Sabemos que la violencia hacia la mujer no es un tema que llegó con el confinamiento y aunque estamos cerca de que éste termine, no es un problema que se irá.
Hemos hablado en los últimos 15 meses de cómo el trabajo remunerado desde casa “home office” trajo consigo beneficios tanto para las organizaciones como para algunos de sus empleados, dándoles la oportunidad de contar con más tiempo para estar con sus familiares, así como a otros el poder trabajar desde una ciudad o lugar que antes no podían hacerlo.
Sin embargo, si consideramos que la mitad de estos empleados son mujeres y si tomamos como una pequeña muestra el sondeo realizado en octubre pasado por el colectivo Mujeres + Mujeres, nos muestra un contexto diferente y alarmante.
En este estudio realizado a 1200 neolonesas, entre 15 y 59 años, en donde 3 de cada 4 cuentan con estudios universitarios terminados, se evidencia como este entorno propició la violencia. El 17% compartió que ha experimentado situaciones de violencia, siendo que el 60% de los casos comenzó durante la pandemia. Por otro lado, el 72% de quienes habían experimentado violencia antes de la pandemia dice que ésta empeoró con el confinamiento. Si hablamos que 2 de cada 10 mujeres están viviendo esto ¿cómo es que las organizaciones están preparadas para apoyarlas? Sabemos que la violencia hacia la mujer no es un tema que llegó con el confinamiento y aunque estamos cerca de que éste termine, no es un problema que se irá.
Es una realidad que tenemos un problema grave en nuestra sociedad y podemos ver un incremento alarmante según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, quien informó que el pasado mes de marzo se convirtió en el más violento desde el 2015, reportando 92 feminicidios, 29% más que los 71 que se registraron en febrero de este 2021.
Sabemos que hay esfuerzos liderados por instituciones educativas, fundaciones, organizaciones de la sociedad civil y organismos gubernamentales, sin embargo, necesitamos sumar más empresas. Y así como antes y durante la pandemia se hablaban de grandes iniciativas en pro de la Diversidad e inclusión; y recientemente de Salud mental y bienestar “wellness”, este problema de violencia hacia la mujer requiere de una táctica inmediata.
Solo analicemos la cantidad de colaboradoras que laboran en nuestras empresas, simplemente en una empresa donde laboran 100 mujeres por lo menos hablamos que 20 de ellas están pasando por una situación de violencia. Y ¿cómo hablar de productividad en un contexto así? de lo que si podemos hablar es definir una táctica para activar un sistema de apoyo a estas mujeres, y que esta táctica finalmente se conecte en la estrategia de alguna de estas dos grandes y excelentes iniciativas como son Diversidad e inclusión y Salud mental y bienestar. Entiendo que hablar de un sistema de apoyo genera mucha incertidumbre ¿por dónde iniciar? ¿qué inversión requeriría? Confío que muchas de las organizaciones que hoy trabajan a favor de la protección de la mujer, están dispuestas en compartir su aprendizaje en el tema y generar conocimiento juntos para la implementación de más sistemas de apoyo como estos.
Este no es un problema de Nuevo León, ni de nivel socio económico o de nivel de estudios, es un problema que está en nuestra sociedad y más allá de un tema para mejorar la productividad en nuestras organizaciones, es un tema de responsabilidad social. Con una empresa que esté dispuesta apoyar con esto y se sume, es un grano de arena que abona a la construcción de una mejor sociedad.
La autora, Paola Meza, es Directora de Relaciones Externas en la UDEM, Comisaria del Consejo Directivo de ERIAC Capital Humano. Actualmente estudiante del Doctorado “Chief Learning Officer” en la Universidad de Pensilvania.