Monterrey

Rosa Nelly Trevinyo: Integrar a los dueños, cuesta…

“A veces, hay que buscar una relación, ya si no cordial, de buena conveniencia”.

Conforme más familia y más dinero, más complejidad. Y es que, en la empresa familiar multi-generacional llega el momento en que integrar a los dueños, cuesta... Cuesta porque no han crecido juntos, no se frecuentan, ya no tienen los mismos valores y mucho menos la misma visión de futuro.

Si a esto añadimos que entre ellos han tenido sus “llegues”, que en algunas ocasiones se han perdido el respeto, y que unos se sienten más necesarios que otros, resulta entonces que, sin importar la buena preparación profesional que posean, su capacidad de gestión como dueños—para tomar decisiones estratégicas juntos—es bastante cuestionable.

Es entonces cuando su nivel de flexibilidad cognitiva entra en juego. Nada es tan necesario, para que la empresa familiar sobreviva y trascienda en este mundo cambiante, como la capacidad de sus dueñ@s para reajustar sus conductas, actitudes, visiones y hasta pensamientos. Del desarrollo de esta habilidad dependerá que sigan (o no) juntos.

La flexibilidad cognitiva es la destreza que nos permite darnos cuenta de que lo que estamos haciendo ha dejado de funcionar o dejará de funcionar pronto; de aceptarlo, generar opciones de adaptación y de tomar acción. Para ejercerla, no sólo se requiere inteligencia, apertura, propensión a la innovación, compromiso y empoderamiento psicológico, sino también madurez emocional y diplomacia familiar.

¿Por qué? Porque resulta, que nuestra capacidad para mostrar flexibilidad cognitiva, depende en gran medida de nuestras emociones—específicamente de que tan bien o mal nos llevemos con los demás dueñ@s…

Así, cuando nuestro afecto hacia un soci@ es positivo, la flexibilidad cognitiva se incrementa, favoreciendo la colaboración, la escucha activa, la asertividad y un procesamiento eficiente de la información. Por el contrario, cuando nuestros sentimientos hacia él o ella son negativos—prejuicios, predisposición, conflicto no resuelto y malas relaciones personales previas—, la rigidez mental, la indiferencia y la terquedad se apoderan de nosotros.

¿Qué hacer entonces? Lo ideal habría sido trabajar la unidad, los valores compartidos, el compromiso y la integración de la familia empresaria multi-generacional desde un inicio—a lo largo del tiempo y las generaciones. No obstante, ya que no se hizo o no se logró, incrementar conscientemente la flexibilidad mental de los dueñ@s requiere estos 5 pasos:

  • Tomar conciencia del reto.

Entender que la integración societaria es necesaria, y que para lograrla, hay que compartir poder y beneficios; colaborar con personajes difíciles; acordar con soci@s que no saben ser buenos dueños o incluso, comprarle las acciones a los que no quieren participar en la empresa familiar.

  • Aceptar el pasado, apreciar el presente y visualizar el futuro.

El pasado, ya pasó. El mañana se construye con el hoy. Mientras no cerremos ciclos personales y profesionales, no podremos ir hacia adelante ni construir lo que realmente importa. Perdonar puede no ser justo; pero es necesario para avanzar juntos.

  • Tomar perspectiva.

Pensar que “el contexto” es el culpable no es tomar perspectiva, es desviar nuestra responsabilidad como dueños. Aceptar nuestros errores y comprometernos a corregirlos es básico. Si no logramos tomar perspectiva y racionalizar la situación, no podremos cambiar el enfoque y mucho menos, nuestras actitudes.

  • Tener, no simular, apertura.

Reconocer que lo uno puede querer a título individual, puede no ser lo que el resto de los soci@s desee. Y que al final, hay que acompañar al grupo. Aceptar que, cuando las metas y los valores personales no se alinean, el conflicto tiende a ser permanente, y que tarde o temprano, alguien se irá o se aislará.

  • Mostrar agallas y compromiso.

Para que la empresa perdure, debemos buscar el bien común. Para ello (y para generar confianza) cumplir los acuerdos es básico. Abrir diálogos inteligentes, aceptar soluciones diferentes, elegir estructuras de gobierno adecuadas no servirá si lo pactado queda en el aire.

Los soci@s que desarrollan la flexibilidad mental conscientemente reajustan sus formas de ser y hacer para adaptarse al contexto; tomar decisiones juntos y no dejarse llevar por sus emociones. A veces, se trata de buscar una relación ya si no cordial, al menos de buena conveniencia. ¿Así o más claro?

La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.


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