En los últimos 13 años el índice SP 500 de la Bolsa de USA ha tenido al menos 6 episodios con caídas de entre 15 a 50 por ciento. En lo más álgido de la gran crisis financiera de 2008-2009 este indicador llegó a acumular un 55 por ciento de 2007 al mínimo de 2009. A raíz de la falta de acuerdos políticos en el congreso de USA para elevar el techo de endeudamiento, esta nación perdió la sagrada calificación crediticia AAA y propinó a la bolsa una caída en el orden del 18 por ciento. A finales del 2018 un evento de flight to quality o salida masiva de activos de riesgo hacia activos refugios en USA (bonos del tesoro y la misma divisa americana) el SP 500 cedió un 20 por ciento
Finalmente, a inicios de 2020 cuando habíamos pasado por alto los primeros brotes de Covid 19 en China, la exportación de la pandemia al resto del mundo impulsó un desplome en los mercados financieros globales. De manera súbita la complacencia de dormir en los brazos de Morfeo pasó despertar en los brazos de Satanás. En un mes el SP 500 perdió más de un tercio de su nivel.
Situaciones insólitas como el precio spot de petróleo a niveles de -$30 usd/pb, incremento del precio de dólar de 20 a 25.5 pesos, perdida de millones de empleo (desempleo USA 15%) y caídas del PIB de 9% acapararon los titulares y se convirtieron en la normalidad.
Por su magnitud esta circunstancia forzó a los Bancos Centrales y gobiernos de la mayoría de las naciones del mundo a inyectar trillones de USD de liquidez a los mercados financieros así como enormes cantidades de recursos a su economía vía el gasto púbico. La confianza retornó a los mercados y en tan sólo algunos meses, estos habían recuperado sus niveles pre pandemia. Del infierno a la gloria sin escalas.
La historia nos ha enseñado que después de cualquier periodo de calma, surge un evento negativo que vuelve a poner los pies en la tierra a los mercados despertándoles de sus excesos (euforia). La solución a la crisis en turno es la semilla de la siguiente.
La liquidez ha metido esteroides a la toma de riesgo, donde la aversión al riesgo y la prudencia brillan por su ausencia. Las materias primas, a partir de la última parte de 2020 han sido los grandes receptores de flujos llevando los precios de estas a niveles no vistos desde 2007. Esto sumado, irónicamente, a la estrechez laboral en USA (hace un año había millones sin empleo) y los cuellos de botellas en las cadenas de suministro han llevado a la inflación a niveles de 4.5%, no vistos en esa nación al menos en los últimos 25 años en ese país.
Si la historia se repite, los bancos centrales se verán forzados a retirar los estímulos monetarios así como a elevar las tasas de interés. Esta situación en automático genera una salida de capitales de activos de riesgo (Bolsas, materias primas, divisas, bonos de mercados emergentes y corporativos de alto rendimiento, etc.) generando disrupción en los mercados en distintas magnitudes de acuerdo a la zona geográfica.
Se ve retador el panorama en los sectores privados y públicos altamente endeudados. Recordemos que muchas naciones tenían elevados niveles de deuda pública/ pib previos a la pandemia. Ejemplos de ellos abundan como la Europa periférica aka PIGS (España de 100 a 120 por ciento y Grecia de 180 a 205 por ciento deuda pública/pib), Evergrande, el sector inmobiliario chino con alto riesgo crediticio, mercados emergentes con elevados niveles de deuda a corto plazo y en moneda extranjera. Considere también los sectores de la economía en territorios burbuja, bolsas con valoraciones altas y altas expectativas.
Es muy difícil saber cuándo los reflectores apuntaran a cada uno de esos factores de inestabilidad, pero tarde o temprano se presentarán y generaran turbulencia y pánico. No sonará la campana ni habrá avisos previos, de un día a otro como el Covid, aparecerán en nuestra vida.
“A río revuelto, ganancia de pescadores”-Dicho popular
El autor es profesor del Departamento Académico de Contabilidad y Finanzas de la Escuela de Negocios del tecnológico de Monterrey. Su correo es juliopuon@tec.mx / IG: @juliopuon