Es común asociar a las empresas familiares con pequeños negocios, con poca profesionalización en sus procesos de negocio, y tal vez hasta con un alto índice de mortandad. La realidad es que existen mitos y realidades que vale la pena aclarar, por un lado, y en los que valdría la pena apostar, por otro, para que cada vez sean más admiradas por su contribución a la economía y a la sociedad.
La empresa familiar con visión estratégica y de largo plazo, propósito de trascendencia y compromiso con su entorno, eventualmente se transforma en un grupo económico de gran capacidad de acción y de relevancia económica y social. Estos grupos empresariales familiares se caracterizan por concentrar el control y la propiedad. Además de trabajar con perseverancia en la construcción de un patrimonio de largo plazo, los líderes de estos grupos empresariales también aprovechan las oportunidades para diversificarse, sin perder de vista aquellas que les permiten construir una verticalidad estratégica en sus negocios.
En el caso de México, estos grupos económicos contribuyen con un alto porcentaje al Producto Interno Bruto (PIB), así como en la generación de empleo. Un estudio realizado en el año 2018 y publicado en la revista CIMEXUS, muestra el impacto económico de los 10 grupos empresariales más grandes del país (entre los que se encuentran las empresas regiomontanas FEMSA, Alfa, Cemex y Gruma) su contribución al PIB y al empleo, resaltando los factores económicos, sociales y culturales que explican su predominio en los mercados que participan. En el periodo 2007-2016 estos 10 grupos tuvieron ventas equivalentes entre el 11 y el 15 por ciento del valor total del PIB nacional y generaron más de un millón de empleos en 2016.
Existen diversos factores que determinan el dinamismo económico de estos grupos empresariales: se preparan para tener acceso y atender a mercados internacionales, son capaces de establecer alianzas estratégicas con otras empresas, nacionales y extranjeras, tienen capacidad de absorber cierto nivel de riesgo haciendo sinergias entre sus propias empresas, generalmente invierten en nuevas tecnologías para incrementar su productividad y con ello la competitividad en el mercado nacional e internacional. A lo anterior anteceden períodos de esfuerzo, sacrificios, frustraciones y eventualmente triunfos; y tener una visión de largo plazo definitivamente contribuye a que los sueños se cristalicen y la continuidad juegue a favor.
En ambientes socioeconómicos como los que estamos viviendo, no podemos esperar a que los cambios nos sorprendan. Desarrollar habilidades y capacidades para proponer soluciones de manera ágil y flexible a los retos que se presentan día con día, permitirá a las empresas familiares construir su ventaja competitiva sostenible. Esta ventaja competitiva se identifica y se logra a través de tareas estratégicas como: el establecimiento de mecanismos inteligentes e incluyentes para la toma de decisiones, la promoción de una cultura de innovación, el ejercicio de un liderazgo responsable y consciente en los ámbitos social, cultural y económico; entre otras. Todo esto requiere, por supuesto, de determinación, entrega y deseos de trascender por múltiples generaciones; siendo éstas, características observadas en empresas familiares sólidas con visión de largo plazo.
Asumiendo que en los grandes grupos económicos existe un alto grado de institucionalización, tanto el impulso a nuevos emprendientos, como el aprovechamiento del capital relacional construido a lo largo del tiempo y una toma de decisiones informada y consensuada entre los grupos de interés, contribuyen a la generación de valor compartido y así al florecimiento de la familia empresaria, de acuerdo con la publicación de agosto de 2021 de la revista LEGADO. Ya lo narraba un comercial televisivo en los ochentas “si las cosas que valen la pena se hicieran fácilmente, cualquiera las haría”, lo cual aplica a los procesos de institucionalización en las empresas familiares; ello requiere de esfuerzo, dedicación, recursos, pero sobretodo de voluntad y deseo de trascender con plenitud. Es cuestión de decidirlo y poner corazón, mente y manos a la obra.
María Fonseca P. (maria.fonseca@tec.mx)
Directora del Instituto de Familias Empresarias de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey. Líder de opinión en temas de desarrollo económico y empresarial, empresas familiares, liderazgo e innovación. Creadora de iniciativas de impacto en el desarrollo y gestión de empresas familiares. Es Doctora en Relaciones Industriales por la Universidad de Toronto.