Monterrey

Zidane Zeraoui: Entre lo local y lo global

Si bien, podemos pensar que todo lo que pasa a nivel global es ajeno a nosotros y que debemos preocuparnos por los temas locales, ésta es una política del avestruz de enterrar nuestra cabeza en la tierra para no ver la realidad internacional que siempre tendrá de una manera u otra, un impacto en nuestra vida cotidiana.

En las últimas semanas, en Nuevo León, los medios de comunicación, las redes y distintas opiniones se han centrado en dinámicas extremadamente puntuales entre las que destacan la transición del gobierno estatal dirigido los últimos seis años por el Bronco a la esperanza que despierta el arribo de un joven gobernador, con muchas promesas, Samuel García. También hemos estado absortos en temáticas como la integración de los gabinetes de Colosio o de otros alcaldes. No faltan las notas que nos hablan de los escándalos de corrupción de las administraciones anteriores, al tiempo que llevamos más de 20 meses haciendo como nota cotidiana el tema del COVID, las vacunas, y la reciente decisión del gobierno de Estados Unidos de abrir las fronteras terrestres a los viajes no esenciales siempre y cuando se esté vacunado.

Sin lugar a duda, estos temas inmediatos atraen la atención en la región noreste y particularmente en ciudades como Monterrey. Sin embargo, no debemos perder de vista los asuntos globales que más allá del COVID, están redefiniendo una nueva agenda geopolítica mundial.

La creación, en septiembre, de la alianza militar AUKUS (Australia, Gran Bretaña y Estados Unidos) dirigida contra China, la polémica de Rusia con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), las críticas occidentales a la Organización de Cooperación de Shanghái, nuevamente los lanzamientos de misiles de Corea del Norte son, entre otros, temas que están redefiniendo una geopolítica planetaria y que en voz de algunos analistas, no fatalistas pero si realistas, advierte una confrontación hegemónica.

La última escalada de la tensión mundial se dio con el anuncio, el 18 de este mes, del ministro de Relaciones Exteriores de Rusia de cortar todos los lazos con la OTAN, a partir del primero de noviembre, por “su línea cada vez más agresiva” después de la expulsión de varios diplomáticos rusos de Bruselas. Esta decisión implica la suspensión de manera indefinida de la misión rusa en la Alianza Atlántica, además de la cancelación de la misión y el cierre del buró de la OTAN, ambos con sede en Moscú.

Esta decisión es una muestra muy clara de las tensiones existentes entre Rusia y los países occidentales: sanciones económicas, expulsión de diplomáticos, acusación de espionaje, ciberataques, además de otra nueva dimensión de ataque contra la presencia rusa en el mundo a través de la no autorización de su vacuna Sputnik V que tiene en jaque no sólo al gobierno ruso sino a un buen número de países que han inoculado a su población con este biológico. Por su parte, Moscú acusa a la OTAN de tener ambiciones de extenderse a Ucrania y Georgia al tiempo que señala la enemistad del mundo occidental y de sus instituciones como la Organización Mundial de la Salud.

Ya a principio de octubre, se habían expulsado a 8 miembros de la delegación rusa en Bruselas supuestamente “por sus actividades de espionaje”, a los que se sumaron recientemente 10 diplomáticos más, lo que conlleva a que la delegación rusa en la OTAN pasó de más de 30 miembros a menos de 10. De hecho, estas decisiones fueron más simbólicas en la medida que desde la anexión de Crimea por Rusia en 2014, las reuniones entre el Kremlin y la Alianza Atlántica estaban prácticamente paralizadas.

La situación actual muestra una falta de estrategia clara de la alianza militar del Atlántico Norte con relación al futuro de sus vínculos con Rusia y a un repunte de la tensión internacional, lo que advierte de manera contundente un regreso a la Guerra Fría que prevaleció durante la época de la Unión Soviética. Esta crisis entre Moscú y la alianza militar occidental a la que se suman la concreción del AUKUS, las tensiones en la península coreana y las rivalidades sino-americanas el mundo es claro escenario de confrontación en el que los mecanismos de cooperación parecen agotarse.

Si bien, podemos pensar que todo lo que pasa a nivel global es ajeno a nosotros y que debemos preocuparnos por los temas locales, ésta es una política del avestruz de enterrar nuestra cabeza en la tierra para no ver la realidad internacional que siempre tendrá de una manera u otra, un impacto en nuestra vida cotidiana.

El autor es Doctor en Ciencia Política, especialista en política internacionale y asuntos regionales. Profesor investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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