Monterrey

Norma Cerros: Somos las que estábamos esperando

En las elecciones intermedias, 6 mujeres han sido electas simultáneamente como gobernadoras.

A una semana de las elecciones intermedias, hoy se cuenta como un avance histórico que 6 mujeres hayan sido electas simultáneamente como gobernadoras y que en 146 de los 300 distritos electorales federales hayan sido electas mujeres.

Esto ha sido un logro inmenso, sin duda, pero la paridad en el Congreso federal no ha vivido para cumplir su promesa de cerrar la brecha de género que existe en el país. Hoy México ocupa el 5º lugar mundial en representación de mujeres en el Congreso, pero esto no ha significado un contrapeso efectivo ante un Ejecutivo que quita guarderías, apoya públicamente a un candidato acusado de violación –en un país donde diariamente mueren 11 mujeres víctimas de feminicidio–, y permite que las mujeres en su propia administración ganen 26% menos que los hombres.

Paridad de género no es lo mismo que igualdad de género. No basta con que una mujer nos represente en el congreso para que nuestros intereses sean priorizados en su narrativa, sino que es necesario voltear a ver quiénes son esas representantes, con quiénes tienen compromisos y a quiénes le rinden sus lealtades.

Esto me quedó por demás claro cuando acudí al Senado en abril de 2019 a presentar una iniciativa de reforma a leyes federales que prohíbe a los patrones el preguntar sobre el historial salarial de las personas al concursar por una vacante, con el fin de dejar de perpetuar la desigualdad salarial.

Luego de buscar el canal adecuado, la Senadora Indira Kempis nos ofreció ser el conducto para presentar nuestra iniciativa y el motivo de mi visita era el de subir a tribuna con ella, a presentar nuestra propuesta ante el Pleno del Senado. Estando ahí, Xóchitl Gálvez, tan clara como ella sola, me dijo: “Si vienes para la foto, adelante, pero no va a pasar nada si no tienes a Malú a bordo”. Nunca había cabildeado una iniciativa, como pude me planté ante la oficina de Malú Mícher quién, luego de dos horas accedió a encontrarme, solo para decirme: “Tu ya presentaste la iniciativa con Indira, yo no te voy a ayudar”. Traté de explicarle las bondades de la iniciativa propuesta, pero nada de eso le interesó a la presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género del Senado, una mujer que había prometido representar los intereses de las mujeres, antes que nada.

¿Qué tenemos que hacer para tener representantes que efectivamente incluyan las experiencias de todas las mujeres en su propia narrativa y que su primera lealtad sea hacia las mujeres y sus derechos?

¿Qué tenemos que hacer para tener representantes de la talla de Halla Tómasdóttir en Islandia, Jacinda Ardern en Nueva Zelanda, o Alexandria Ocasio-Cortez en los Estados Unidos?

Está claro que necesitamos elegir mejor a nuestras representantes, hacer la tarea de revisar su trayectoria y compromiso con las mujeres, pero también impulsar y preparar la línea de sucesión para cuando no existe quien represente nuestros intereses. Tenemos que construir intencionalmente a esas candidatas y brindarles el acompañamiento necesario para que puedan superar un sistema que nos incentiva a competir por el único pedazo de pastel que hay para nosotras, y empezar a colaborar para hacer un pastel mucho más grande.

Pero como dice Stacey Abrams, la artífice del cambio político a favor de Biden en Georgia, nuestra responsabilidad no termina al elegir a mejores representantes, sino que también debemos exigir que nos rindan cuentas, particularmente a las 146 legisladoras electas pues, aunque no es garantía, es mucho más probable que sean ellas las que puedan escucharnos.

Tener representantes que velen por los derechos de las mujeres no solo es posible, sino que a nadie le puede importar más que a nosotras.

Nadie va a venir a rescatarnos.

Nosotras somos esas a quiénes estábamos esperando.

La autora es abogada y Directora de Womerang, A.C.

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