Se estima que en el mundo habemos más de 7,800 millones de personas, cifra alarmante si se compara con los 2,600 millones que se contaban alrededor de 1950. En el año 2000 se alcanzaron los 6000 millones, y tan sólo en las últimas 2 décadas se han sumado casi 2000 millones de personas. Este crecimiento exponencial resulta más preocupante cuando observamos los efectos de esta población en el planeta y su impacto en el deterioro medio ambiental, la ampliación de la brecha de desarrollo entre ricos y pobres, el agotamiento de los recursos, y otros tantos rubros. También esta gran población mundial está representando un reto frente a la pandemia del Covid-19, por una parte para contener las oleadas de contagios frente a las nuevas variantes del virus y por otra su vacunación.
Los datos que publica la Universidad de Oxford en su página Our World in Data, indican que en el mundo se ha alcanzado aproximadamente una taza de 46% de vacunados es decir menos de la mitad y no todos cuentan con el esquema completo ya que el 34% lo tiene y el 12% de forma parcial.
En México se calcula que ya se han administrados alrededor de 103 millones de dosis lo que equivale a 46.1 millones con dosis completa representando esto apenas el 35.7% de la población. En nuestro país se han aplicado ocho marcas de vacunas que incluyen Pfizer BioNTech, Astra Zeneca, Sputinik V, Sinovac, CanSino, Covaxim, Johnson & Johnson y Moderna, algunas de las cuales no han sido aprobadas, ni siquiera en casos de emergencia por la Organización Mundial de la Salud, y menos aún por un buen número de países entre los que destacan los de la Unión Europea. Pareciera que las autoridades mexicanas no se detuvieron a considerar todas las variables en el proceso de adquisición de vacunas no solo en el sentido de su eficacia contra la enfermedad sino sus implicaciones políticas.
El ritmo de la vacunación en el mundo es muy disímbolo, países como Estados Unidos ha inoculado al 64% de su población, Japón sorprende por tener un avance del 73% mientras que en el otro extremo encontramos a países africanos como Camerún que sólo ha avanzado con el 1.4%. Haití es un caso que requiere atención urgente ya que tan sólo al 0.4% de su población se les ha suministrado la vacuna. Acaso las autoridades mexicanas no han considerado esta situación al permitir la “permanencia” en territorio nacional a los miles de haitianos varados en la frontera y que ahora transitan libremente en varias ciudades del país. El tema de la vacunación no es una cuestión exclusiva de salud sino de seguridad nacional.
La reflexión no es sólo enfocarnos en el número de vacunados sino en el tipo de biológico suministrado lo cual nos habla de una nueva geopolítica en la que las posibilidades de movilidad internacional y transfronteriza, sea por cuestiones turísticas o de otra índole como laboral, y académica, está claramente limitada propiciando prácticas profundamente discriminatorias y de segregación, ya no sólo por cuestiones raciales, religiosas, étnicas o económicas sino por el hecho de haber sido o no inoculado y el tipo de la vacuna recibida.
Hace menos de un mes, Estados Unidos estableció nuevas condiciones para los viajeros que ingresan a su territorio solicitando, además de un test negativo de Covid-19 un documento que demuestre contar con el esquema de vacunación completo aceptando exclusivamente las vacunas Pfizer BioNTech, Moderna, Johnson & Johnson y Astra Zeneca, además aún no queda claro si aceptará o no las vacunas reconocidas por la Organización Mundial de la Salud aprobadas en casos de emergencia que incluyen las ya referidas además de Sinopharm y Sinovac.
La Unión Europea ha establecido un certificado digital de Covid-19 que permite tanto a los residentes de La Unión y viajeros procedentes de otras regiones moverse por los 27 países miembros siempre y cuando se esté vacunado con los fármacos autorizados por la Agencia Europea de Medicamentos que incluyen solamente Pfizer BioNTech, Moderna, Johnson & Johnson y Astra Zeneca.
La campaña de vacunación en México ha sido muy mal gestionada. No hay respuestas ante las crecientes dudas del magisterio que recibió la vacuna CanSino la cual carece de autorización por la OMS ni se cuenta con datos contundentes de su efectividad. Los vacunados con Sputinik V y Covaxim, tampoco podrán ingresar a Estados Unidos ni a los países de la Unión Europea. El proceso de vacunación está generando la discriminación de millones de personas en el mundo como consecuencia de la vacuna recibida la cual en muchos países incluido México la población no tuvo alternativa de elección ante la imposición autoritaria de los “responsables” de salud.
La autora es Doctora en Relaciones Internacionales, especialista en Asuntos Globales y Política Internacional. Profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey.