Monterrey

Angel Maass: ¿Desafiando límites?

No deberíamos tomar una posición de incredulidad y menos cuando el tema de la pandemia lamentablemente ha traído daños colaterales.

El título de la presente columna tiene varias aristas y probablemente usted coincida. Cabe señalar que el orden de ideas no necesariamente tiene que ver con la importancia u orden cronológico de las aquí plasmadas.

En primer lugar, se me viene a la mente la siguiente interrogante: ¿Qué hemos aprendido durante los prácticamente dos años de la era COVID19 en nuestro país y más concretamente donde radicamos?

Por aras del destino me ha tocado vivir este período en tres entidades federativas. Como analista, me ha tocado observar la diferente percepción de riesgo de la sociedad ante la pandemia. Sin entrar mucho a detalle, algunas personas son más precavidas, mientras que otras son más incrédulas y lamentablemente han tenido un comportamiento reactivo cuando la perspectiva les cambia de un día a otro.

Al respecto, la reciente variante ómicron pone en riesgo nuevamente a los sistemas de salud, así como a los mercados financieros, que de hecho han tenido una gran volatilidad desde que se dio a conocer la nueva cepa. Más allá de las opiniones de expertos en materia de salud considero que no estaría mal el mantener la guardia y más aún con los antecedentes de las distintas olas de contagio.

Cambiando al tema político, hemos sido testigos que al menos en el pasado reciente se han tomado ciertas decisiones que han exacerbado la volatilidad del peso y otros indicadores financieros, inclusive mermando la confianza institucional. De hecho, todos estos factores pudieron tener una influencia en la caída del Producto Interno Bruto (PIB) anunciada la semana pasada, entre otros factores.

Como una muestra de lo anterior, pongo sobre la mesa el cambio repentino e inesperado de la nueva propuesta para ocupar el cargo de Gobernador de Banco de México (Banxico). Quiero dejar claro, que soy una persona que apoya la equidad de género. Lo que definitivamente llamó mi atención y seguramente también la de usted estimado lector fueron las formas en cómo se dieron estos cambios.

Recuerdo que incluso mi primera columna en este espacio (véase: Y en torno a la reforma de Ley a Banxico… ¿El caldo o las albóndigas?, publicada 18/dic/2020), comentaba que las agencias calificadoras realizan revisiones a sus respectivas calificaciones por lo menos una vez al año. No obstante, cualquier hecho significativo desde su punto de vista podría motivarlos a llevar a cabo otro comité en donde se decidiría el futuro del rating soberano.

De aprobarse la designación para ocupar las riendas de Banxico, cual sería la percepción de las distintas calificadoras sobre la autonomía que ha mantenido esta honorable institución a través del tiempo.

Nuevamente subrayo que no quiero satanizar la designación referida, sino hacer hincapié de que también se han tomado otras decisiones de carácter institucional que desde mi punto de vista han incidido en una menor inversión Extranjera Directa, así como una salida de capitales del país.

Habiendo puesto este par de ejemplos, considero que no deberíamos tomar una posición de incredulidad y menos cuando el tema de la pandemia lamentablemente ha traído daños colaterales como inflación, desempleo, estrés, ansiedad, sólo por citar algunos. De aquí precisamente se destapa el título de la columna. En este sentido, pareciera que tanto a nivel personal como en las distintas esferas del gobierno hemos estado desafiando límites.

No intento afirmar que está mal ir más allá, siempre y cuando tengamos un plan bien definido, con sus respectivas estrategias en caso de que se presentara alguna o varias eventualidades de manera conjunta y que siempre tengamos en mente las posibles consecuencias.

Retomando el tema de las calificadoras, ¿qué pasaría si perdiéramos el grado de inversión de la calificación soberana? Bajo este escenario hipotético, le adelanto que, en primera instancia, se tendría un afecto que impulsarían más aún el alza de las tasas de interés ante el actual entorno inflacionario que se vive a nivel global y México no es la excepción.

Ante este panorama, como desafiaremos el venidero 2022, incluyendo los próximos destapes que seguramente iremos viendo de cara al siguiente sexenio del gobierno federal

El autor es economista por el Tecnológico de Monterrey (Campus Monterrey) con máster en finanzas y administración, ambos grados por EGADE. Actualmente es Director de Estudios Económicos y Relación con Inversionistas de Grupo Unicco, aunque las opiniones aquí plasmadas son a título personal.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.

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