En México nos estamos enfrentando con mayor frecuencia a eventos climáticos extremos y catastróficos como inundaciones, sequías y olas de calor.
Estos eventos ocurren de manera diferenciada en el país. Por un lado, las inundaciones ocurren en zonas urbanas y rurales principalmente del centro y sur del país y en zonas costeras. Las inundaciones generan grandes pérdidas económicas que afectan desproporcionadamente a hogares con menores ingresos.
Las familias severamente afectadas pierden repentinamente alimentos, ropa, mobiliario y documentos, el daño en su patrimonio puede ser permanente. Las inundaciones catastróficas también afectan desproporcionadamente a pequeñas y medianas empresas que súbitamente pierden sus inventarios y buena parte de su maquinaria, mobiliario y vehículos. Un evento catastrófico puede orillar al cierre de varias empresas con importantes costos en el empleo y en la producción de las zonas afectadas.
Sin embargo, la pérdida más grave para la sociedad es la de vidas humanas. Por otro lado, tenemos a las sequías, que impactan gravemente a comunidades enteras que dependen principalmente de actividades agropecuarias en zona áridas y semiáridas en el Bajío y en el norte del país. La baja o nula precipitación pluvial afecta la recarga de los mantos acuíferos y afecta a la producción de alimentos que requieren del agua subterránea.
Datos de la Comisión Nacional del Agua muestran que alrededor del 20% de los acuíferos del país están sobreexplotados. El agua subterránea es vital en estas regiones, pero además de la escasez, varios estados sufren también por la contaminación de esta agua subterránea con plomo, arsénico y fluoruro.
El consumo de esta agua tiene afectos adversos en la salud de las comunidades y genera gastos adicionales en servicios de salud a las familias y al Estado. Adicionalmente, los eventos recientes ocurren al mismo tiempo que nos enfrentamos a una emergencia sanitaria por la pandemia provocada por el SARS-CoV-2.
Los eventos climáticos extremos exigen la colaboración de la sociedad en su conjunto para la formulación e implementación de medidas de mitigación de riesgos. Por lo tanto, es imperativo establecer o fortalecer sistemas de gobernanza del riesgo a nivel local, regional y nacional. La gobernanza del riesgo permite generar instituciones, coordinar acciones, administrar y comunicar los riesgos.
Mientras estos sistemas no existan o no se fortalezcan, las comunidades permaneceran vulnerables ante estos eventos. ¿Pero qué medidas específicas se pueden tomar?
En primer lugar, se debe considerar a la planeación como una opción efectiva, inmediata y de bajo costo para la mitigación de riesgos. Generar planes de acción claros en los hogares y en las empresas, como planes de evacuación del hogar o de las instalaciones de trabajo y estudio, así como planes de respuesta a la crisis y planes para la recuperación después de la crisis.
Estos planes idealmente deben estar vinculados con la planeación de gobierno, en específico con la planeación económica y la planeación urbana y también con la planeación de organizaciones de la sociedad civil. Esto permitirá enfrentar las crisis en conjunto y eficientar el uso de recursos.
Otra opción importante de mitigación de riesgos a nivel individual o colectivo son los seguros (por ejemplo, contra desastres naturales). Los seguros son instrumentos financieros que no han sido aprovechados en México, el mercado de seguros es pequeño en proporción al tamaño de la población y de la industria como se encontró en la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2018.
Finalmente, la comunicación de riesgos es muy importante para su mitigación. Saber qué riesgos existen en nuestra comunidad es fundamental para planear y responder a una crisis. En este sentido, el papel de las universidades, centros de investigación y organizaciones de la sociedad civil del país es crucial, porque se requiere de información, educación y entrenamiento para reaccionar rápidamente y afrontar una crisis.
El filósofo estoico Séneca, en sus cartas a Lucilio, reflexionaba sobre el valor y aprovechamiento del tiempo. “Tan sólo el tiempo es nuestro” escribió. Como sociedad el tiempo es nuestro y debemos aprovecharlo para resolver estos retos apremiantes antes de que sea demasiado tarde.
El autor es Profesor en el Departamento de Economía de la UDEM y Profesor Cátedra CONACYT-CIDE. Cuenta con una maestría en Desarrollo y Medio Ambiente por la Universidad de Lancaster y es Maestro en Economía por la Universidad de Essex. Es Doctor en Economía por la Universidad de Londres, Reino Unido.