Monterrey

Jorge O. Moreno: Rebrote de COVID-19 y regreso a clases: ¿son compatibles?

La pandemia en México nunca se ha controlado, solo hemos navegado entre alzas que no dejan de acumular nuevos contagios y decesos.

El análisis de las cifras y los escritos y comunidados de muchos analistas no dejan duda: la pandemia por COVID-19 en México nunca se ha controlado, solo hemos navegado entre alzas que no dejan de acumular nuevos contagios y decesos. En palabras de Héctor Aguilar Camín (Milenio, 15/07/21) “… debemos hablar de la tercera marea, pues no hemos tenido olas sino alzas de un mar siempre alto que nunca se aplanó, que nunca nos dio un descanso real para, por ejemplo, abrir un tiempo las escuelas.”

El registro de las vacunas que no propocionan fecha precisa, la vacunación incompleta en un porcentaje importante de la población, y el exceso de seguridad de aquellos que han sido vacunados, han sido coadyuvantes para que de la mano de las nuevas variantes del virus, el esfuerzo de las medidas de salubridad y reapertura sean insuficientes.

Ante la sombra del incremento en los casos, y el fallecimiento de grupos que antes no se consideraban vulnerables (solo portadores) y que aún no tienen fecha determinada para su vacunación, la fragilidad del crecimiento económico y las expectativas del regreso a una normalidad han sido de nuevo vulneradas.

Uno de los grandes reclamos en esta pandemia ha sido la exigencia, válida y sustentada, de la necesidad de reabrir el acceso a las escuelas. La gran exclusión que grandes segmentos de la población ha sufrido ante la incapacidad de adoptar una educación basada en contenidos enseñados a distancia y de manera digital, así como la falta de materiales y programas basados en la educación a distancia han creado un enorme deterioro en la formación académica de millones de niños y jóvenes en nuestro país.

Así, ante el exceso de optimismo de las autoridades que buscan convencer de una realidad triunfalista que no es, y la desesperación de los padres de ver a sus hijos rezagándose en un sistema educativo que ya era deficiente y no ofrece soluciones, la opción de reapertura de las escuelas y universidades se presenta como una solución perfecta para ambos, pero cuyas consecuencias son necesarias ponderar en el actual panorama nacional y global.

Hemos de admitir que el rezago educativo es una verdadera tragedia para nuestro país. Si los indicadores previos a la pandemia eran alarmantes en términos de conocimiento, rendimiento educativo y habilidades profesionalizantes, el diagnóstico del impacto post-COVID-19 seguramente nos brindará una fotografía trágica del reto que habremos de enfrentar como sociedad. Es cierto que de continuar el confinamiento actual tardaremos años en subsanar el rezago educativo para recupearar siquiera los niveles previos a la pandemia.

La deserción escolar y la mala calidad en los programas educativos a distancia (a pesar del enorme esfuerzo de los profesores y académicos) han hecho estragos en la educación básica, y la educación privada ha comenzado a enfrentar tambien costos enormes al verse imposibilitada de mantener los costos de las enormes inversiones necesarias para preservar su calidad, al mismo tiempo que ven reducida su matrícula de estudiantes debido a la crisis que viven las familias mexicanas.

¿Qué hacer? Primero, reconocer que como población estamos aun muy vulnerables ante la pandemia, y seguiremos así todavía un tiempo indeterminado. Segundo, los niños y jóvenes son suceptibles a contagiarse y proparar el virus entre su familia, por constituir un grupo que es dificil controlar y que sigan los estrictos protocolos sanitarios.

Tercero, sin duda es necesario reactivar el sector educativo, buscando soluciones vigentes y de largo plazo, y no basadas en el modelo educativo tradicional. Cuarto, reconocer que cualquiera de las opciones de vacuna ya aplicadas no es totalmente efectiva, y que la vacunación a profesores y personal académico del sistema educativo no es garantía suficiente para abrir las escuelas y pretender que retornaremos al punto en donde nos encontrábamos al inicio del año pasado.

El mundo sigue avanzando, y los indicadores muestran que la denominada tercera ola ya es una realidad en muchos países donde se pensó que la pandemia ya había sido superada. Buscar soluciones e ideas originales, como por ejemplo atención de clases en grupos parciales (menos del 30 porciento de los alumnos de manera simultanea, con sana distancia) y rotando la asistencia en salón, de la mano de una adecuada preparación de materiales edicativos para trabajar simultaneamente en casa y a distancia, podria ser un primer paso, pero que requiere planeación y una impecable logística que aún en los países desarrollados ha fallado. La lección que debemos aprender, antes de pagar con más vidas, es que las buenas intenciones y los deseos de solucionar este enorme problema social no constituyen por si mismos garantía de un programa social exitoso.

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