Monterrey

Jorge O. Moreno: Educación Básica y COVID-19: ¿Cómo conciliar necesidades y restricciones?

La educación, en particular a nivel básico, ha sido sin duda uno de los pilares que han promovido la movilidad social a nivel mundia, y en particular en nuestro país.

El estudio formal de la economía se fundamenta en analizar las decisiones que cada individuo y la sociedad en conjunto toman, en contextos en los que la escasez y las restricciones impuestas por los recursos escasos, la tecnología y el contexto institucional imponen limitantes imposibles de flanquear. De esas decisiones se analizan consecuencias, y se estudian cómo cambios en el entorno de esas restricciones modifican la toma de decisiónes, y además, como la implementación de políticas publicas pueden en principio remediar situaciones particulares en las cuales las instituciones de mercado son insuficientes para garantizar que la pura interacción de oferentes y demandantes puedan coordinar una solución óptima y eficiente.

La educación, en particular a nivel básico, ha sido sin duda uno de los pilares que han promovido la movilidad social a nivel mundia, y en particular en nuestro país. Como lo han demostrado históricamente estudios en el campo del Capital Humano, el acceso a una educación de calidad en la etapa temprana de un individuo es garantía de más y mejores oportunidades en su desarrollo personal, teniendo un impacto permanente en su vida y en su entorno inmediato.

Sin embargo, la pandemia por COVID-19 rompió abruptamente este canal de desarrollo social, con consecuencias que aún no conocemos en el largo plazo, pero anticipamos son catastróficas de no remediarse.

Es así que, de la mano de la evidencia que algunos trabajos realizados en conjunto con mis diferentes colegas y estudiantes sobre educación y mercado laboral, quisiera compartir algunas reflexiones sobre la pregunta que da origen al título de la presente entrega, en particular respondiendo a una necesidad imperante (la de recuperar la trayectoria académica y educativa de los infantes y adolescentes) ante una restricción imposible de superar: la vigente pandemia por COVID-19 con todas sus cada vez más letales variantes, con una política de vacunación insuficiente, y sin un tratamiento para poder garantizar la vida y recuperación de quienes adquieren esta terrible enfermedad.

En estas lineas describo puntos de análisis hacia la posible construcción de una solución de corto plazo, misma que probablemente no sea del agrado de todos, pero que al menos

Primer punto, estoy convencido de que los niños han sufrido y siguen enfrentando un enorme retroceso en sus procesos de aprendizaje, y que la ausencia de un método de enseñanza estructurado, y de un curriculo que se haya adaptado a la educación virtual, no se resolverá en un día, como no se ha resuelto en el año y medio que llevamos de receso escolar presencial.

Segundo, analicemos la evidencia sobre los factores contributivos a los educación básica. Los estudios más recientes para México sobre la importancia de los factores que determinan el aprendizaje educativo en adolescentes (por ejemplo Moreno y Cortez, 2020) o en estudiantes de educación primaria (Shapiro y Moreno, 2005), han mostrado que el contexto del hogar y las características de la familia en donde los niños se desenvuelven, puede ser mucho más importante para explicar la variación en las califiaciones e indicadores de aprendizaje que, por ejemplo, la calidad de las instalaciones de la escuela donde estudian.

Tercer punto, presentemos la evidencia sobre la incidencia de contagios. De manera sistemática a nivel mundial, la apertura de instalaciones educativas ha ido de la mano de contagios masivos entre estudiantes y personal de las escuelas, obligando el cierre de las instituciones al poco tiempo de su apertura. Este ha sido el caso en universidades privadas y en países con esquemas de vacunación completos entre la población que atiende clases. En otras palabras, si en este tipo de universidades con rigor en sus sistemas de acceso y prevención entre jovenes y académicos (todos vacunados) el contagio ha sido ocurrente, ¿que podríamos esperar de una escuela primaria o secundaria pública con instalaciones deficientes y deterioradas por casi un año y medio sin uso?

Cuarto punto, definitivamente hay que hacer “algo” para remediar y conciliar los puntos anterior, pero como hace algunos años aquí mismo lo expresé, hacer “algo” no implica “hacer cualquier cosa” con tal de esperar que “algo pase” y remedie la situación actual.

En términos de construir una solución, partamos de una premisa: ésta no es estándar, ni única, para todos los estratos de ingreso y situaciones académicas. La enorme heterogeneidad de contextos entre miembros de una misma comunidad, dificulta una implementación de políticas educativas estandarizadas a colegios privados que a escuelas en comunidades urbanas marginadas.

Sin embargo, reconocer los puntos anteriores podrian ayudar a identificar una solución, integral, que considere lo expuesto anteriormente. Me explico. Para el caso de Nuevo León, un estado altamente urbano y con un alto acceso a medios de comunicación, se requiere de una política educativa que integre la labor de los cuidadores de los infantes (papel tradicionalmente atribuido a la madre y al padre, pero que actualmente no es únicamente ellos sino cualquier persona cercana al niño si es que su madre y padre trabajan). Si un porcentaje importante de la educación se determina en casa, es necesario comenzar a desarrollar un curriculo diferente al actual que, sin representar un agotamiento a los cuidadores, permita a los niños aprender desde el hogar sin arriesgar su salud. Un nuevo método de enseñanza que combine tecnologías digitales, y que dependa menos de las clases presenciales, pero cuyo diseño no sea improvisado.

Otro punto es que, probablemente la necesidad de reintegrar a los niños al convivio diario sea importante en otros aspectos psicoemocionales de los menores. Es fundamental comenzar a desarrollar mecanismos de reintegración presencial, pero que estos sean paulatinos y al menor costo de exposición posible a la enfermedad y contagio de los pequeños y sus familias.

Finalmente, debemos reconocer que en términos de la implementación de una solución, vamos muy rezagados. El atrincheramiento de los procesos educativos esperando regresar al modelo presencial, en lugar de comenzar el diseño de alternativas pedagógicas, solo ha postergado más una solución basandose en un hecho imposible de negar: que no regresaremos a un modelo educativo presencial al que estuvo vigente hasta 2019.

En la búsqueda de una solución integral y un cambio necesario concluyo: ¿Educación?, Si. ¿Salud?, primordial. ¿Seguridad?, fundamental. ¿Cuándo?...¡Ya!

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