Monterrey

José Luis Elizondo Cantú: Papá no es un patito de hule, feliz día del padre

Hay padres que son amigos, otros que son patrones, jefes, los hay policías y hasta militares; los que pudieron, nos educaron como pudieron y dieron hasta donde pudieron.

Estimado lector mucho recuerdo que cuando algún cliente trataba de regatear mis servicios profesionales, yo le decía: “Lo siento, pero mis hijos no son patitos de hule, tengo que llevar la papa”. Históricamente, el papá da la papa. Expresión que no se refiere sólo a la comida, sino también al techo; vestido; salud; educación; transporte; diversión y afecto, por mencionar lo mínimo; pues una papa con verdadera sustancia incluye también consejo, acompañamiento y valores.

Por nuestra cultura hemos reducido a la “papa”, o el significado de ser padre, a la única razón de aportar al inicio una semilla y después asegurar las finanzas familiares. Pero la continuidad en el cuidado de una planta nacida de nuestra semilla dura casi toda la vida, por lo menos hasta que se convierta en un árbol frondoso que dé frutos y semillas para que el ciclo se repita.

Un año antes de la muerte de mi padre, yo estaba en la Ciudad de México por asuntos de trabajo. No pude asistir a su fiesta de cumpleaños, toda la familia asistió, incluso la política y hasta la putativa… solo falté yo. Y porque la vida es así, en mi recámara hay una fotografía de ese acontecimiento, una foto donde están generaciones rodeando a mi padre, y entre todos, un hueco que pudo ser mío.

No me quedé con las ganas y después de un tiempo lo invité a su restaurante preferido. Durante la comida mi padre me preguntaba incesantemente, ¿tienes un problema hijo? ¿Para qué me invitaste a comer nosotros solos? Le contesté: “Padre, sólo tuve el deseo de tenerte unos momentos para mí solito, quiero disfrutar tu presencia sin compartirte con nadie, solo tú y yo.” Cómo gocé esos momentos viéndolo disfrutar sus costillas cargadas, creo sin duda que ese ha sido uno de los mejores momentos de mi vida. Luego le dije, “padre, si yo educara a mis hijos como tú nos educaste sería el hombre más feliz del universo. Tú nos diste a tus hijos educación, valores para enfrentar la vida y emprender el vuelo para hacer nuestros propios nidos, pero quisiera que tengas muy claro que hasta ahí llegó tu responsabilidad. Una vez que iniciamos nuestro propio vuelo en intención de hacer nuestra propia vida, la forma como apliquemos lo que tú nos enseñaste, ya es responsabilidad de nosotros tus hijos.”

Mi padre murió el 21 de marzo del siguiente año, pero el 14, en su cumpleaños, hicimos una pequeña comida en su casa. Me tocó a mí estar enseguida de él en la mesa, tuve una de las mejores oportunidades de mi vida. Lo abracé, lo besé, le sobé la espalda y pasé mis manos sobre sus hombros, le acaricié su cabello cano y ondulado, junté su cabeza con la mía, lo miré y con mis ojos le dije que lo quería, con un vasto silencio amoroso y tranquilo. ¡Qué regalo tan padre de Dios Padre! ¿No creen? Agradezco infinitamente haber tenido esa oportunidad, pues esa fue la última vez que lo vi con vida. Siete días después, me avisarían que mi padre estaba muerto.

Hay padres que son amigos, otros que son patrones, jefes, los hay policías y hasta militares; los que pudieron, nos educaron como pudieron y dieron hasta donde pudieron, aquí hay de todo menos perfección; pero el común denominador de ser padre es ser fuente inagotable de amor. Pues todos quienes tomamos la decisión consciente de ser padres invariablemente nos equivocamos, pero de lo que estoy seguro es que siempre, siempre, todo lo que hacemos, lo hacemos por amor. Es infalible, un hombre que se reconoce como padre, ama a sus hijos no importa qué, los ama y los seguirá amando a pesar de y con todo lo que sea… siempre. Se trata de amor incondicional, puro y total.

Y así es, cuando, quizá con la luz que nos da ese gran amor, alcancemos a ver más lejos y nos encontremos reflejados en nuestros padres a través de nuestros hijos; y otro milagro ocurra, veamos nacer un nuevo amor, nos encontremos a nosotros mismos amando y reconociendo a nuestro padre más que nunca, más íntegramente que nunca, y ahora como hijos tomemos la oportunidad de amar incondicionalmente a nuestros padres.

Este día de los padres, sirva para recordar a los hijos que los papás tampoco somos patitos de hule, tenemos sentimientos y para nosotros la papa, no es una canasta con finos licores, pastel, globos con mensajes, relojes, ropa de marca, ni mucho menos otra corbata para la colección.

El autor es contador público certificado, especialista en materia fiscal, consultor de rentabilidad, miembro por más de 35 años del ICPNL, ex catedrático de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

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