Hace unos días lancé una encuesta de felicidad entre mis contactos de redes sociales y algunos de los resultados fueron algo sorpresivos, pero interesantes. Por ejemplo, poco más del 70% de los encuestados estuvo muy de acuerdo en que el mundo sería un mejor lugar si hubiera más gente feliz. Otro resultado es que solo un poco más del 80% indicó que era muy importante ser feliz.
A la pregunta de si es posible aprender a ser (más) feliz, menos del 70% estuvo muy de acuerdo. Yo esperaba que las respuestas a estas preguntas estuvieran más cerca del 100%, pero bueno, es material que nos invita al análisis
Quienes estudiamos la felicidad pensamos que este tema es muy importante y creemos que más gente feliz hará de este mundo un lugar mejor para vivir. Para ello predicamos acerca del tema y buscamos educar a más gente en la felicidad. El hecho de que no todos estén muy de acuerdo en que es posible ser más felices hace que la tarea sea más desafiante.
Pero si la gente si quiere ser más feliz, ¿cómo se le puede hacer? El avance de la Ciencia de la Felicidad nos ofrece una buena cantidad de alternativas para poder ser más felices. Abordar todas las opciones sería muy extenso, pero hay una corriente relacionada con el cerebro que cada vez toma más relevancia. Se trata de los químicos de la felicidad (Dopamina, Oxitocina, Serotonina y Endorfina) y una de las investigadoras más reconocidas en este tema es Loretta Breuning. Repasemos un poco de lo mucho que nos ofrece Loretta.
Primeramente, es preciso saber que nuestro cerebro contiene miles de millones de neuronas y que existen algunas conexiones entre ellas que hacen que actuemos de cierta manera y que disfrutemos o suframos más o menos en nuestras vidas. Estas conexiones se construyen en base a las experiencias vividas y nos llevan a recordar la manera en cómo nos sentimos de acuerdo a la situación que se nos presenta.
Recordemos que nuestro cerebro está diseñado para promover la supervivencia, más que la felicidad. Esta circunstancia nos lleva a comportamientos que nos ofrecen seguridad y, en algunas ocasiones, exageramos en esos cuidados limitando nuestras oportunidades de disfrutar de la vida. Así, el cerebro prende las alertas cuando iniciamos una relación sentimental para que actuemos con cuidado y no vayamos a sufrir en el futuro. Sobra decir que estas alertas nos han generado muchos sinsabores a más de uno de nosotros.
Según Loretta, nuestro cerebro tiene conexiones que no son tan útiles en nuestras vidas porque son exageradas. Sin embargo, éstas pueden ser modificadas si generamos nuevas conexiones a través de hábitos que pueden ser formados al repetir ciertas acciones por al menos 45 días seguidos. ¿Qué tipo de hábitos? Veamos.
Los químicos de la felicidad (Dopamina, Serotonina, Oxitocina y Endorfina) hacen que nos sintamos bien y que experimentemos momentos felices, pero su flujo natural es limitado. Tenemos que estimular su producción para poder incrementar nuestra felicidad. Y aquí es donde la formación de hábitos nos ayuda a ser más felices.
La Dopamina es ese sentimiento agradable que experimentamos cuando estamos a punto de lograr una meta. Esta sustancia genera el impulso necesario para alcanzar la meta, pero se acaba una vez que la hemos logrado. Para incrementar el flujo de Dopamina, es recomendable tener metas de corto, mediano y largo plazo, para así estimular de manera frecuente esa sensación de logro que nos da felicidad.
La Oxitocina nace cuando sentimos confianza en el medio en que nos movemos. Para ello es preciso sentirnos parte de nuestro grupo cercano ya que eso nos da la seguridad de que la manada nos protegerá en caso de peligro. La confianza no nace de la noche a la mañana; es más bien parte de nuestra tarea construirla día con día para que el flujo de Oxitocina sea constante.
La Serotonina es ese placer que sentimos cuando tenemos la seguridad de que podemos lograr lo que andamos buscando. Es una especie de dominancia social que sentimos ante los retos que enfrentamos. Una vez logrado lo que buscamos, necesitamos nuevas tareas para generar un flujo adicional de Serotonina.
Finalmente, la Endorfina nos ayuda a enmascarar el dolor para poder lograr lo necesario para sobrevivir. Se dice que es la morfina endógena que produce nuestro cuerpo y que nos saca de situaciones críticas cuando nuestras vidas corren peligro. La risa, el llanto y el ejercicio son fuentes naturales de Endorfina.
La felicidad si se puede incrementar, pero no llegará sola. Tenemos que hacer nuestra parte para poder estimular la producción de los químicos que nos brindan la felicidad.
Esto me lleva a recordar que con frecuencia me hacen la pregunta: “¿Puedes decirme en tres palabras cómo le hago para ser feliz?”. Mi respuesta es muy simple: Ponte A Trabajar.