Parece que en general los mexicanos, y en particular los residentes de Nuevo León, hacemos caso omiso a los llamados a hacer un uso prudente del agua, y las ciudades siguen creciendo. Cuando menos en el caso de Monterrey, con todo y lo que se pueda criticar a la dependencia encargada de distribuir el agua entubada, Agua y Drenaje de Monterrey, el agua entubada es quizá la mejor del país. El que escribe estas líneas bebe de esa agua normalmente. No solamente es cuestión de calidad, sino de cantidad: Ya podemos hablar de personas en edad de votar que nunca han conocido de cortes programados en el suministro.
Hasta ahí, todo muy bien. Quizá demasiado. Es posible todavía ver personas barriendo con manguera, o fugas de un lado u otro de los medidores desatendidas por días. Esto no es sostenible. Ya se maneja nuevamente la posibilidad de cortes programados de no haber lluvias sustanciales. De no cambiar todos, podríamos encontrarnos en la situación de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, en 2017-2018: Allá, para evitar el “día cero” (cero agua), implementaron una campaña muy restrictiva, con límite de 50 litros diarios por persona. Parece mucho, pero incluye TODO, desde beber, hasta sanitarios, pasando por agua para cocinar y regaderazo. Vaya, esa cantidad incluye un litro para la mascota.
El plan mencionado NO incluye banalidades como lavar el automóvil. La cifra que tenemos para México es de 380 litros diarios, o sea, tendríamos que reducir nuestro consumo a menos de la séptima parte. Por cierto, la OMS indica que ese consumo debe ser 100 litros, no más.
Nuestra mentalidad va a tener que cambiar; vamos a tener que adaptarnos y dejar de sentirnos “especiales”, y que “eso a mí no me aplica”. Todos estamos juntos en este asunto. Y los cambios pueden ser radicales: Por ejemplo, el plan de Ciudad del Cabo indica en relación con el sanitario que “if it’s yellow, let it mellow”, o sea, que no lo descargues si solamente hiciste “del 1”. Para algunos, eso puede sonar inaceptable, pero probablemente serán esas mismas personas las primeras en quejarse de los cortes. Pensemos: Utilizamos aproximadamente diez tantos de agua por unidad de volumen de orina, en el mejor de los casos. Es hora de pensar en alternativas ecológicas; usar nuestro recurso más preciado en grandes cantidades para llevarse un poco de nuestros desechos, es aberrante. Ya hay algunas ideas, como los cacajones, pero todavía estamos algo reacios a ellas. A ver si los fans de Greta nos ponen el ejemplo.
Otro de los lineamientos de Ciudad del Cabo es sobre el regaderazo: 10 litros. Se estima que un regaderazo “normal” gasta 200 litros; esta grotesca cantidad es inaceptable. Más aún, instituciones como Harvard han cuestionado lo “saludable” del baño diario. Algo similar puede verse en medicalnewstoday.com, que indica una o dos veces por semana, por supuesto, dependiendo de las circunstancias. Pensemos en un “ejecutivo”, que duerme con aire acondicionado, se moviliza en un automóvil con aire acondicionado, para ir a algún lugar, también con aire acondicionado; ¿realmente necesita el baño tanto como un obrero metalúrgico, un agricultor, o un albañil? No es creíble. Para el ejecutivo, el baño diario es una ostentación. Para los otros, es justificable.
Sí, hay países en peores condiciones, pero “mal de muchos, consuelo de tontos”. México está en el lugar 24 de 150 en estrés hídrico, o sea, riesgo por crisis de agua. Somos el segundo en nuestro continente, sólo después de Chile, y prácticamente todos los países por encima de México están en Oriente Medio.
El siguiente en América, es Guatemala, en el lugar 57. Nuevo Léon, en específico, está catalogado como de riesgo extremadamente alto (4.4 en la escala de 0 a 5). Analicemos el agua utilizada para los productos que consumimos, y actuemos en consecuencia.
Lo que cuesta trabajo creer es que esto lo sabemos desde hace muchos años, y lo que se hace es poco. En alguna ocasión, allá por 1990-1991, el entonces secretario de Relaciones Exteriores, Fernando Solana, dirigiéndose a un grupo de diplomáticos en formación, preguntó cuál era el mayor riesgo para el país. Ante la dispersión en las respuestas, acotó: “la falta de agua”. Palabras duras, visionarias, y desafortunadamente desatendidas.
El autor es profesor del Departamento de Contabilidad y Finanzas de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey. Su correo es: hzambranom@tec.mx