Monterrey

José de Jesús García: ¿Felicidad o Éxito?

Todos queremos ser felices y ser exitosos. Pero en la vida no se puede tener todo, ¿o sí?

La disyuntiva entre lograr el éxito o ser felices ha ocupado la agenda de muchos investigadores y pensadores en épocas recientes. Se piensa que si se desea ser feliz, se tiene que renunciar en parte al éxito y viceversa. La historia nos describe las vidas turbulentas que han tenido algunos genios y todo lo que han sacrificado para poder ser exitosos. Familia, amigos, salud y hasta la tranquilidad y la paz mental figuran dentro de los sacrificios que hay que hacer para poder alcanzar el éxito.

Hace tiempo, la frase de “NO pain, NO gain” se hizo famosa al sugerir que para poder avanzar y lograr el éxito se tenía que sufrir. Si bien era más bien orientada a las rutinas de ejercicios, la frase se adaptó a todo tipo de comportamientos. Así, si queríamos aprender algo, cursar una maestría, lograr un cuerpo envidiable, bajar de peso o ascender en la jerarquía de la empresa, teníamos que pensar en tiempos dolorosos.

Pero, ¿Qué es el éxito? Como muchos de los términos que forman parte de nuestro quehacer diario, el éxito es un término por demás subjetivo. Cada uno de nosotros tiene, o cree tener, una definición personal de éxito. Con frecuencia el éxito se asocia con el logro de bienes materiales, con la culminación de un proyecto, con obtener un grado académico o con alcanzar el triunfo en el deporte. Estos ejemplos implican, sin duda, que el éxito se alcanza cuando se logran las metas propuestas.

En un mundo de competencia y de ostentación, el éxito material ocupa un lugar primordial. Si no tienes el carro de moda, si no vives en la zona de moda o si tus hijos no van a la escuela de moda, seguramente para mucha gente no serás exitoso.

En el mundo profesional, hay que agregar los logros en el desempeño, los viajes, los reconocimientos y las posiciones directivas en las empresas.

Existen otros mundos, más modestos quizá a la vista de los materialistas, en los cuales el éxito se define por otras métricas. Así, encontramos a personas que buscan una tranquilidad espiritual, un desarrollo profesional o académico, una publicación, formar una familia o lograr un impacto social más allá de los bienes materiales. En este grupo entran los profesores, escritores, las amas de casa y los altruistas, entre otros.

¿Y dónde queda la felicidad? Tradicionalmente se ha pensado que a felicidad se logra una vez que se alcanza el éxito, pero la ciencia de la felicidad ha puesto en entredicho esta creencia. Los estudios de la felicidad sostienen que los seres humanos tenemos una tendencia dañina de posponer la felicidad y gastar nuestras vidas en un proceso doloroso en espera de tener una recompensa futura.

Así, pensamos que seremos felices cuando terminemos la carrera, cuando nos casemos, cuando compremos la casa de nuestros sueños o cuando tengamos el trabajo ideal. Esta práctica nos lleva a no disfrutar el camino y, con frecuencia, al alcanzar la meta deseada surgen nuevas metas y eso hace que la felicidad no termine de llegar.

Es importante abordar el tema de la definición de felicidad. En mis charlas suelo preguntar acerca de las definiciones personales de felicidad y señalo que en un grupo de 50 personas vamos a encontrar más de 50 definiciones, esto debido a que aún nosotros tenemos más de una definición personal de felicidad.

Sin embargo, al estudiar de manera científica la felicidad, tenemos que tener una definición para poder partir de una base común. Una de las definiciones más usadas, y que más me gusta en lo personal, es la que establece que la felicidad consiste en estar satisfecho con la vida. Quien tiene una vida agradable, es feliz.

Hace poco, un amigo me envió una cita atribuida a Borges que dice así: “Buscar la serenidad me parece una ambición más razonable que buscar la felicidad. Y quizás la serenidad sea una forma de felicidad”. Y si, para algunos la serenidad es lo más deseado, mientras que para otros la vida agitada es la esencia de su ser. Y todos tienen razón: cada uno de nosotros definimos el tipo de vida que queremos vivir.

Para estudiosos como Tal Ben Shahar, la felicidad precede al éxito. Si no somos felices previamente y durante el proceso hacia el progreso, el éxito no tiene sentido. Podremos alcanzar muchas metas, pero si no aprendemos a disfrutar de ellas, nuestra vida no será muy agradable.

Y tal vez de eso se trate la felicidad, de tener una vida agradable.

Y tal vez el éxito sea eso: encontrar la manera de ser feliz en el camino.

Cualquiera que sea éste.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.

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