La ilusión de todo empresari@ suele ser mejorar el nivel de vida de su familia, preservar la riqueza generada y crear una dinastía familiar que trascienda por generaciones; que sea reconocida e influya en el medio. Y es que, cuando se trata de familias empresarias, el poder y la riqueza van de la mano, aunque no siempre perduran.
Mientras que en Dinamarca, Finlandia y Suecia toma entre dos y tres generaciones subir la escalinata económico-social (50 a 75 años), en nuestro país, salir de la pobreza e ingresar a la clase media ocupa, en promedio, 11 generaciones—es decir, 275 años.
Y, aunque la subida es extremadamente tardada e implica gran sacrificio, la bajada es en caída libre y expedita. Justamente por ello, las familias empresarias que han logrado construir un legado a lo largo de los años, deben darse a la tarea de conservarlo y nutrirlo.
La pregunta obligada es: ¿Cómo creamos una dinastía familiar? ¿Cómo logramos, aún a costa del contexto, perpetuar el patrimonio? Aquí te comparto, las primeras 5 claves.
1. Invierte en tu educación—y en la de tu familia.
La ignorancia sale cara. Los ingresos y la visualización de oportunidades tienden a ir ligados a la formación. Saber de leyes, finanzas, inversiones, créditos e incluso de la administración de propiedades es indispensable. Obviamente, la educación no sólo se basa en conocimientos, incluye también los valores familiares, los comportamientos apropiados, la ética de trabajo… ¿De qué sirve tener eruditos si no hay quien produzca de forma honesta y sostenible?
2. Elige bien a tus amigos—y enseña a tus hij@s a hacer lo mismo.
Amigos son aquellos que tienen principios, intereses y metas similares a las tuyas, aquellos que te ayudan a crecer personal, profesional y económicamente y que no ponen en peligro el buen nombre y tradición de tu familia. Construir una buena reputación tarda generaciones; perderla, sólo un minuto. Por eso, los buenos amigos no te proponen negocios deshonestos; no te inducen a “probar” qué se siente robar o consumir drogas. ¡Ojo con los ninis! Educa a tus hij@s para que puedan hacer fortuna, no para que se la gasten. Y si por más que tratas, no funciona, crea fideicomisos.
3. Escoge bien con quién casarte—y prepara a tus hij@s para tomar esa decisión.
Sin importar si tiene o no posición, encuentra una persona que comparta tus valores, aspiraciones, sueños empresariales y que cuide el presupuesto. De nada servirá que trabajes como burro si tu pareja gasta como jeque árabe. No hay mejor manera de crear y nutrir el patrimonio que teniendo buenos administradores a tu lado—y eso incluye al cónyuge. Además, al final, los hij@s aprenden con el ejemplo... ¿O no?
4. Promueve conversaciones “difíciles”—con tu pareja y con tus hij@s.
Si algo distingue a las familias empresarias exitosas es su capacidad de comunicarse—de exponer lo que les incomoda de forma respetuosa y de arreglar sus diferencias. El manejo del dinero, las propiedades y los comportamientos personales no deben ser un tema tabú. Puede o no gustarnos lo que vayamos a escuchar, pero siempre será mejor tener (que no tener) información para tomar decisiones. Familias que se comunican, reflexionan y aprenden juntas, permanecen juntas.
5. Trabaja con asesores talentosos, honestos y leales—recomiéndaselos a tus hij@s.
Tener asesores familiares-empresariales competentes, confiables, bien intencionados y con sensibilidad ante el contexto local en el que vives es fundamental para cuidar el patrimonio. A veces, un buen consejo a tiempo a título personal, profesional o de negocio resulta invaluable. Cuando encuentres este tipo de asesores de confianza, recomiéndaselos a tus hij@s—les vendrá bien hablar con ellos cuando no puedan hablar contigo.
Preservar el patrimonio es una responsabilidad; una obligación. En México, tenemos 275 razones para entenderlo. ¿Cuántas más necesitamos?
** No te pierdas, en quince días, la segunda parte de esta columna.
La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.