Estamos viviendo tiempos que requieren reflexionar sobre cómo tenemos que vivir esta nueva realidad y este nueva realidad, lo implica tomar ese respiro que necesitamos los seres humanos para fortalecer nuestra parte espiritual y llevarla a las organizaciones a través del liderazgo personal.
Mucho se habla sobre la importancia del líder, pero poco sobre la relevancia del desarrollo de su espiritualidad para impactar de manera positiva a la organización. Los estudios de liderazgo establecen que la espiritualidad del líder tiene un impacto en su equipo que va más allá del lugar de trabajo, ya que influye en su persona y por consiguiente en su familia y al final en nuestra sociedad.
Una de las ventajas del liderazgo espiritual es su capacidad de generar confianza, motivación intrínseca y compromiso de los colaboradores, mismos que son necesarios que existan de forma simultánea para optimizar el rendimiento de la organización y el bienestar humano en las organizaciones. Por otra parte, ayuda a crear congruencia entre la estrategia, los valores y el desarrollo individual de la organización para alcanzar mayores niveles de productividad y la ventaja competitiva de la empresa.
Habiendo muy pocos estudios al respecto en el contexto latinoamericano de pequeñas y medianas empresas (PYMES), y la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran, se realizó un estudio para conocer la relación que guarda el nivel de liderazgo espiritual con la percepción que tienen los colaboradores de más de mil PYMES ubicadas en Nuevo León, en nueve dimensiones que pertenecen al nivel personal y organizacional.
A nivel organizacional, la investigación muestra la relación del liderazgo espiritual en dimensiones que se encuentran alineados con la filosofía de la propia empresa, como es la ética y el respeto por la dignidad humana, mismos que se encuentran relacionados con el sentido de pertenencia hacia la organización y la realización personal del colaborador. También contribuye a la alineación de los valores y principios organizacionales.
Por otra parte, también se encontró que los colaboradores encuentran beneficios personales como sentirse más felices, mejorar su autoestima e incrementar su inteligencia emocional y social. Este desarrollo intrínseco e integral del colaborador como ser humano permite que se sientan vinculados con la organización y con su propio desarrollo.
Tomando en consideración la relevancia que el estilo de liderazgo tiene en la permanencia y éxito de la empresa, el ejercicio de un liderazgo espiritual se presenta como una opción para incrementar los incentivos tradicionales al equipo de trabajo. Esto evidencia la importancia para los líderes de buscar desarrollar su espiritualidad y poder influir de manera positiva en la empresa para generar beneficios que se mantengan a largo plazo.
Otros estudios que se pueden encontrar, presentan los siguientes beneficios: 1) Incremento del compromiso, lo que reduce la rotación del persona; 2) Reducción del estrés y agotamiento, lo que mejorar la salud física y emocional y con esto se reduce el ausentismo, 3) Adquisición de un sentido de propósito, lo que se traduce en tener lugares de trabajo con sentido de comunidad y pertenencia; 4)Aumento de índices de satisfacción laboral y hasta índices de felicidad que ahora también se mide; 5)Se genera una cultura de respeto absoluto a las diferencias individuales, por lo que se crea apertura y libertad de expresión en un ambiente de amor y compasión. Y todo esto impacta en la reducción de los gastos y el aumento en los ingresos, por lo tanto en la utilidad
Así pues, como dice el jesuita filósofo Pierre Teilhard de Chardin, “NO SOMOS SERES HUMANOS VIVIENDO UNA EXPERIENCIA ESPIRITUAL, SOMOS SERES ESPIRITUALES VIVIENDO UNA EXPERIENCIA HUMANA”, enfoquemos nuestra atención al desarrollo de nuestro espíritu y convirtamos la realidad que vivimos. Afortunadamente ahora tenemos a nuestro alcance herramientas y profesionales que acompañan a las organizaciones y a las personas en este proceso, solo es cuestión de buscar lo que mejor se adapte a nuestras necesidades. Entre las herramientas se encuentran: oración, meditación, mindfulness, yoga, entre otras. La invitación es a que cada uno encuentre la suya.
La autora es profesora del programa de Desarrollo Organizacional en la UDEM y consultora en bienestar organizacional. Cuenta con un doctorado en Cambio Organizacional por la Universidad de Pepperdine.