Jalisco, Tamaulipas, Nuevo León, y otros tantos en los que los relevos en el espectro político son constantes pero los resultados siguen ausentes.
El estado de Nuevo León ha pasado por gobiernos de derecha encabezados por el PAN, de Centro con el PRI y ahora de izquierda con Movimiento Ciudadano, démosle la oportunidad al actual gobernador de demostrar con resultados las promesas de campaña. Basta de discursos, es momento de pasar a la acción más allá de colores y orientaciones partidistas.
La autora es Doctora en Relaciones Internacionales, especialista en Asuntos Globales y Política Internacional. Profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey.